PARTE 2: EL PADRE QUE VOLVIÓ

Me levanté de inmediato.

La niña corrió hacia mí y me abrazó por la cintura.

Adrian quedó inmóvil.

—¿Ella es tu hija?

Asentí.

La pequeña levantó las manos y volvió a hacer señas.

“Papá está aquí.”

Miré hacia el automóvil.

Un hombre bajó bajo la lluvia.

Alto. Abrigo oscuro. Rostro serio.

Adrian lo reconoció antes que yo pudiera explicar nada.

—Ethan?

El hombre se detuvo.

Ethan Blake.

El antiguo mejor amigo de Adrian.

El mismo hombre que desapareció de nuestras vidas poco antes del incendio.

Adrian se puso de pie de golpe.

—¿Qué haces aquí?

Ethan ignoró la pregunta.

Se acercó a la niña, se agachó y le hizo una seña perfecta.

“Perdón por tardar.”

Mi hija sonrió.

Adrian miró sus manos.

Luego las mías.

Y finalmente a la niña.

—No entiendo.

Ethan se levantó.

—Eso nunca fue tu especialidad.

Adrian apretó la mandíbula.

—¿Es hija tuya?

Ethan miró hacia mí.

Yo asentí.

—Sí —respondió.

Adrian retrocedió.

—Pero Elena no podía tener hijos.

Ethan soltó una risa amarga.

—Eso fue lo que te dijeron.

El rostro de Adrian cambió.

—¿Qué significa eso?

Saqué mi teléfono.

Escribí:

“Después del incendio, los médicos dijeron que el daño era grave, pero nunca que fuera imposible.”

Le mostré la pantalla.

Adrian leyó dos veces.

—Entonces…

Ethan terminó la frase.

—Tu culpa no fue que Elena nunca pudiera ser madre.

Hizo una pausa.

—Fue que la dejaste sola cuando más te necesitaba.

Adrian palideció.

La lluvia empapaba su cabello, pero parecía no notarlo.

—Ethan, tú desapareciste.

—Porque fui yo quien la encontró aquella noche.

Silencio.

Adrian levantó la mirada.

Ethan continuó.

—Tú estabas hablando con Claire mientras la casa ardía.

Adrian cerró los ojos.

—No sabía…

—Exactamente.

Ethan apretó la mandíbula.

—Nunca sabías nada porque siempre estabas mirando hacia otro lado.

Mi hija se aferró a mi mano.

Adrian la observó.

—¿Cómo se llama?

Escribí:

“Lily.”

—¿Cuántos años tiene?

—Cinco —respondió Ethan.

Adrian hizo cuentas mentalmente.

Su expresión se endureció.

—Entonces ustedes…

Ethan negó.

—No empieces.

Me miró.

—Elena y yo estuvimos años sin vernos después de su recuperación.

Después bajó la voz.

—Volvimos a encontrarnos cuando ella ya había reconstruido su vida.

Adrian miró el peluche.

Luego a Lily.

Finalmente a mí.

—¿Eres feliz?

La pregunta me sorprendió.

Miré a mi hija.

Después a Ethan.

Asentí.

Adrian sonrió con tristeza.

—Entiendo.

Pero entonces Lily abrió su libreta.

Sacó una fotografía vieja.

En ella aparecíamos Adrian y yo, años atrás.

Antes del incendio.

Antes del divorcio.

Adrian se quedó helado.

—¿Por qué tiene eso?

Ethan me miró.

Yo tampoco lo sabía.

Lily señaló a Adrian.

Luego hizo una seña.

“Este hombre aparece en mis sueños.”

Sentí un escalofrío.

Adrian no entendió.

Pero Ethan sí.

Su rostro cambió.

—Elena…

Lily abrió otra página.

Había dibujado una casa en llamas.

Tres figuras frente a ella.

Yo.

Adrian.

Y alguien más observándonos desde una ventana.

Debajo había escrito una sola palabra:

CLAIRE.

Miré a Ethan.

Él se puso pálido.

Porque Lily nunca había conocido a Claire.

Y jamás le habíamos contado lo que realmente ocurrió aquella noche.

Entonces entendí que el incendio quizá no había sido un accidente.

Y Adrian también estaba a punto de descubrirlo.

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