PARTE 2 – EL INFORME QUE NUNCA LE ENTREGUÉ.

—Está bien.

Sonreí con una calma que incluso a mí misma me sorprendió.

Gu Cheng pareció relajarse de inmediato.

Se acercó para abrazarme.

Como tantas otras veces.

Pero, por primera vez en tres años, fui yo quien dio un paso hacia atrás.

Él se quedó inmóvil.

—¿Qué ocurre?

Negué suavemente con la cabeza.

—Estoy un poco cansada.

Aquella noche cenó conmigo.

Incluso me sirvió sopa.

Si alguien hubiera visto aquella escena, habría pensado que seguíamos siendo la pareja perfecta que todos admiraban.

Solo yo sabía que, apenas terminara de comer, volvería a salir.

A las ocho y media sonó su teléfono.

Ni siquiera necesitó mirarlo para levantarse.

—La empresa tiene un problema urgente.

Me besó ligeramente la frente.

—No me esperes despierta.

Lo vi desaparecer tras la puerta.

Cinco minutos después abrí la aplicación de localización que compartíamos desde hacía años.

El punto azul no iba hacia la empresa.

Se dirigía directamente al apartamento junto al río.

El mismo donde vivía Zhou Di.

Apagué la pantalla.

Ya no sentía rabia.

Solo una profunda decepción.


A la mañana siguiente pedí cita con un abogado.

Después fui al hospital.

No para acompañar a Gu Cheng.

Sino para hablar a solas con el médico responsable de su caso.

El doctor hojeó el expediente clínico y suspiró.

—Señora Gu, la situación no es optimista.

—Sin tratamiento inmediato, probablemente…

Levanté la mano para detenerlo.

—Doctor.

—Por ahora no quiero que él conozca el diagnóstico.

El médico me miró sorprendido.

—¿Está segura?

Asentí.

—Necesito unos días.

Guardó silencio unos segundos antes de aceptar.

—Respetaremos su decisión.

Salí del hospital con el informe guardado en el bolso.

En ese momento sonó mi teléfono.

Era Gu Wei.

La hermana de Gu Cheng.

Contesté.

—¿Cuándo vienes a casa de mamá?

Su tono seguía siendo tan autoritario como siempre.

—Zhou… digo…

Se corrigió rápidamente.

—Hay alguien a quien queremos presentar oficialmente a la familia.

Sonreí sin hacer ruido.

Ya ni siquiera intentaban ocultarlo.

—Claro.

—Allí estaré.


La casa de la familia Gu estaba llena de risas.

Cuando entré, Zhou Di ya estaba sentada en el sofá.

Llevaba un vestido premamá color crema.

Sobre la mesa había frutas, suplementos y cajas de nidos de golondrina.

Mi suegra se levantó enseguida para ayudarla a caminar.

—Despacio, hija.

—No puedes cansarte.

Durante tres años de matrimonio jamás había recibido aquel trato.

Gu Cheng se quedó inmóvil al verme aparecer.

Su expresión cambió ligeramente.

—Nadie me dijo que ibas a venir.

Lo miré con tranquilidad.

—Pensé que era una reunión familiar.

Mi suegra frunció el ceño.

—Ya que has venido, prepara un poco de té.

Nadie pareció encontrar extraña aquella orden.

Como si yo fuera una invitada incómoda.

Mientras hervía el agua en la cocina escuché las voces del salón.

Gu Wei reía.

—Dentro de unos meses nuestro apellido Gu por fin tendrá heredero.

Mi suegra respondió orgullosa.

—Esta vez sí tendremos un nieto.

Sentí un leve escalofrío.

No porque hablaran del niño.

Sino porque ya me habían borrado completamente de su futuro.

Regresé al salón con la bandeja del té.

Dejé una taza delante de cada uno.

La última fue para Zhou Di.

Ella levantó la vista hacia mí.

Sonrió con aparente timidez.

—Hermana…

—Gracias.

Observé lentamente su vientre.

Luego saqué del bolso un sobre blanco.

Lo coloqué sobre la mesa.

Todos guardaron silencio.

Gu Cheng frunció el ceño.

—¿Qué es eso?

Lo miré directamente.

Mi voz seguía siendo tan serena como el primer día.

—Pensé que ya era hora de dejar de fingir.

Empujé lentamente el sobre hacia él.

—Aquí dentro hay dos documentos.

Hice una breve pausa.

—El primero es el acuerdo de divorcio.

Sus pupilas se contrajeron.

Nadie tuvo tiempo de reaccionar.

Continué hablando.

—El segundo…

Mi mirada recorrió lentamente a toda la familia Gu.

Finalmente volvió a detenerse en Gu Cheng.

—Es el informe médico que demuestra que te queda muy poco tiempo para decidir qué clase de hombre quieres ser… antes de que sea demasiado tarde.

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