Me quedé paralizada.
—¿Papá?
Richard Ward se levantó lentamente del sillón.
Diecisiete años atrás me habían dicho que había muerto en un accidente aéreo.
Marcus apareció detrás de mí.
—Elena, puedo explicarlo.
Miré a mi esposo.
Luego a su madre.
Y finalmente a Sophie.
Todos sabían algo.
Menos yo.
Mi padre habló primero.
—Marcus descubrió hace meses que seguía vivo.
Sentí que me faltaba el aire.
Richard explicó que su muerte había sido fingida después de descubrir un fraude cometido por antiguos socios. Había permanecido oculto mientras reunía pruebas.
Pero Marcus lo encontró.
Y en lugar de decírmelo, intentó negociar con él.
—Quería controlar ApexNova después del divorcio —dijo Richard—. Me ofreció devolverte una parte de la compañía si yo respaldaba su versión ante el consejo.
Marcus perdió el control.
—¡Yo construí esa empresa durante doce años!
Lo miré.
—Trabajaste en ella. No es lo mismo.
Su madre intervino.
—Elena, piensa bien. Marcus posee el 42%. No puedes simplemente expulsarlo.
Sonreí.
—Yo no.
Saqué el teléfono.
—Pero el nuevo accionista mayoritario sí.
Marcus frunció el ceño.
—¿Qué nuevo accionista?
Mi padre dejó una carpeta sobre la mesa.
—Yo.
El silencio fue absoluto.
Marcus palideció.
—No…
—Anoche —continuó Richard— compré el 58% de Elena.
Sophie retrocedió.
Marcus me miró como si acabara de comprender que todo su plan había muerto antes de empezar.
—Vendiste ApexNova.
—Mi parte.
—¡Sin consultarme!
—Curioso. Tú preparaste nuestro divorcio sin consultarme.
Richard abrió la carpeta.
—Y mañana habrá reunión extraordinaria del consejo. También recibimos la investigación preliminar sobre gastos corporativos utilizados para beneficiar personalmente a Sophie Lane.
Sophie comenzó a llorar.
Esta vez Marcus no la defendió.
Solo me miró.
—Elena… podemos arreglarlo.
Me quité el anillo.
Lo dejé sobre la mesa.
—Eso intentaste hacer tú.
Hice una pausa.
—Solo que yo llegué primero.
A la mañana siguiente, Marcus entró en ApexNova todavía creyéndose director ejecutivo.

Una hora después salió sin despacho, sin autoridad y acompañado por dos abogados.
Él había preparado durante meses la forma perfecta de quedarse con mi vida.
Su único error fue olvidar quién la había construido.