PARTE 2: EL SEGUNDO MENSAJE.

Mauricio leyó el primer mensaje una vez.

Después otra.

Su sonrisa desapareció lentamente.

—¿Qué pasa? —preguntó Elena mientras recibía las llaves de la suite.

Él no respondió.

En ese instante llegó otra notificación.

La abrió.

“El divorcio ya fue presentado electrónicamente. No necesitas regresar antes por mí.”

Mauricio sintió un nudo en el estómago.

—¿Divorcio?

Elena levantó la vista.

—¿Qué?

Antes de que pudiera responder, apareció un tercer mensaje.

“También cancelé todas las reservas hechas con mi cuenta. Espero que disfruten las vacaciones… si logran pagarlas.”

Mauricio frunció el ceño.

Se volvió hacia la recepcionista.

—Buenas tardes. Tenemos una reserva en la Suite Presidencial a nombre de Mauricio Salazar.

La joven tecleó durante unos segundos.

Su expresión cambió.

—Un momento, por favor.

Volvió a revisar.

Después levantó la vista.

—Lo siento, señor.

La reserva fue cancelada hace tres horas.

—Eso es imposible.

—La titular de la cuenta realizó la cancelación personalmente.

Mauricio sintió un escalofrío.

—Había un depósito.

—Fue reembolsado a la tarjeta de la titular.

Elena dio un paso adelante.

—Bueno, entonces búsquenos otra habitación.

La recepcionista volvió al sistema.

—Estamos completamente llenos por las fiestas.

Solo queda una habitación estándar en un hotel asociado, a cuarenta minutos de aquí.

Elena perdió la sonrisa.

—¿Cuarenta minutos?

Mauricio apretó el teléfono.

—No importa.

La pagaré.

Sacó su tarjeta corporativa.

La recepcionista la pasó por la terminal.

OPERACIÓN RECHAZADA.

Lo intentó otra vez.

Mismo resultado.

Frunció el ceño.

Sacó una segunda tarjeta.

También rechazada.

Una tercera.

Nada.

Mauricio comenzó a sudar.

Marcó inmediatamente al banco.

Después de verificar su identidad, escuchó la respuesta que jamás imaginó.

—Señor Salazar, todas las tarjetas corporativas fueron suspendidas esta mañana por la administradora financiera autorizada.

Él sintió que el aire desaparecía.

—¿Qué administradora?

—La señora Mariana Ortega.

Su esposa.

La única persona con facultades para autorizar movimientos extraordinarios.

Colgó inmediatamente.

Marcó el número de Mariana.

Apagado.

Otra vez.

Apagado.

Elena comenzó a inquietarse.

—¿Qué está pasando?

Mauricio apenas podía hablar.

—Nada…

Pero sabía perfectamente que no era verdad.

Entonces recibió un correo electrónico.

ASUNTO: REVOCACIÓN DE PODERES.

Lo abrió.

Era una notificación oficial del consejo de administración.

“Se informa que, a partir de las 12:00 horas del día de hoy, quedan revocados todos los poderes de representación otorgados al señor Mauricio Salazar hasta concluir la auditoría financiera extraordinaria solicitada por la directora de finanzas, Mariana Ortega.”

Debajo aparecía una lista.

Pagos personales con fondos corporativos.

Viajes.

Hoteles.

Restaurantes.

Regalos.

Transferencias.

Todo documentado.

Todo autorizado con su firma.

Y todo preparado para una auditoría.

Elena leyó por encima de su hombro.

Su rostro se volvió blanco.

—Mauricio…

Él seguía inmóvil.

Entonces sonó su teléfono.

Era el presidente del consejo.

Contestó de inmediato.

—Señor Salazar…

No regrese a la oficina.

La Unidad de Delitos Financieros está revisando toda la documentación.

Y hay algo más.

Mauricio cerró los ojos.

—¿Qué pasó ahora?

El presidente respondió con una voz tan fría que terminó de derrumbarlo.

—Su esposa no solo presentó el divorcio.

Hace una hora aceptamos por unanimidad su renuncia como director ejecutivo…

Y nombramos a Mariana Ortega como presidenta interina del grupo empresarial que usted creyó dirigir solo.

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