PARTE 2: EL LUNAR QUE LO CAMBIÓ TODO

—¡Mira qué escándalo estás haciendo! —gritó la señora Tống, señalando a la bebé—. ¡Igual que tu madre!

Sentí que la sangre me hervía.

Di un paso hacia ella, pero Tống Dữu Ninh fue más rápida.

—Mamá, déjala. Es solo una recién nacida.

Lo dijo con aparente calma, aunque sus ojos se clavaron en mí con una advertencia silenciosa.

Yo no respondí.

Porque en ese momento vi algo que me devolvió la claridad.

Detrás de la pequeña oreja de la niña apareció aquel diminuto lunar rojo.

Mi Ức Ninh.

No había ninguna duda.

Apreté los puños.

Podían cambiarle la manta, el pañal, la pulsera e incluso inventarle otra identidad.

Pero una madre reconocía a su hija.

Y yo iba a recuperarla.

Aquella tarde, una enfermera entró para anunciar que llevarían a los recién nacidos al baño.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

Era la oportunidad que había esperado.

Tống Dữu Ninh se levantó inmediatamente.

—Yo llevaré a mi hija.

Cố Từ Viễn la miró con ternura.

—Acabas de dar a luz. Descansa. Yo iré contigo.

Casi me reí.

¿Su hija?

¿Desde cuándo la niña de otro hombre se había convertido en su hija?

Me acerqué a ellos.

—Yo también voy.

Cố Từ Viễn frunció el ceño.

—¿Para qué?

Lo miré directamente.

—Porque también soy madre.

Por un instante, su expresión cambió.

Tống Dữu Ninh me observó con cautela.

Tal vez había empezado a sospechar.

En el pasillo, mientras las enfermeras comprobaban los datos de los bebés, aproveché un instante de confusión para acercarme a Ức Ninh.

Levanté discretamente el borde de su gorrito.

El lunar seguía allí.

Sentí que se me humedecían los ojos.

—Mamá está aquí —susurré—. Esta vez nadie volverá a quitarte de mi lado.

Pero cuando extendí los brazos, una voz sonó detrás de mí.

—¿Qué estás haciendo?

Me giré.

Cố Từ Viễn estaba allí.

Tống Dữu Ninh, detrás de él, había palidecido.

Miré a mi esposo durante unos segundos.

Entonces comprendí algo.

¿Por qué debía seguir fingiendo?

¿Por qué tenía que proteger el secreto de dos personas que habían intentado robarle la identidad a mi hija?

Tomé a Ức Ninh en brazos.

—Estoy recuperando a mi hija.

El rostro de Cố Từ Viễn cambió por completo.

—¿Qué tonterías estás diciendo?

Sonreí con frialdad.

—¿Tonterías?

Aparté suavemente el cabello junto a la oreja de la bebé.

—Mi hija tiene un lunar rojo aquí desde que nació.

Tống Dữu Ninh retrocedió.

Cố Từ Viễn se quedó inmóvil.

Su silencio fue suficiente.

Él lo sabía.

—Así que sí lo sabías —dije.

—Ngôn Tâm, escúchame…

—No.

Por primera vez, no quería escuchar ninguna de sus explicaciones.

Abracé a Ức Ninh contra mi pecho.

—Intentaste cambiar a nuestras hijas para darle a Tống Dữu Ninh la familia que nunca pudiste darle.

Su rostro perdió el color.

—Yo solo quería…

—¿Querías qué? ¿Que yo criara a la hija de ella mientras mi propia hija crecía creyendo que otra mujer era su madre?

Varias personas comenzaron a mirar hacia nosotros.

Tống Dữu Ninh bajó la voz.

—Ngôn Tâm, no hagas una escena aquí.

La miré.

—¿Tienes miedo?

Sus labios temblaron.

Entonces sonreí.

—Todavía no deberías tenerlo.

Saqué mi teléfono.

Durante toda la mañana había permanecido dentro de mi bolso.

Grabando.

La voz de Cố Từ Viễn prometiéndole convertirse en padre de Tiểu Bảo.

Sus planes.

Sus confesiones.

Todo.

Cố Từ Viễn abrió los ojos.

—¿Me grabaste?

—No.

Acaricié suavemente la espalda de mi hija.

—Grabé la verdad.

Tống Dữu Ninh corrió hacia mí.

—¡Bórralo!

Retrocedí.

—No me toques.

Las enfermeras comenzaron a acercarse al escuchar la discusión.

Cố Từ Viễn intentó bajar la voz.

—Ngôn Tâm, volvamos a la habitación. Podemos solucionarlo en privado.

Lo miré y sentí algo sorprendente.

Ya no dolía.

El hombre al que había amado parecía ahora un completo desconocido.

—No hay nada que solucionar.

—¿Qué quieres decir?

—Quiero decir que se acabó.

Su expresión se congeló.

—¿Vas a divorciarte de mí por esto?

Solté una risa breve.

—No.

Hice una pausa.

—Voy a divorciarme de ti porque intentaste convertir a nuestra hija en una extraña dentro de su propia familia.

Cố Từ Viễn se quedó sin palabras.

Tống Dữu Ninh comenzó a llorar.

—Từ Viễn, yo nunca quise destruir vuestra familia…

Esta vez él no corrió inmediatamente a consolarla.

Porque todos estaban mirando.

Porque la mentira ya no estaba escondida detrás de una puerta cerrada.

Me marché con Ức Ninh entre mis brazos.

Sin embargo, apenas había avanzado unos pasos cuando una enfermera salió apresuradamente de la habitación.

—Señora Kiều, espere.

Me detuve.

La mujer sostenía dos documentos.

Su expresión era extraña.

—Mientras verificábamos las pulseras encontramos una irregularidad. Necesitamos confirmar oficialmente la identidad de las dos bebés.

Cố Từ Viễn palideció.

Tống Dữu Ninh dejó de llorar.

La enfermera continuó:

—Y debido a la gravedad de la situación, el hospital ha informado a la administración.

Miré a mi esposo.

Esta vez fue él quien comenzó a temblar.

Yo solo abracé con más fuerza a Ức Ninh.

Habían pensado que podían cambiar dos mantas y decidir el destino de dos niñas.

Pero acababan de cometer un error.

Habían dejado pruebas.

Y aquella noche, Cố Từ Viễn descubriría que perderme a mí no era la peor consecuencia de lo que había hecho.

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