—Pon la grabación —dijo Laura, mirando fijamente a su suegra.
El niño tocó la pantalla del reloj.
Primero se escucharon los insultos. Después, el empujón.
Carmen palideció.
—¡Ese niño no entiende lo que vio!
Pero la grabación continuó.
La voz de Carmen volvió a escucharse, esta vez hablando por teléfono:
—Rosa tiene que irse antes de que reconozca la firma. Si descubre lo de la casa, se acabó todo.
Laura frunció el ceño.
—¿Qué casa?
Rosa, todavía sentada, levantó lentamente la mirada.
—Reproduce esa parte otra vez.
Al escuchar la frase por segunda vez, su expresión cambió.
—Conozco esa voz —murmuró—. Y sé de qué firma está hablando.
Carmen retrocedió.
—No sabes nada.
Rosa se levantó con ayuda de su nieto.
—Hace veinte años trabajé en una notaría. Un día llegó un documento para transferir una propiedad. Descubrí que la firma estaba falsificada.
Laura miró a Carmen.
—¿Qué propiedad?
Rosa señaló alrededor.
—Esta casa.
El silencio fue absoluto.
—Eso es mentira —dijo Carmen.
—Entonces no tendrás problema en enseñarnos las escrituras originales.
Carmen no respondió.
En ese momento, el marido de Laura entró en la sala.
—Mamá… dime que no es cierto.
Carmen lo miró desesperada.
—Todo lo hice por ti.
—¿Por mí?
Rosa negó con la cabeza.
—No. Lo hizo para que nunca descubrieras quién era el verdadero propietario.
Carmen cerró los ojos.
Pero el niño volvió a hablar:
—Abuela Rosa… todavía queda otra grabación.
Todos lo miraron.
El pequeño reprodujo un último audio.
Esta vez se escuchaba a Carmen diciendo:
—Si Rosa recuerda que aquella casa pertenecía a su marido, descubrirá que su hija es la verdadera heredera.
Laura sintió que le faltaba el aire.
—¿Mi padre era dueño de esta casa?
Rosa comenzó a llorar.
—Sí.
Laura miró a Carmen, pero ella ya corría hacia las escaleras.
—¡Detenla! —gritó Rosa—. ¡Va por los documentos!
Segundos después, Carmen regresó sosteniendo un viejo sobre.
Sin embargo, antes de poder esconderlo, una fotografía cayó al suelo.
Laura la recogió.
En ella aparecían Rosa, su difunto padre… y Carmen.
Los tres eran jóvenes.

En el reverso había una frase escrita a mano:
“Carmen sabe lo que ocurrió aquella noche.”
Laura levantó la mirada.
—¿Qué ocurrió aquella noche?
Rosa observó a Carmen y respondió:
—La noche en que tu padre desapareció… Carmen fue la última persona que estuvo con él.