Lucía se quedó inmóvil frente a su madre.
—¿De dónde sacaste ese anillo?
Su madre, Carmen, bajó lentamente la mirada hacia su mano.
—Era de tu padre.
—No. Había hombres persiguiendo a una persona esta mañana. Uno llevaba exactamente el mismo.
El rostro de Carmen cambió.
—Lucía, entra en casa.
—Primero dime la verdad.
Carmen cerró la puerta y echó las cortinas.
—Hay cosas que hice para protegerte.
Lucía sacó el teléfono y reprodujo el video.
Al escuchar la voz de su esposo, Carmen palideció.
—¿Quién te dio esto?
—Un hombre que dijo que papá lo envió.
Carmen le arrebató el teléfono.
—¡No debiste hablar con él!
Lucía retrocedió.
—Entonces sabías que papá estaba vivo.
Carmen guardó silencio.
Aquello fue suficiente.
—Me dijiste durante ocho años que había muerto.
—Porque era la única manera de mantenerte lejos de ellos.
—¿De quiénes?
Antes de que Carmen respondiera, alguien golpeó tres veces la puerta.
Su expresión se llenó de miedo.
—Sube a tu habitación y no salgas.
—Mamá…
—¡Ahora!
Lucía fingió obedecer, pero se escondió en las escaleras.
Carmen abrió la puerta.
Entró el mismo hombre de negro que había empujado a Lucía aquella mañana.
—La chica tiene la memoria —dijo él.
—Ya la recuperé.
—¿La vio?
Carmen no respondió.
El hombre sonrió.
—Entonces tenemos un problema.
Lucía sintió un escalofrío.
De pronto, el teléfono de Carmen comenzó a sonar.
Número desconocido.
El hombre contestó.
—¿Sí?
Su sonrisa desapareció.
Una voz familiar se escuchó al otro lado.
—Dile a Carmen que se acabó.
Lucía reconoció inmediatamente aquella voz.
Era su padre.
—¿Dónde estás? —preguntó el hombre.
—Más cerca de lo que imaginas.
En ese instante se apagaron todas las luces.
Carmen gritó.
Cuando volvieron a encenderse, el hombre de negro había desaparecido.
Sobre la mesa había otro anillo y una nota.
Lucía bajó corriendo y la abrió.

Solo contenía una frase:
“Carmen no ordenó mi desaparición. Ella también es prisionera.”
Lucía miró a su madre.
—Entonces… ¿quién vive conmigo?
Carmen comenzó a llorar.
Y señaló lentamente hacia el piso de arriba.
—La persona a la que llevas toda tu vida llamando abuelo.