PARTE 2: LA VERDAD DEL HEREDERO

El pasillo del hospital quedó en un silencio absoluto.

Genevieve seguía sonriendo, convencida de que todo era un malentendido.

—Julian, deja de jugar. Soy tu madre.

Nadie respondió.

Dos agentes se colocaron a cada lado de ella.

El comandante tomó la tarjeta negra que Julian acababa de mostrar y cambió inmediatamente de postura.

—Sí, señor.

—El perímetro ya está asegurado.

Julian levantó la vista hacia el director del hospital.

—¿Cómo está mi esposa?

El hombre tragó saliva.

—Los cirujanos lograron detener la hemorragia.

—Pero la señora Sophia sigue en cirugía.

—La bebé aún corre peligro.

Durante un instante, el rostro de Julian perdió toda expresión.

Luego miró lentamente a su madre.

—¿La empujaste?

Genevieve levantó la barbilla.

—Lo hice por ti.

—Esa mujer nunca mereció entrar en nuestra familia.

—Todavía eres joven. Podrás casarte otra vez.

El sonido de la bofetada resonó por todo el corredor.

Julian jamás le había levantado la mano.

Aquella fue la primera vez.

Genevieve se quedó inmóvil, con una mano sobre la mejilla.

—Mi esposa luchaba por darle vida a mi hija.

—Y tú intentaste asesinarlas a las dos.

Ella comenzó a retroceder.

—Julian… soy tu madre…

—Precisamente por eso aún sigues hablando.

Los policías le colocaron las esposas.

Mientras se la llevaban, Genevieve gritó desesperada:

—¡Todo esto es mío!

—¡Este hospital existe gracias a nuestra familia!

El director médico cerró los ojos.

—Señora…

—Hace veinte años el señor Julian compró la mayoría de las acciones mediante el fideicomiso creado por su abuelo.

—Usted nunca fue propietaria.

Genevieve dejó de caminar.

—¿Qué…?

El presidente del consejo dio un paso al frente.

—El señor Julian ocultó su identidad por decisión personal.

—Quería formar una familia lejos del dinero.

—Todos nosotros recibimos la orden de mantener ese secreto.

Genevieve sintió que las piernas le fallaban.

Durante años creyó controlar a un hijo desempleado y dependiente.

Sin saber que cada médico, cada director y cada ejecutivo del hospital trabajaban para él.

En ese momento, la puerta del quirófano se abrió.

La cirujana salió todavía con la bata manchada de sangre.

Julian avanzó de inmediato.

—Doctora.

Ella sonrió con cansancio.

—Su esposa sobrevivirá.

Él cerró los ojos por primera vez desde que llegó.

—¿Y mi hija?

La doctora respiró hondo.

—También.

—Pero nació antes de tiempo.

—Necesitará permanecer en la unidad neonatal varias semanas.

Julian apoyó una mano sobre la pared.

Las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera detenerlas.

La cirujana añadió algo más.

—Hay otra noticia.

—Antes de perder el conocimiento, su esposa repitió una frase varias veces.

—¿Cuál?

—”No dejen escapar a Genevieve.”

Julian bajó lentamente la cabeza.

—No escapará.

Giró hacia el comandante.

—Además del intento de homicidio…

—Solicite todas las grabaciones del hospital.

—Cada cámara.

—Cada ascensor.

—Cada pasillo.

El comandante asintió.

—Ya están aseguradas.

Entonces uno de los técnicos llegó corriendo con una tableta.

—Señor…

—Hay un problema.

Reprodujo un video.

Las imágenes mostraban claramente a Genevieve empujando a Sophia.

Pero, apenas cinco minutos después del ataque, otra persona había entrado al centro de monitoreo y eliminado varios archivos.

El técnico amplió la imagen.

Todos reconocieron el rostro.

No era un empleado cualquiera.

Era el vicepresidente administrativo del hospital.

Y cuando Julian vio quién estrechaba la mano de aquel hombre antes de borrar las pruebas…

…comprendió que su madre no había actuado sola.

Alguien dentro de su propio hospital llevaba años ayudándola en secreto.

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