PARTE 2: EL HIJO QUE RECHAZÓ

Gabriel se quedó blanco.

—¿Cuántos años tiene?

Seguí caminando hacia pediatría.

Él me alcanzó.

—Grace, respóndeme.

Mi hijo escondió el rostro contra mi hombro.

—No lo asustes.

Gabriel retrocedió inmediatamente.

Por primera vez vi miedo en sus ojos.

—Es mío, ¿verdad?

Lo miré.

—La noche que me echaste dijiste que aunque estuviera embarazada no querrías a mi hijo.

Vanessa intervino:

—Gabriel, vámonos. Probablemente solo quiere dinero.

Solté una pequeña risa.

—Tranquila. Durante cuatro años no pedí un centavo. No empezaré hoy.

En ese momento apareció el pediatra.

—Señora Bennett, ya tenemos los resultados de su hijo.

Gabriel frunció el ceño.

—¿Bennett?

El médico asintió.

—El doctor Nathan Bennett está esperando a su esposa y al niño dentro.

El rostro de Gabriel cambió.

Nathan Bennett.

Director del hospital.

Heredero de una de las familias médicas más importantes del estado.

Antes de entrar, mi hijo volvió a mirar a Gabriel.

—Mamá, ¿quién es?

Me agaché y acomodé su cabello.

—Alguien que conocí hace mucho tiempo.

Gabriel apretó los puños.

—¡Soy su padre!

Todo el pasillo quedó en silencio.

Entonces una voz masculina respondió desde la puerta:

—Biológicamente, quizá.

Nathan salió y se colocó a mi lado.

—Pero padre es quien estuvo cuando tuvo fiebre, cuando aprendió a caminar y cuando preguntó por qué otros niños tenían papá.

Gabriel me miró como si acabara de comprender todo lo que había perdido.

—Grace… quiero una prueba de ADN.

Asentí.

—La tendrás.

Hice una pausa.

—Y después recibirás otra cosa.

—¿Qué?

—La declaración que firmaste durante el divorcio renunciando a cualquier responsabilidad si existía un embarazo.

Su rostro se congeló.

Yo había guardado aquel documento durante cuatro años.

No para vengarme.

Para recordar por qué jamás debía regresar.

Tomé la mano de Nathan y entré con mi hijo.

Detrás de nosotros, Gabriel gritó mi nombre.

Esta vez no me detuve.

Cuatro años atrás salí de su casa con una maleta.

Ahora él acababa de descubrir que aquella noche no había expulsado solamente a su esposa.

También había rechazado al hijo que tanto decía querer.

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