Daniel entró en la cuenta de administrador del sistema de seguridad.
Las cuatro cámaras aparecían desconectadas desde hacía nueve días.
Frunció el ceño.
Él mismo había instalado aquel sistema antes de viajar.
Nadie podía desactivarlo sin conocer la contraseña principal.
Revisó el historial.
Alguien había iniciado sesión con su usuario.
Desde el departamento.
Dos horas después de que Mariana regresara del hospital.
Abrió la copia de seguridad almacenada en la nube.
Tres cámaras mostraban una pantalla negra.
La cuarta seguía funcionando.
Era una pequeña cámara escondida bajo un gabinete de la cocina.
Nadie recordaba que existía.
Daniel comenzó a reproducir el primer video.
Mariana entró lentamente al departamento con Mateo en brazos.
Apenas podía caminar.
La cesárea todavía le impedía mantenerse derecha.
Teresa apareció inmediatamente.
Le quitó al bebé de los brazos.
—No lo cargues tanto.
Se malacostumbra.
Mariana sonrió débilmente.
—Solo quiero alimentarlo.
Teresa dejó al niño en la canastilla.
—Primero guarda tus cosas.
Mientras Mariana caminaba hacia la habitación, Karla abrió el refrigerador.
Sacó varias bolsas de carne.
Después la leche.
Luego las frutas.
Iván cargó todo hacia la puerta.
Daniel frunció el ceño.
Miró la fecha.
Era el mismo día en que él había llenado el refrigerador desde Monterrey mediante un servicio de supermercado.
No entendía nada.
El video avanzó.
Teresa abrió un cajón.
Sacó el sobre donde Daniel había dejado dinero en efectivo para emergencias.
Contó los billetes lentamente.
Sonrió.
—Con esto alcanza para el hotel.
Karla respondió riendo.
—Y todavía sobra para comprar ropa.
Mariana volvió desde la habitación.
—¿Qué hacen?
Teresa cerró el sobre.
—Administrando el dinero.
Tú acabas de salir del hospital.
No entiendes estas cosas.
Mariana miró las bolsas junto a la puerta.
—¿Por qué están sacando la comida?
Teresa respondió sin mirarla.
—Porque nosotros también tenemos que comer.
Daniel sintió que la mandíbula comenzaba a tensarse.
El video pasó al día siguiente.
Mariana preparó un caldo usando los últimos ingredientes que quedaban.
Antes de servirlo, Teresa tomó la olla.
La vació en varios recipientes.
—Nos lo llevaremos.
Karla abrió el refrigerador.
Solo quedó una botella de agua y un paquete de sopa instantánea.
Mariana bajó lentamente la cabeza.
No discutió.
Simplemente calentó agua.
El tercer día fue peor.
Mateo lloraba desconsoladamente.
Mariana abrió el bote de fórmula especial.
Estaba vacío.
Miró alrededor confundida.
Teresa apareció detrás de ella.
—Ya no había.
Compra otra.
—Pero Daniel dejó dinero.
Teresa sonrió.
—Ese dinero ya tiene otro destino.
La cámara siguió grabando.
Iván cargó las maletas hasta la puerta.
Karla apareció con un sombrero de playa.
Todos reían.
Antes de salir, Teresa pegó una nota en el refrigerador.
La misma nota que Daniel había encontrado al regresar.
Luego hizo algo que le heló la sangre.
Se acercó exactamente debajo del gabinete.
Miró directamente hacia la cámara oculta.
Y dijo sonriendo:
—Si Daniel revisa las cámaras…
Que encuentre esto.
Levantó la mano.
Iván cubrió tres cámaras con cinta negra.
Pero olvidó aquella pequeña lente escondida.
Teresa soltó una carcajada.
—Da igual.
Nunca se acordará de esa.
Daniel dejó de respirar.
El video todavía no había terminado.
Avanzó hasta la noche del treinta de diciembre.
Mariana estaba sentada exactamente en la misma silla donde él la encontró.
Tenía fiebre.
Intentó levantarse.
Las piernas le fallaron.
Cayó de rodillas.
Mateo comenzó a llorar.
Ella gateó lentamente hasta la canastilla.
Lo abrazó.
Y empezó a llorar junto con él.
No había nadie más en el departamento.
Durante más de nueve horas.
Nadie entró.
Nadie llamó.
Nadie preguntó cómo estaban.
Daniel cerró los ojos.
Las manos le temblaban.
Respiró profundamente antes de abrir el último archivo.
Era una grabación hecha desde el lobby del edificio.
Mostraba a Teresa, Karla e Iván saliendo con maletas.
Pero justo antes de subir al taxi…
Un hombre elegante se acercó a ellos.
Les entregó un sobre grueso.
Teresa sonrió al verlo.
Le estrechó la mano.
Y dijo una frase que hizo que Daniel detuviera inmediatamente el video.

—Quédese tranquilo.
Mi hijo nunca descubrirá quién le pidió que desapareciéramos a Mariana y al bebé.