PARTE 2: LA MESA MÁS IMPORTANTE

Emmett Stewart cruzó el salón acompañado por dos miembros de su equipo.

Nicholas apareció frente a él casi inmediatamente.

—Señor Stewart. Es un honor tenerlo aquí.

Emmett estrechó su mano.

—Felicidades.

Nicholas sonrió como si acabara de recibir una bendición real.

—Preparamos un lugar especial para usted en nuestra mesa principal.

Pero Emmett no lo estaba escuchando.

Había mirado hacia el fondo del salón.

Directamente hacia mí.

Su rostro se iluminó.

—¿Jenna?

Nicholas se quedó rígido.

Emmett pasó junto a él.

Cruzó todo el salón.

Y se detuvo frente a la mesa diecinueve.

—Llevo quince minutos intentando encontrarte.

Miró los crayones, los nuggets y el dragón que estaba dibujando.

—Veo que estás ocupada.

—Trabajo importante —respondí—. Parker exige fuego verde.

Parker levantó el dibujo orgullosamente.

Emmett rio.

Entonces tomó la silla vacía a mi lado.

Y se sentó.

El salón entero pareció quedarse en silencio.

Nicholas llegó casi corriendo.

—Señor Stewart, creo que hubo una confusión. Esta es la mesa infantil.

—Ya lo noté.

—Su asiento está con nosotros.

Emmett negó tranquilamente.

—Estoy bien aquí.

Nicholas me lanzó una mirada desesperada.

—Jenna, quizá podrías…

—¿Podría qué? —preguntó Emmett.

Mi hermano se calló.

Emmett me miró.

—Por cierto, el consejo aprobó el discurso de Singapur. Quieren que escribas también la presentación para los inversionistas.

Nicholas parpadeó.

—¿Ella escribe sus discursos?

Emmett lo miró sorprendido.

—¿No lo sabías?

Mi madre, que acababa de acercarse, quedó inmóvil.

—Jenna nos dijo que tenía un blog.

Emmett soltó una pequeña carcajada.

—Jenna trabaja con algunos de los ejecutivos más importantes del país.

Luego añadió:

—Es una de las mejores estrategas de comunicación con las que he trabajado.

Nicholas perdió la sonrisa.

—¿Desde cuándo?

—Años.

Emmett tomó una copa de agua.

—De hecho, una de las razones por las que acepté venir hoy fue porque sabía que Jenna estaría aquí.

La cara de Nicholas se puso roja.

—Claro. Mi hermana y yo somos muy cercanos.

Lo miré.

—¿De verdad?

Emmett percibió inmediatamente la tensión.

—¿Por qué está sentada aquí?

Nicholas abrió la boca.

Parker respondió primero.

—Porque él dijo que ella no era importante.

Silencio absoluto.

Nicholas quedó petrificado.

Emmett levantó lentamente la mirada.

—¿Dijiste eso?

—Fue un malentendido.

—También me dijo que no me acercara a usted —añadí.

Nicholas parecía querer desaparecer.

Emmett dejó la copa sobre la mesa.

—Curioso.

—Señor Stewart…

—Porque mañana tenía previsto reunirme contigo para hablar sobre una posible colaboración con mi empresa.

Nicholas se congeló.

Aquella reunión era la oportunidad de negocios de la que llevaba meses presumiendo.

—¿Mañana?

—Sí.

Emmett miró hacia mí.

—Pero creo que acabo de aprender bastante sobre cómo trata usted a las personas que considera poco útiles.

La sonrisa de Nicholas desapareció completamente.

—Podemos hablarlo.

—No será necesario.

Emmett se volvió hacia Parker.

—¿Puedo ayudarte con ese dragón?

El niño le entregó un crayón.

Y así, el multimillonario que Nicholas había sentado junto a inversionistas y ejecutivos terminó dibujando monstruos conmigo en la mesa infantil.

Mi madre se acercó unos minutos después.

—Jenna… deberías habernos contado quién eras realmente.

La miré.

—Nunca lo oculté.

Hice una pausa.

—Ustedes simplemente nunca preguntaron.

Por primera vez, no tuvo respuesta.

Entonces Emmett recibió un mensaje.

Lo leyó y me mostró la pantalla.

Era del presidente de su junta.

Solo había una pregunta:

“¿Seguimos considerando a Nicholas para el acuerdo?”

Emmett levantó una ceja.

—¿Qué opinas?

Miré a mi hermano.

Tres horas antes me había enviado al rincón porque yo podía arruinar su imagen.

Ahora su futuro profesional dependía precisamente de la opinión de la hermana que había escondido junto a los niños.

Sonreí.

—Creo que deberías conocerlo exactamente como es.

Y por la expresión de Nicholas, comprendí que aquello le daba mucho más miedo que un simple “no”.

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