PARTE 2: SIN REGRESO

A la mañana siguiente, Chen Mo se levantó antes que yo.

Preparó un termo con agua caliente y hasta insistió en llevar mi maleta al taxi.

Parecía un esposo atento.

Como si la noche anterior no hubiera vaciado en secreto la cuenta que contenía el dinero para la operación de nuestra hija.

Antes de cerrar la puerta, se agachó para besar a Nuo Nuo en la frente.

—Papá volverá temprano para jugar contigo.

La niña sonrió débilmente.

Su piel seguía demasiado pálida.

Yo aparté la mirada.

No quería que él viera el odio que empezaba a crecer dentro de mí.

Cuando el taxi dobló la esquina, no fui al aeropuerto.

Fui directamente al despacho de mi abogado.

El letrero de la puerta decía:

Bufete Lin & Asociados.

La abogada Lin me esperaba con una carpeta azul.

—¿Ya lo decidió?

Asentí.

—Sí.

Empujé hacia ella mi libreta bancaria.

Los informes médicos de Nuo Nuo.

Las capturas de la transferencia de los treinta y ocho mil yuanes.

Y un cuaderno donde, durante siete años, había anotado cada préstamo, cada transferencia y cada gasto que la familia de Chen Mo había sacado de nuestro hogar.

Lin hojeó lentamente las páginas.

Su expresión se volvió cada vez más seria.

—¿Todo esto salió de bienes comunes del matrimonio?

—Sí.

—¿Y él nunca pidió su consentimiento?

Negué con la cabeza.

—Siempre me avisaba después.

O simplemente me enteraba cuando el dinero ya había desaparecido.

La abogada cerró la carpeta.

—Con esto podemos solicitar la división del patrimonio y alegar ocultación y disposición unilateral de bienes matrimoniales.

Respiré profundamente.

—Solo tengo una condición.

—¿Cuál?

Miré la fotografía de Nuo Nuo que llevaba en mi cartera.

—Quiero la custodia absoluta de mi hija.

Lin sonrió con seguridad.

—Con el historial médico de la niña y estas pruebas, sus posibilidades son muy altas.

Por primera vez en mucho tiempo sentí que podía respirar.

Esa misma tarde alquilé un pequeño apartamento cerca del hospital infantil.

No era grande.

Pero desde la ventana podía verse el parque donde Nuo Nuo siempre quería jugar después de las consultas.

Firmé el contrato.

Después cambié de número de teléfono.

Solo dejé activo el antiguo durante unas horas más.

Exactamente las necesarias.

A las ocho de la noche, Chen Mo llamó.

—¿Ya llegaste?

Respondí con calma.

—Sí.

—¿Cómo estuvo el vuelo?

—Bien.

—Nuo Nuo acaba de preguntar por ti.

Guardé silencio unos segundos.

—Cuídala esta noche.

Será la última.

Él rio.

—¿Qué quieres decir?

No respondí.

Colgué.

Cinco minutos después recibió el primer documento enviado por mi abogada.

Demanda de divorcio.

Solicitud de custodia.

Medidas cautelares sobre los bienes comunes.

A los pocos segundos comenzó a llamarme una y otra vez.

No contesté.

A las nueve y media sonó el teléfono del despacho de la abogada Lin.

Ella activó el altavoz.

La voz de Chen Mo sonaba alterada.

—¡Esto tiene que ser una broma!

—Solo fueron treinta y ocho mil yuanes.

—¡Era para ayudar a mi hermano!

Lin respondió con absoluta serenidad.

—Señor Chen, esos treinta y ocho mil yuanes estaban destinados a la cirugía de su hija.

Al otro lado hubo un silencio incómodo.

Después él murmuró:

—Podíamos reunir el dinero otra vez…

Yo tomé el teléfono.

—¿Y si durante ese tiempo Nuo Nuo empeora?

Él no respondió.

Continué.

—Durante siete años siempre encontraste dinero para tu madre.

Para tu hermano.

Para los problemas de todos.

Excepto para la única persona que realmente dependía de nosotros.

Respiró con dificultad.

—Qingqing…

—No.

Lo interrumpí.

—A partir de ahora solo hablarás con mi abogada.

Escuché cómo su respiración se aceleraba.

—¿De verdad vas a destruir esta familia por dinero?

Miré la fotografía de nuestra hija.

Después respondí con una tranquilidad que incluso a mí me sorprendió.

—No.

—Esta familia se destruyó el día que elegiste comprarle un coche a tu hermano… con el corazón de tu hija.

Colgué.

Apagué definitivamente aquel número.

Frente a la ventana, las luces de la ciudad comenzaban a encenderse.

Por primera vez en siete años no sentí miedo por el futuro.

Porque ya había comprendido algo muy simple.

El verdadero viaje de trabajo nunca existió.

El único viaje que había empezado…

Era el camino de regreso hacia mí misma.

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