PARTE 2: LA NOVIA EQUIVOCADA

A las ocho de la mañana, Grant Holdings había perdido tres líneas de crédito.

A las nueve, Sebastián apareció en mi oficina.

No venía solo.

Camila estaba detrás de él, vestida de blanco y todavía con su anillo de recién casada.

—Devuelve la inversión —exigió Sebastián.

Levanté la vista.

—No.

—¡Estás destruyendo una empresa por despecho!

Deslicé una carpeta hacia él.

—Tu empresa ya estaba cayendo antes de que cancelaras nuestro compromiso.

Sebastián abrió los documentos.

Deudas ocultas.

Facturas infladas.

Préstamos vencidos.

Su rostro cambió.

—¿De dónde sacaste esto?

—De la auditoría que Torres Group realizó antes de invertir.

Me puse de pie.

—Yo no estaba sosteniendo tu empresa porque fueras brillante, Sebastián.

—La estaba sosteniendo porque ibas a convertirte en mi esposo.

Camila palideció.

Sebastián apretó los papeles.

—Dame treinta días.

—No.

—¡Una semana!

—Tampoco.

Entonces Camila habló.

—Sebastián, vámonos.

Pero él la ignoró.

—Valeria, podemos arreglar lo nuestro.

Camila giró lentamente hacia su esposo.

—¿Qué acabas de decir?

Sebastián comprendió demasiado tarde.

—No me refería a…

El teléfono de Camila sonó.

Miró la pantalla.

Y su expresión cambió.

—Mi padre acaba de congelar mi fideicomiso.

Sebastián se quedó inmóvil.

Yo entendí inmediatamente.

Él había perdido mi inversión creyendo que podría reemplazarla con la fortuna Hayes.

Pero Camila empezó a reír.

—¿De verdad pensaste que mi familia iba a financiar Grant Holdings?

Sebastián la miró.

—Tú dijiste que tu padre nos ayudaría.

—Dije que hablaría con él.

Se quitó el anillo.

—Y dijo que no piensa entregar un centavo a una empresa prácticamente insolvente.

Lo dejó sobre mi escritorio.

—Quiero la anulación.

—¡Camila!

Ella salió.

Sebastián intentó seguirla, pero mi director financiero apareció en la puerta.

—Señorita Torres, acaba de llegar una oferta para comprar la deuda principal de Grant Holdings.

Sebastián se detuvo.

—¿Quién?

Mi director me entregó la tablet.

Leí el nombre del comprador.

Y sonreí.

—Torres Group.

Sebastián perdió el color.

—No puedes…

—Sí puedo.

Me acerqué a él.

—Anoche retiré mi inversión.

Dejé la tablet frente a sus ojos.

—Esta mañana compré tu deuda con descuento.

Por primera vez, Sebastián entendió la diferencia.

Yo no había destruido Grant Holdings.

Lo había puesto de rodillas para comprarlo barato.

—Valeria…

—Me dijiste que Camila era más dulce, más cálida y más mujer.

Abrí la puerta.

—Espero que también sea mejor pagando deudas.

Tres meses después, Grant Holdings dejó de pertenecer a la familia Grant.

Sebastián perdió la presidencia.

Camila consiguió la anulación.

Y el día que entré al antiguo despacho de Sebastián como nueva propietaria, encontré sobre la mesa una fotografía de nuestro compromiso.

La miré durante unos segundos.

Luego la guardé en un cajón.

No porque todavía lo amara.

Sino para recordar una lección:

Sebastián canceló nuestra boda pensando que estaba cambiando de mujer.

Nunca comprendió que también estaba renunciando a la persona que mantenía vivo su imperio.

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