PARTE 2: ELLA ERA LA VERDADERA PRESIDENTA

…ya no tenía ninguna razón para seguir escondiéndose.

El chófer abrió la puerta trasera del Rolls-Royce.

—Presidenta Lâm, ¿vamos directamente a la sede?

Lâm Vãn entró en el vehículo.

—Sí.

La puerta se cerró.

El ruido de la lluvia quedó aislado al instante.

Dentro del automóvil reinaba un silencio absoluto.

Lâm Vãn apoyó la cabeza contra el respaldo.

Durante tres años había viajado en metro.

Había comprado verduras en mercados baratos.

Había cocinado personalmente para Cố Trầm Chu.

Incluso había aprendido a reparar botones de camisa porque una vez él comentó casualmente que no le gustaba llevar su ropa a una lavandería.

Todos aquellos detalles que había considerado amor…

ahora parecían absurdos.

El chófer la observó discretamente por el espejo retrovisor.

—Señora…

Lâm Vãn levantó los ojos.

Él corrigió inmediatamente:

—Presidenta Lâm.

Ella sonrió ligeramente.

—Habla.

—El presidente del consejo preguntó si todavía desea conservar la inversión estratégica en el Grupo Cố.

Lâm Vãn guardó silencio.

Aquella inversión.

Cien mil millones de yuanes.

Era el capital que la sede central había aprobado para respaldar la salida a bolsa del Grupo Cố.

El acuerdo todavía no se había hecho público.

Cố Trầm Chu solo sabía que un misterioso consorcio extranjero estaba dispuesto a entrar como inversor principal.

Llevaba semanas celebrándolo.

Incluso había dicho delante de ella:

—Cuando esta inversión llegue, el Grupo Cố entrará realmente en otra categoría.

Ella, en aquel momento, estaba sirviéndole té.

Solo había respondido:

—Eso es bueno.

Él jamás había imaginado que la persona que debía dar la aprobación final estaba sentada frente a él.

Su esposa.

O mejor dicho…

su exesposa.

Lâm Vãn cerró los ojos.

—Retírala.

El chófer se quedó rígido.

—¿Toda?

—Toda.

—Son cien mil millones.

—Lo sé.

Su tono no cambió.

—Cancela la inversión en el Grupo Cố.

—Notifica al consejo que el riesgo estratégico ha sido reevaluado.

El chófer tragó saliva.

—Entendido.

Lâm Vãn abrió los ojos.

Ya no quedaba ninguna duda en ellos.

—Y otra cosa.

—Dígame.

—La fusión europea puede aprobarse.

—¿La operación completa?

—Sí.

—Entonces el capital que estaba reservado para el Grupo Cố…

—Transfiérelo al proyecto europeo.

El chófer respondió inmediatamente:

—Lo comunicaré ahora mismo.

Mientras tanto, dentro de la mansión de la familia Cố, la madre de Cố todavía estaba furiosa.

—¡Qué mujer tan desagradecida!

Recogió la tarjeta bancaria de la mesa.

—Cinco millones y todavía se atreve a despreciarlos.

Cố Trầm Chu permanecía frente a la ventana.

Observaba cómo las luces traseras del Rolls-Royce desaparecían bajo la lluvia.

Algo le resultaba extraño.

—Mamá.

—¿Qué?

—¿Sabes de quién era ese coche?

—¿Qué coche?

—El que vino a recogerla.

La señora Cố hizo un gesto de desprecio.

—Seguro que lo alquiló para aparentar.

Cố Trầm Chu no respondió.

Aquella matrícula…

le parecía familiar.

Antes de que pudiera recordar dónde la había visto, sonó su teléfono.

Era su asistente.

—Presidente Cố.

La voz al otro lado estaba extrañamente nerviosa.

—Tenemos un problema.

Cố Trầm Chu frunció el ceño.

—Habla.

—El Consorcio Lâm ha cancelado la reunión de firma de mañana.

Su expresión cambió.

—¿Qué?

—Acabamos de recibir la notificación oficial.

—¿Motivo?

—Reevaluación estratégica.

Cố Trầm Chu apretó el teléfono.

—Eso es imposible.

Hacía menos de veinticuatro horas, todo estaba confirmado.

Los documentos.

El equipo jurídico.

Los representantes de ambas partes.

Incluso la rueda de prensa preliminar estaba preparada.

—Contacta inmediatamente con su responsable regional.

—Ya lo hicimos.

—¿Y?

El asistente tragó saliva.

—Dijo que la orden vino directamente de la máxima dirección.

Cố Trầm Chu sintió un mal presentimiento.

—¿Quién tomó la decisión?

—No quiso decirlo.

La llamada terminó.

La madre de Cố se acercó.

—¿Qué ha pasado?

—Nada.

Pero su rostro decía lo contrario.

Diez minutos después llegó otra llamada.

Luego otra.

Después una tercera.

La retirada de aquella inversión provocó un efecto dominó.

Dos fondos que estaban esperando la entrada del Consorcio Lâm comenzaron a reconsiderar sus posiciones.

Un banco pidió garantías adicionales.

Varios accionistas minoritarios exigieron una explicación.

La salida a bolsa, que parecía segura aquella mañana, comenzó a tambalearse.

La madre de Cố se puso pálida.

—¿Cómo puede pasar algo así de repente?

Cố Trầm Chu no respondió.

Entonces Bạch Uyển Nhu entró en la sala.

Llevaba un elegante abrigo blanco y una sonrisa suave.

—Trầm Chu.

Al verlo, su expresión cambió.

—¿Qué ocurre?

Él respiró profundamente.

—El principal inversor se retiró.

—¿El Consorcio Lâm?

—Sí.

Bạch Uyển Nhu se quedó inmóvil.

—Pero mañana íbamos a firmar.

—Lo sé.

Ella se sentó lentamente.

—¿Se puede negociar?

—Lo intentaré.

La madre de Cố recuperó inmediatamente la esperanza.

—Uyển Nhu, tu familia tiene contactos internacionales. Quizá puedas ayudar.

Bạch Uyển Nhu dudó.

—Puedo preguntarle a mi padre.

Aquella frase tranquilizó un poco a todos.

Cố Trầm Chu, sin embargo, seguía mirando hacia la puerta.

No sabía por qué…

pero no podía dejar de pensar en Lâm Vãn subiéndose a aquel Rolls-Royce.

Dos horas después.

El vehículo se detuvo frente a un rascacielos de más de sesenta plantas.

En la fachada brillaban cuatro letras:

LÂM GLOBAL.

Decenas de altos ejecutivos esperaban en el vestíbulo.

En cuanto Lâm Vãn entró…

todos se pusieron de pie.

—Presidenta Lâm.

Ella caminó entre ellos sin detenerse.

El delantal sencillo que todavía llevaba doblado dentro de su bolso parecía pertenecer a otra vida.

El ascensor privado subió directamente al último piso.

Las puertas se abrieron.

Una sala de juntas enorme apareció frente a ella.

Más de veinte personas estaban esperando.

En la pantalla principal se mostraba un mapa de Europa y varias cifras.

En cuanto entró, todos se levantaron.

Un hombre de cabello canoso sonrió.

—Por fin decidió regresar.

Lâm Vãn tomó asiento en la cabecera.

—Empecemos.

Nadie volvió a mencionar su ausencia de tres años.

Porque todos sabían por qué se había marchado.

Por amor.

Y también sabían que, si había regresado…

ese amor probablemente había terminado.

El director financiero abrió el informe.

—Sobre la inversión de cien mil millones en el Grupo Cố…

—Cancelada.

Todos levantaron la vista.

Lâm Vãn añadió:

—No quiero que se vuelva a presentar esa empresa en ninguna reunión de inversión sin una evaluación completamente nueva.

El director financiero asintió.

—Entendido.

—¿Y el proyecto europeo?

—Aprobado.

La reunión continuó durante casi tres horas.

Cuando terminó, Lâm Vãn salió de la sala sintiendo algo que no había sentido en mucho tiempo.

Claridad.

Su asistente personal se acercó.

—Presidenta Lâm, hay alguien intentando contactar repetidamente con la oficina.

—¿Quién?

—El presidente del Grupo Cố.

Los pasos de Lâm Vãn no se detuvieron.

—Recházalo.

—Ya lo hemos hecho tres veces.

—Entonces una cuarta no debería ser difícil.

El asistente ocultó una sonrisa.

—Entendido.

Al día siguiente, Cố Trầm Chu llegó personalmente a la sede regional de Lâm Global.

Había esperado más de una hora cuando finalmente apareció un director de inversiones.

—Presidente Cố.

—Necesito saber por qué cancelaron el acuerdo.

—La dirección reevaluó el proyecto.

—Quiero hablar con quien tomó la decisión.

El director guardó silencio.

—No es posible.

—La inversión era de cien mil millones. No pueden cancelarla sin dar una explicación seria.

El hombre lo observó.

—Señor Cố, el capital pertenece a nuestro grupo. Naturalmente, podemos decidir dónde invertirlo.

La mandíbula de Cố Trầm Chu se tensó.

—Al menos dígame qué cambió.

El director respondió con absoluta calma:

—La confianza.

Dos palabras.

Nada más.

Cố Trầm Chu salió del edificio con el rostro sombrío.

Justo cuando llegaba al vestíbulo, varias personas entraron por la puerta principal.

Los empleados se apartaron inmediatamente.

—Presidenta Lâm.

Cố Trầm Chu levantó la cabeza.

Se quedó completamente inmóvil.

Lâm Vãn caminaba en el centro del grupo.

Traje oscuro.

Cabello recogido.

Tacones firmes.

A su alrededor había directores que él había intentado conocer durante meses.

Y todos mantenían medio paso de distancia detrás de ella.

Como subordinados.

Cố Trầm Chu creyó que estaba viendo mal.

—Lâm Vãn…

Ella se detuvo.

Lo miró.

Sin sorpresa.

—Señor Cố.

Aquella forma de dirigirse a él hizo que algo se hundiera en su pecho.

—¿Qué haces aquí?

El director que lo había atendido antes frunció el ceño.

—Presidente Cố, está hablando con nuestra presidenta.

Silencio.

Cố Trầm Chu giró lentamente la cabeza.

—¿Qué has dicho?

—La señora Lâm es la presidenta ejecutiva de Lâm Global.

Por primera vez en muchos años, Cố Trầm Chu se quedó sin palabras.

Miró a Lâm Vãn.

Después a los ejecutivos.

Luego volvió a mirarla.

—Tú…

—¿Yo qué?

—¿Lâm Global es tuyo?

Ella sonrió ligeramente.

—No exactamente.

Hizo una pausa.

—Pero tengo suficiente autoridad para decidir dónde van cien mil millones de yuanes.

El rostro de Cố Trầm Chu perdió todo color.

Finalmente lo entendió.

—La inversión…

—La cancelé yo.

Aquellas cuatro palabras parecieron dejarlo sin aire.

—¿Por el divorcio?

—No.

La respuesta fue inmediata.

—Por riesgo.

—¡Lâm Vãn!

—Señor Cố.

Su voz se volvió fría.

—Controle su tono.

Los guardias de seguridad dieron discretamente un paso hacia delante.

Cố Trầm Chu los vio.

También vio algo mucho más doloroso.

Ella ya no era la mujer que esperaba cada noche en casa con la cena preparada.

No necesitaba su protección.

No necesitaba su apellido.

Ni siquiera necesitaba sus cinco millones.

—¿Por qué nunca me dijiste quién eras?

preguntó finalmente.

Lâm Vãn lo observó durante varios segundos.

—Porque quería saber si alguien podía amarme cuando yo no llevaba nada en las manos.

—Yo te amaba.

Ella sonrió.

—No.

—¡Sí!

—Amabas a la mujer que cocinaba para ti, cuidaba tu casa y nunca discutía tus decisiones.

Su voz permaneció tranquila.

—Pero cuando pensaste que Bạch Uyển Nhu podía serte más útil, me entregaste un acuerdo de divorcio exactamente el día de nuestro aniversario.

Cố Trầm Chu abrió la boca.

No pudo responder.

Ella continuó:

—No perdiste a una presidenta.

—Perdiste a tu esposa.

Eso fue peor.

Mucho peor.

Dos semanas después, la salida a bolsa del Grupo Cố fue suspendida.

No porque Lâm Vãn hubiera ordenado destruirlo.

No necesitó hacerlo.

Simplemente retiró el capital que era suyo.

Sin aquel respaldo, aparecieron todos los problemas que habían permanecido ocultos bajo la expectativa de los cien mil millones.

Cố Trầm Chu comenzó a buscar nuevos inversores.

Bạch Uyển Nhu intentó utilizar los contactos de su familia.

Pero las condiciones que recibieron fueron mucho peores.

La primera vez que ella vio los números reales del Grupo Cố, perdió la sonrisa.

—Trầm Chu, mi padre dice que el riesgo es demasiado alto.

Él levantó la cabeza.

—¿No dijiste que ayudarías?

—Ayudar no significa arriesgar toda nuestra familia.

Aquella frase le resultó extrañamente familiar.

Durante los siguientes meses, Cố Trầm Chu comprendió algo que quizá debería haber comprendido años antes.

Cuando él no tenía nada…

la mujer que se había quedado a su lado había sido Lâm Vãn.

Cuando comenzó a tenerlo todo…

había creído que podía reemplazarla.

Un día, reunió valor y fue a buscarla.

Esta vez no acudió a Lâm Global.

Fue a la antigua mansión de la familia Lâm.

Solo el terreno valía varias veces más que la casa de la familia Cố.

Cuando Lâm Vãn salió, lo encontró esperando junto a la puerta.

—¿Qué quieres?

Cố Trầm Chu parecía cansado.

—Hablar.

—Habla.

—Me equivoqué.

Ella guardó silencio.

—No sabía nada.

—Eso no es una disculpa.

—Lo sé.

Bajó la cabeza.

—Pensé que tú me necesitabas más de lo que yo te necesitaba a ti.

Lâm Vãn sonrió ligeramente.

—En eso sí tienes razón.

Él levantó la cabeza.

—¿Qué?

—Yo te necesitaba.

Sus ojos se iluminaron.

Pero ella continuó:

—Por eso permanecí tres años escondiendo todo lo que era.

La luz desapareció de sus ojos.

—Te necesitaba tanto que me hice pequeña para caber en tu vida.

Lo miró con tranquilidad.

—Ese fue mi error.

—Podemos empezar de nuevo.

—No.

—Lâm Vãn…

—Cố Trầm Chu.

Ella negó lentamente.

—Una persona puede arrepentirse después de tirar algo valioso.

Eso no significa que merezca recuperarlo.

Él permaneció inmóvil.

—¿De verdad no queda ninguna posibilidad?

—No.

Esta vez ella no dudó.

Cố Trầm Chu cerró los ojos.

Finalmente asintió.

—Entiendo.

Se marchó.

Lâm Vãn lo observó alejarse.

No sintió satisfacción.

Tampoco odio.

Solo paz.

Meses después, durante una reunión internacional, el director financiero le entregó un nuevo informe.

—Presidenta Lâm, el proyecto europeo ha superado las expectativas.

—¿Rentabilidad?

Él le mostró las cifras.

Lâm Vãn sonrió.

Aquel capital que había retirado del Grupo Cố no solo se había preservado.

Había generado un rendimiento extraordinario.

El director financiero bromeó:

—Parece que retirar esos cien mil millones fue una excelente decisión.

Lâm Vãn cerró el informe.

Miró por los enormes ventanales.

La ciudad brillaba bajo sus pies.

—No.

—¿No?

Ella sonrió.

—La mejor decisión fue firmar aquel divorcio.

Tres años antes había dejado su apellido, su posición y su mundo entero detrás de sí para convertirse en la señora Cố.

Había pensado que amar significaba acompañar a alguien desde la pobreza hasta el éxito.

Después comprendió que eso solo era amor cuando la otra persona también sabía mirar hacia atrás y reconocer quién había caminado a su lado.

Cố Trầm Chu nunca lo hizo.

Hasta que ella dejó de caminar con él.

Lâm Vãn tomó el bolígrafo y firmó el siguiente proyecto.

La firma era firme.

Segura.

Completamente distinta de aquella que había estampado sobre el acuerdo de divorcio bajo una noche de lluvia.

Aunque, pensándolo bien…

quizá aquella había sido la firma más importante de toda su vida.

Porque el día que Cố Trầm Chu decidió devolverle el puesto de esposa a su primer amor…

Lâm Vãn simplemente recuperó algo mucho más grande.

Su nombre.

Su poder.

Y la vida que había dejado atrás por un hombre que jamás supo cuánto valía la mujer que tenía a su lado.

Related Posts

PARTE 2: LO QUE MAYA VIO

—Papá, por favor no mires. La voz de Maya era apenas un susurro. Seguí la dirección de sus ojos. La piscina. Debajo del agua verdosa distinguí varias…

PARTE 2: LA ÚLTIMA ORDEN

Cuando llegué a la mansión Blake, la ceremonia ya había comenzado. Tres generaciones de militares ocupaban el gran salón. Generales retirados. Oficiales en activo. Mi padre estaba…

PARTE 2: DEMASIADO TARDE

Cuando Sebastian comprendió que yo no iba a aparecer, llevaba cuarenta minutos esperándome frente a trescientos invitados. Su madre fue la primera en perder la paciencia. —Seguro…

PARTE 2: LA VERDADERA DUEÑA

A las nueve menos cinco entré en la sala de juntas de Aurora Furniture. Ethan ya estaba sentado en la cabecera. Ava ocupaba la silla a su…

PARTE 2: MI VERDADERO APELLIDO

A las ocho de la noche, una fila de autos de lujo rodeaba la entrada del Grand Pinnacle. Spencer llegó primero con Cassandra del brazo. Ella llevaba…

PARTE 2: LA SEGUNDA TRAICIÓN

Llegué al despacho de mi abogado veinte minutos después. Daniel no me ofreció café. Ni siquiera me pidió que me sentara. Simplemente giró su computadora hacia mí….

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *