Adrian se quedó inmóvil en la puerta.
—¿Elena?
Yo también lo miré.
Durante tres horas había imaginado muchas formas de volver a verlo.
Ninguna incluía estar al lado de su abuela.
La señora Gray levantó una ceja.
—¿Ustedes se conocen?
Adrian entró lentamente.
—Trabajaba para mí.
—Trabajaba —repetí.
Su abuela frunció el ceño.
—¿La despediste?
Adrian guardó silencio.
La anciana entendió enseguida.
—¿Por qué?
Yo aparté la mirada.
—No importa.
—Claro que importa —dijo ella.
Después señaló el recibo sobre la mesa.
—Esta joven pidió prestados ochenta mil yuanes para pagar mi cirugía porque nadie de mi familia aparecía.
Adrian miró el documento.
Su expresión cambió.
—¿Ella pagó esto?
—Sí.
La señora Gray soltó una risa fría.
—Y tú la despediste el mismo día.
Adrian me miró.
Por primera vez no había desprecio en sus ojos.
Había incomodidad.
—Pensé que el recibo era falso.
—Lo rompiste delante de doscientas personas.
—Lo sé.
—Me llamaste incompetente.
—Elena…
—Y ni siquiera revisaste quién había hecho realmente el proyecto de Pearl Plaza.
Eso lo hizo detenerse.
—¿Qué quieres decir?
Saqué el teléfono.
Todavía tenía los archivos originales.
Fechas.
Versiones.
Comentarios.
Historial.
Todo.
Adrian empezó a leer.
Su rostro se endureció.
—¿Vivian presentó esto como suyo?
—Sí.
—¿Margaret lo sabía?
—También.
La señora Gray observó a su nieto.
—Parece que tu empresa está llena de gente muy lista para engañarte.
Adrian no respondió.
Marcó un número.
—Quiero una auditoría interna inmediata de todos los proyectos presentados por Vivian Shaw durante el último año.
Hizo una pausa.
—Y suspendan a Margaret Lane hasta nuevo aviso.
Colgó.
Yo recogí mi bolso.
—Eso ya no tiene nada que ver conmigo.
Adrian bloqueó mi camino.
—Vuelve a Foster.
Lo miré.
—No.
Pareció sorprendido.
—Te ofrezco recuperar tu puesto.
—No quiero mi puesto.
—Entonces dime qué quieres.
La señora Gray sonrió desde la cama.
—Creo que primero podrías aprender a pedir perdón.
Adrian apretó la mandíbula.
—Elena, me equivoqué.
—Sí.
—Y voy a corregirlo.
—No todo puede corregirse.
Lo aparté y caminé hacia la puerta.
Antes de salir, la señora Gray me llamó.
—Niña.
Me giré.
—Mi oferta sigue en pie.
Adrian frunció el ceño.
—¿Qué oferta?
Ella sonrió.
—Le dije que podría presentarle a mi nieto.
Yo cerré los ojos.
Adrian me miró.
Después a su abuela.
—Abuela.
—¿Qué?
Ella señaló hacia mí.
—Tiene corazón, carácter y más sentido común que la mitad de tu junta directiva.
Luego añadió:
—Y te prestó ochenta mil yuanes sin saber quién eras.
Adrian parecía querer desaparecer.
Yo salí antes de que aquella conversación empeorara.
Pero al llegar al ascensor, mi teléfono vibró.
Era un correo del Grupo Foster.
ASUNTO: AUDITORÍA URGENTE.
Lo abrí.
Había una lista de proyectos sospechosos.
Uno de ellos tenía mi nombre.
Y debajo aparecía una transferencia de quinientos mil yuanes que yo jamás había recibido.
Me quedé helada.

Porque alguien no solo había robado mi trabajo.
También había estado usando mi identidad para sacar dinero de la empresa.
Y por la cantidad de documentos firmados a mi nombre, si Adrian no encontraba al verdadero responsable…
yo podía terminar cargando con todo.