PARTE 2: EL ASIENTO VACÍO

No había llegado al estacionamiento cuando Ethan me alcanzó.

—¡Laura! ¿Te volviste loca?

Me giré.

—No. Finalmente abrí los ojos.

—Ashley es mi hermana.

—Entonces cásate con tu hermana adoptiva, protégela, consiéntela y dale todos los asientos que quieras. Pero hazlo sin mí.

Su rostro se endureció.

—Mañana se te pasará.

Sonreí.

—Mañana será demasiado tarde.

Saqué el teléfono.

La fiesta estaba contratada a mi nombre.

También el fotógrafo, la decoración y la reserva del hotel para la boda.

Cancelé todo lo que todavía podía cancelar.

Ethan miró la pantalla.

—¿Qué estás haciendo?

—Terminando correctamente lo que acabas de perder.

Entonces Margaret apareció acompañada de Ashley.

—¡No puedes cancelar la boda por una silla! —gritó.

La miré.

—Nunca fue por una silla.

Señalé a Ashley.

—Fue por descubrir quién ocupará siempre el primer lugar.

Ashley lloró.

—Laura, estás malinterpretando nuestra relación.

—Perfecto. Entonces ya no tendrán que explicármela.

Me marché.

Tres días después, Ethan apareció frente a mi apartamento.

Esta vez no venía enfadado.

Venía desesperado.

—Laura, necesito que volvamos.

—No.

—Mi familia ya habló con Ashley. Todo cambiará.

—Tampoco.

Entonces entendí por qué había venido realmente.

La empresa de los Carter estaba negociando un contrato con la compañía de mi padre.

Un acuerdo que Ethan llevaba meses intentando conseguir.

Y mi padre acababa de cancelarlo.

—¿Tu padre hizo esto por nuestra ruptura?

Negué.

—Lo hizo después de ver el video de la fiesta.

Ethan palideció.

—¿Qué video?

Le mostré mi teléfono.

Una cámara había grabado perfectamente a Ashley ocupando mi asiento.

Pero también había captado algo ocurrido antes de que yo llegara.

Ashley inclinándose hacia Margaret y preguntando:

—Cuando Laura se case con Ethan, ¿cuánto tardaremos en conseguir acceso a las inversiones de su familia?

Margaret respondió riéndose:

—Primero deja que firme.

Ethan dejó de respirar.

Yo guardé el teléfono.

—Parece que no era la única que no entendía realmente a tu familia.

Y cerré la puerta.

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