PARTE 2: AHORA DECIDO YO

Ethan tardó varios segundos en reaccionar.

—¿Northstar Global… es tuya?

—En un 61 % —respondí.

El gerente general intervino:

—El Grupo Lu solicita una inversión de ciento veinte millones para cubrir deuda y completar su reestructuración.

Miré a Ethan.

Cinco años atrás, cuando nos divorciamos, él me dijo que una mujer como yo jamás conseguiría nada sin él.

Ahora estaba frente a mí porque necesitaba mi firma.

—La reunión empieza en diez minutos.

Pasé junto a él.

—Procure no llegar tarde, señor Lu.


En la sala de juntas, Ethan intentó mantener la compostura.

Presentó gráficos, proyecciones y planes de expansión.

Cuando terminó, cerré la carpeta.

—Su empresa lleva tres trimestres perdiendo dinero.

—Es temporal.

—También tiene demasiada deuda.

—Por eso necesitamos un socio estratégico.

—No.

Ethan se quedó inmóvil.

—¿No?

—Northstar no invertirá.

Su expresión se endureció.

—¿Esto es por Olivia?

—No mezcles asuntos personales con negocios.

—Entonces explícame por qué.

Empujé el informe hacia él.

—Porque su empresa no cumple nuestros criterios de inversión.

Ethan apretó los dientes.

—Clara, si estás intentando vengarte…

—¿Vengarme?

Sonreí.

—Ethan, para vengarme tendría que seguir importándome lo suficiente.

Aquello pareció dolerle más que un insulto.


Esa noche regresé al hospital.

Olivia estaba allí.

Al verme, se puso de pie.

—Ethan me contó lo de Northstar.

—Entonces ya sabes a qué me dedico.

—¿Vas a dejar que su empresa quiebre?

—Yo no provoqué sus problemas.

Olivia bajó la voz.

—Tenemos un hijo.

La miré.

—Eso tampoco convierte sus deudas en mi responsabilidad.

Mi madre cerró los ojos con cansancio.

Entonces Olivia dijo:

—Siempre has sido así. Fría. Orgullosa.

La habitación quedó en silencio.

Cinco años atrás aquellas palabras me habrían hecho llorar.

Ahora simplemente pregunté:

—¿Quieres hablar de orgullo?

Saqué el teléfono.

—Cuando descubrí que estabas con mi esposo, me fui sin contarle a nadie lo que habías hecho. Protegí tu reputación porque mamá estaba enferma y no quería destruir a la familia.

Olivia palideció.

—Clara…

—Pero no vuelvas a confundirte.

La miré directamente.

—Mi silencio nunca significó que tú fueras inocente.


Dos días después, Ethan volvió a buscarme.

Esta vez estaba solo.

—Necesito pedirte algo.

—Si es dinero, la respuesta sigue siendo no.

—No es dinero.

Colocó una vieja carpeta sobre mi escritorio.

Era nuestro acuerdo de divorcio.

—Encontré esto mientras revisaba documentos para la auditoría.

Fruncí el ceño.

—¿Y?

Ethan señaló una página.

—Mira la fecha.

La leí.

Entonces sentí frío.

El documento había sido preparado casi tres meses antes de que Ethan me pidiera el divorcio.

—Yo nunca solicité esto tan pronto —dijo.

Lo miré.

—¿Qué estás insinuando?

—Que alguien empezó a preparar nuestro divorcio antes de que yo decidiera separarme.

—Eso no cambia que me engañaras.

—Lo sé.

Por primera vez no intentó justificarse.

—Pero hay algo más.

Sacó una transferencia bancaria.

El despacho que preparó nuestro divorcio había recibido dinero de una cuenta privada.

La titular era Olivia Lin.

Mi hermana.

Me quedé mirando su nombre.

Ethan habló lentamente.

—Yo traicioné nuestro matrimonio, Clara. Eso fue culpa mía.

Luego señaló el documento.

—Pero Olivia llevaba meses preparando el terreno antes de que nosotros empezáramos.

Sentí que el estómago se me cerraba.

Recordé sus lágrimas en el hospital.

“Sé que hice mal las cosas, pero ya ha pasado.”

Quizá nunca se había referido únicamente a Ethan.

Mi teléfono sonó.

Era Noah.

Contesté.

—¿Qué ocurre?

Su voz estaba extrañamente tensa.

—Clara, encontré algo entre los documentos de mamá.

—¿Qué cosa?

Hubo un silencio.

—Una prueba de ADN.

Me puse de pie.

—¿De quién?

Noah respiró profundamente.

—De Olivia y del niño.

Miré a Ethan.

Entonces Noah pronunció las palabras que cambiaron nuevamente todo.

—Clara… Ethan no es el padre.

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