PARTE 2: ELLA DESPERTÓ

—¡Emily!

Daniel tomó su mano.

Los dedos volvieron a moverse.

Esta vez no había duda.

Lily retrocedió asustada mientras Daniel presionaba el botón de emergencia.

En segundos, médicos y enfermeras llenaron la habitación.

—Señor Carter, salga, por favor.

—¡Movió la mano! ¡La vi!

Mientras examinaban a Emily, una doctora observó el monitor.

—Está respondiendo a estímulos.

Daniel miró hacia Lily.

La niña seguía sujetando el frasco de tierra.

Pero la doctora fue clara:

—No sabemos qué provocó el cambio. Puede coincidir con una evolución neurológica que ya estaba comenzando.

La tierra no era una cura milagrosa.

Sin embargo, algo estaba ocurriendo.

Entonces Emily abrió ligeramente los ojos.

Daniel dejó de respirar.

—Emily…

Sus labios se movieron.

Apenas salió un sonido.

—Bebé…

Daniel comenzó a llorar.

—Está bien. Nuestro bebé está aquí contigo.

Pero inmediatamente sonaron alarmas.

La expresión de la doctora cambió.

—Tenemos que preparar el quirófano. Ahora.

El bebé debía nacer.

Horas después, Daniel esperaba en el pasillo cuando finalmente apareció la doctora.

Sonreía.

—Tiene un hijo.

Daniel se cubrió el rostro.

—¿Y Emily?

—Está estable. Y sigue respondiendo.

Dos días después, Emily consiguió mantener los ojos abiertos durante varios minutos.

Daniel colocó junto a ella una fotografía de su bebé.

—Te estuvo esperando.

Emily tocó la imagen con dedos débiles.

Entonces vio a Lily esperando tímidamente junto a la puerta.

—¿Quién… es?

Daniel sonrió.

—Alguien que vino a recordarte que todavía tenías razones para volver.

Lily se acercó.

Emily observó el pequeño frasco.

Y de pronto frunció el ceño.

—Esa tierra…

Daniel se inclinó.

—¿La reconoces?

Emily tardó varios segundos.

Luego susurró:

—El río detrás de la casa de mi madre.

Lily quedó inmóvil.

Daniel también.

Porque nadie le había contado a aquella niña dónde había crecido Emily.

Y cuando Daniel miró a Lily buscando una explicación, ella solo dijo:

—Yo tampoco lo sabía.

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