Sostuve el vaso de café entre las manos hasta que el líquido dejó de desprender vapor.
El teléfono volvió a iluminarse.
Era otro mensaje de Xia Zhiyan.
«Lan Lan, por favor, responde.»
Lo borré sin siquiera abrir la conversación.
Después abrí el cajón del escritorio.
El informe del análisis seguía exactamente donde lo había dejado.
“Ocho semanas de embarazo.”
Pasé lentamente la yema de los dedos sobre aquellas palabras.
Tres días atrás había salido del laboratorio con el corazón acelerado.
Incluso había comprado un pequeño par de patucos blancos.
Pensaba esconderlos dentro de una caja de regalo y entregárselos después de cenar.
Había imaginado su expresión de sorpresa una y otra vez.
Ahora comprendía que todo aquello solo existía en mi imaginación.
A las seis de la mañana terminó mi turno.
Mientras me cambiaba de ropa, la enfermera Lin entró apresuradamente.
—Doctora Wen, el señor Xia sigue esperando fuera.
Me quedé inmóvil durante unos segundos.
Finalmente respiré hondo.
—Dile que ya salgo.
Cuando crucé las puertas automáticas del hospital, Xia Zhiyan estaba de pie junto a su coche.
Tenía los ojos enrojecidos y la camisa arrugada.
Parecía no haber dormido en toda la noche.
Al verme, caminó rápidamente hacia mí.
—Lan Lan.
Retrocedí un paso antes de que pudiera acercarse.
Su mano quedó suspendida en el aire.
—Quiero explicártelo.
—¿Explicar qué?
Mi voz era sorprendentemente tranquila.
Él bajó la mirada.
—Qianqian regresó hace un mes.
—Lo sé.
—Ella… estaba muy deprimida.
—También lo sé.
—Una noche bebió demasiado.
Hizo una pausa antes de continuar.
—Todo fue un accidente.
Lo miré fijamente.
—¿Un accidente de siete semanas?
Su rostro perdió inmediatamente el color.
Durante varios segundos fue incapaz de pronunciar una sola palabra.
Finalmente preguntó con voz temblorosa:
—¿Cómo… sabes eso?
Solté una sonrisa que ni siquiera parecía mía.
—Porque soy médica.
—Leí personalmente su historial.
Su respiración comenzó a acelerarse.
—Lan Lan, escúchame…
—No hace falta.
Intentó sujetarme del brazo.
Lo aparté con firmeza.
—¿La amas?
Él abrió la boca.
Pero el silencio fue suficiente respuesta.
Asentí lentamente.
Todo estaba claro.
Durante diez años había esperado a Ou Qianqian.
Yo solo había sido la persona que ocupó el asiento vacío mientras ella estaba lejos.
En ese momento sonó su teléfono.
La pantalla mostró un nombre que conocía demasiado bien.
“Qianqian.”
Él dudó apenas un segundo.
Después respondió de inmediato.
—¿Qianqian?
Desde el otro lado se escuchó un llanto desesperado.
—Zhiyan… tengo mucho miedo… el bebé vuelve a dolerme…
Él cambió completamente de expresión.

—No llores. Voy enseguida.
Colgó y me miró con culpa.
—Lan Lan… ella me necesita.
Lo observé durante unos segundos.
Luego abrí lentamente el bolso.
Saqué el sobre blanco que había guardado toda la noche.
Era el resultado de mi embarazo.
Lo sostuve entre los dedos.
Bastaba con entregárselo para cambiar por completo aquella conversación.
Pero, al ver cómo ya había elegido a quién correr a proteger, comprendí que algunas noticias llegaban demasiado tarde.