PARTE 2: EL HOMBRE EQUIVOCADO

Ethan sonrió.

—¿El cuerpo de Lucas? No podrás verlo.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Por qué?

Ethan cerró el encendedor.

—Porque ya fue cremado.

Ella dejó de respirar.

—Murió esta madrugada.

—Y yo autoricé todo esta mañana.

Valeria lo miró fijamente.

—Tú no eres familia.

Ethan se inclinó hacia ella.

—Pero sigo siendo el hombre que decide qué ocurre con los Cross.

Entonces cometió su peor error.

—Tu hermano iba a salir de prisión y sabía demasiado. Era un problema que debía desaparecer.

Valeria no lloró.

Solo miró el pequeño teléfono sobre la mesa.

La llamada llevaba abierta desde hacía siete minutos.

Ethan siguió hablando.

—Tu familia debió aprender hace años que nadie desafía a los Whitmore.

Una voz masculina sonó desde el teléfono.

—Gracias. Eso era exactamente lo que necesitaba escuchar.

Ethan palideció.

Valeria tomó el móvil.

—Adrian.

—Estoy llegando.

Ethan frunció el ceño.

—¿Quién demonios es Adrian?

Valeria lo miró.

—Mi esposo.

La puerta se abrió.

Entraron primero dos hombres con traje. Después un oficial uniformado.

Y finalmente Adrian Blackwood.

Su presencia borró la arrogancia de Ethan en segundos.

Adrian caminó directamente hacia Valeria.

—¿Estás bien?

Ella asintió.

Después miró a Ethan.

—Él acaba de admitir que sabe qué ocurrió con Lucas.

Adrian hizo una señal.

Los hombres detrás de él avanzaron.

Ethan retrocedió.

—¡No pueden tocarme! ¿Saben quién es mi familia?

Adrian ni siquiera parpadeó.

—Sí.

Dejó una carpeta sobre la cama.

Dentro había registros bancarios, órdenes manipuladas y comunicaciones vinculadas al encarcelamiento de Lucas.

—Precisamente por eso estamos aquí.

Ethan miró los documentos.

Su rostro perdió el color.

Valeria abrió otra página.

Allí aparecía el nombre de Natalie.

—Ella también participó.

Ethan guardó silencio.

Adrian tomó la mano de Valeria.

—Tu hermano no murió por casualidad. Y tampoco fue cremado.

Valeria levantó la cabeza de golpe.

—¿Qué?

—La información sobre su muerte fue falsificada.

El corazón de Valeria pareció detenerse.

Adrian continuó:

—Lucas está vivo.

Las puertas volvieron a abrirse.

Un hombre delgado apareció en una silla de ruedas, escoltado por dos agentes.

—¿Valeria?

Ella reconoció aquella voz.

—Lucas…

Corrió hacia él.

Por primera vez desde que regresó, Valeria lloró.

Pero detrás de ella, Ethan comenzó a temblar.

Porque Lucas no había regresado solo.

Había aceptado testificar.

Horas después, Ethan y Natalie fueron detenidos mientras celebraban su falsa boda.

Y cuando Natalie vio a Valeria entrar tomada de la mano de Adrian, gritó:

—¡Ella no es nadie!

Adrian se detuvo.

—Te equivocas.

Miró a Valeria.

—Es mi esposa.

Ethan levantó la cabeza.

Por fin había reconocido el apellido.

Blackwood.

El hombre cuya influencia había intentado evitar durante años.

Valeria se acercó a Ethan.

Él la miró como si estuviera viendo por primera vez a la mujer que había destruido.

—Valeria… podemos arreglar esto.

Ella sonrió.

—Tú me enviaste al otro lado del mundo esperando que regresara destruida.

Miró a Adrian, después a Lucas.

—El problema es que regresé con una familia.

Se inclinó hacia Ethan.

—Y elegiste al hombre equivocado para convertirlo en mi enemigo.

Esta vez, cuando Valeria salió por aquella puerta, Ethan no pudo detenerla.

Solo pudo verla marcharse mientras todo lo que había construido sobre el sufrimiento de los Cross comenzaba a derrumbarse.

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