PARTE 2: LOS 900 MIL PESOS DESAPARECIDOS

Aquella noche, Mauricio se quedó dormido en el sofá después de vaciar media botella de whisky.

Mariana esperó hasta escuchar sus ronquidos.

Mateo dormía sobre su pecho, respirando con pequeños suspiros que le recordaban por qué ya no podía permitirse seguir confiando en nadie.

Con una sola mano tomó su computadora portátil.

Abrió la banca electrónica.

La cuenta de ahorros donde ambos habían reunido dinero durante seis años seguía apareciendo con el mismo nombre.

Fondo Familiar.

Antes del embarazo había casi 900 mil pesos.

El dinero para terminar de pagar la casa.

Para la universidad de Mateo.

Para las emergencias.

Mariana escribió la contraseña.

El saldo apareció en pantalla.

$4,317.58

Sintió que el aire desaparecía.

Volvió a actualizar.

El mismo número.

Abrió el historial.

Durante los últimos cuatro meses había habido siete transferencias.

Todas dirigidas a la misma empresa.

EM Consultores Fiscales S.A. de C.V.

Más de 895 mil pesos.

Su corazón empezó a latir con fuerza.

Nunca había escuchado ese nombre.


Abrió inmediatamente el registro mercantil.

La empresa existía.

Representante legal:

Elvira Salas.

Su suegra.

Mariana sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

No era un préstamo.

No era una inversión familiar.

Era una empresa controlada por la madre de Mauricio.


A las ocho de la mañana llamó a una vieja amiga.

—Andrea…

Necesito ayuda.

Andrea Fuentes era abogada especializada en derecho familiar y patrimonial.

Una hora después llegó al departamento.

Escuchó todo sin interrumpir.

Luego revisó los estados de cuenta.

Su expresión cambió.

—Mariana…

¿Tú autorizaste estas transferencias?

—Jamás.

Andrea señaló un documento.

—Aquí aparece una firma electrónica.

Mariana observó la pantalla.

Era su nombre.

Pero aquella no era su firma.

—Es falsa.

Andrea respiró profundamente.

—Entonces esto ya no es solo un problema matrimonial.

—Estamos hablando de un posible fraude.


Esa misma tarde, Mauricio regresó sonriendo.

Como si nada hubiera ocurrido.

—¿Ya buscaste trabajo?

Mariana preparaba un biberón.

—Sí.

Él levantó una ceja.

—¿Tan rápido?

—También llamé a una abogada.

La sonrisa desapareció.

—¿Para qué?

Ella dejó el biberón sobre la mesa.

—Quería entender por qué desaparecieron novecientos mil pesos de nuestra cuenta.

Mauricio quedó inmóvil apenas un segundo.

Luego soltó una risa forzada.

—Ah…

Eso.

—Fue una inversión.

—¿En la empresa de tu mamá?

Él tragó saliva.

—Ella necesitaba capital.

—Lo recuperaríamos después.

Mariana lo miró fijamente.

—¿Con mi firma falsificada?

El color abandonó el rostro de Mauricio.

—¿Quién te dijo eso?

—Los documentos.


En ese momento sonó el timbre.

Era Elvira.

Entró como siempre.

Sin saludar.

—Mauricio, traje la comida…

Se detuvo al ver las carpetas abiertas.

Su expresión cambió.

—¿Qué pasa aquí?

Mariana colocó lentamente los estados de cuenta sobre la mesa.

—Solo intento entender por qué usted vació nuestros ahorros.

Elvira ni siquiera fingió sorpresa.

—¿Eso?

Se cruzó de brazos.

—Ese dinero era de mi hijo.

Mariana sintió que algo dentro de ella terminaba de romperse.

—También era mío.

—Desde que te casaste, todo lo de Mauricio pertenece a la familia.

—Y la familia soy yo.

Respondió con absoluta tranquilidad.

—Tú solo eres la esposa.

Mauricio bajó la cabeza.

No dijo una sola palabra.

No defendió a Mariana.

No negó las palabras de su madre.

Simplemente permaneció callado.

Y ese silencio fue la respuesta más dolorosa de todas.

Mariana tomó entonces una carpeta negra que Andrea había preparado antes de irse.

La colocó frente a ambos.

—Perfecto.

—Si consideran que ese dinero les pertenece…

…explíquenle eso al Ministerio Público.

Elvira soltó una carcajada.

—¿Nos vas a denunciar?

Mariana abrió la carpeta.

Dentro estaban las copias certificadas de las transferencias.

Los registros mercantiles.

El peritaje preliminar sobre la firma electrónica.

Y una hoja adicional.

Mauricio la leyó.

Su rostro perdió todo el color.

—¿Qué… qué es esto?

Mariana respondió sin levantar la voz.

—La solicitud para congelar las cuentas de EM Consultores mientras se investiga el origen del dinero.

Elvira dio un paso hacia la carpeta.

—¡No puedes hacer eso!

Mariana la miró directamente a los ojos.

—Hace un mes me llamaron floja por cuidar a mi hijo recién nacido.

Hoy van a descubrir que también sé leer estados de cuenta.

Y, por primera vez desde que nació Mateo…

…nadie en aquella casa volvió a llamarla mantenida.

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