PARTE 2: LA CÁMARA.

La patrulla apenas había avanzado unos metros cuando pedí hablar con el oficial.

—Hay una cámara de seguridad en el comedor.

El policía me miró por el espejo.

—¿Qué quiere decir?

—Grabó todo.

No añadió nada.

Solo tomó nota.

Mientras tanto, Alejandro era llevado al hospital entre gritos de dolor.

Beatriz no dejaba de señalarme.

—¡Intentó matar a mi hijo!

Regina lloraba abrazada a varios familiares.

—Siempre supe que estaba desequilibrada.

Yo permanecí en silencio.

Por primera vez desde la bofetada, dejé que el miedo me alcanzara.

Había reaccionado impulsivamente.

Eso nadie podía cambiarlo.

Pero también sabía que toda aquella escena no había comenzado con el aceite.

Había empezado mucho antes.

En la comisaría entregué mi declaración sin modificar una sola palabra.

Reconocí que lancé el aceite.

Reconocí que Alejandro resultó gravemente herido.

Y también expliqué cada provocación sufrida desde el día de la boda.

Dos horas después, un detective entró con una carpeta.

—Ya revisamos las cámaras.

Beatriz, que esperaba acompañada por su abogado, sonrió con arrogancia.

—Perfecto. Así verán que esa mujer atacó a mi hijo sin motivo.

El detective conectó una pantalla.

La grabación comenzó.

Se veía claramente cómo yo llevaba la sopera con ambas manos.

Después apareció Regina.

Nadie necesitó explicación.

Ella giró deliberadamente el hombro y golpeó mi brazo.

La sopa cayó.

No fue un accidente.

La siguiente imagen mostró algo todavía peor.

Regina sonrió durante una fracción de segundo antes de empezar a llorar.

El abogado dejó de escribir.

Beatriz perdió la sonrisa.

Luego apareció Alejandro.

No preguntó qué había ocurrido.

No intentó separar a nadie.

Se acercó directamente hacia mí.

La cámara registró perfectamente el momento en que levantó la mano y me golpeó delante de toda la familia.

El sonido de la bofetada quedó grabado con absoluta claridad.

La sala permaneció en silencio.

El detective detuvo el video.

—Continúe.

La grabación siguió avanzando.

Yo permanecía inmóvil.

Podía verse mi respiración acelerada.

Mi mirada fija sobre la cocina.

Después tomé el sartén.

El detective pausó nuevamente.

—La agresión existió.

Miró a todos los presentes.

—Pero también queda acreditado que antes hubo una provocación deliberada y una agresión física contra la señora Mariana.

El abogado de Beatriz carraspeó.

—Eso no justifica…

—No.

Respondió el detective.

—Pero sí cambia completamente la investigación.

En ese momento sonó el teléfono del oficial.

Escuchó durante unos segundos.

Su expresión cambió.

Colgó lentamente.

Después miró directamente a Regina.

—Acabamos de recibir otra grabación.

Fruncí el ceño.

—¿Otra?

El detective asintió.

—La cámara de la cocina siguió grabando varios minutos antes del incidente.

Giró la pantalla hacia nosotros.

Y la primera imagen mostraba a Regina mezclando discretamente un pequeño frasco transparente dentro de la sopa que toda la familia iba a comer.

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