PARTE 2 — LA CIRUJANA QUE TODOS SUBESTIMARON

Nadie se atrevió a hablar durante varios segundos.

El oficial que todavía estaba frente a mí retiró la mano como si acabara de tocar fuego.

Su rostro perdió todo el color.

—¿Profesora… Xu?

El director del Hospital Militar frunció el ceño al notar el silencio incómodo de la sala.

—¿Ocurre algún problema?

Nadie respondió.

Todos seguían mirándome.

El mismo grupo que cinco minutos antes se burlaba de mi supuesto fracaso ahora parecía incapaz de sostenerme la mirada.

Adrian fue el primero en reaccionar.

—Director… ¿está seguro de que no hay un error?

El director lo observó sorprendido.

—General Gu, ¿cómo podría haber un error?

Sacó una carpeta con sellos rojos.

—La profesora Mia Xu dirige actualmente el programa internacional de cirugía reconstructiva militar.

—Ha desarrollado tres técnicas utilizadas en hospitales de combate.

—Ha operado a más de mil doscientos soldados con una tasa de supervivencia récord.

—Y el Ministerio de Defensa autorizó personalmente su regreso para este caso.

Cada frase hacía que la habitación se volviera más silenciosa.

Evelyn apretó con fuerza la copa.

—¿Ella… es esa profesora Xu?

Uno de los cirujanos respondió con orgullo.

—La doctora más joven en recibir la Medalla Nacional de Innovación Médica.

—Muchos de nosotros estudiamos utilizando sus investigaciones.

Las risas desaparecieron por completo.

El hombre que me había ofrecido mil yuanes bajó la cabeza.

—Doctora Xu…

—Yo…

Lo interrumpí con calma.

—No hace falta disculparse.

—Solo recuerde que el respeto nunca debería depender del cargo de una persona.

No añadí nada más.

El director abrió la puerta.

—Profesora, el paciente ya está preparado.

Asentí.

Mientras caminábamos hacia el vehículo oficial, escuché los pasos de Adrian detrás de mí.

—Mia.

Me detuve.

No por él.

Porque todavía llevaba mi expediente médico en la mano.

Él respiró profundamente.

—Nunca imaginé…

—Lo sé.

—¿Por qué nunca dijiste quién eras realmente?

Lo miré con tranquilidad.

—Porque hace diez años tampoco te interesó saberlo.

Sus labios se tensaron.

No encontró respuesta.

Durante el trayecto al hospital nadie volvió a hablar.

Al llegar, más de cuarenta médicos y enfermeros esperaban en formación.

En cuanto crucé la entrada principal, todos se pusieron de pie.

—Buenas noches, profesora Xu.

Respondí con una leve inclinación de cabeza.

—Revisemos nuevamente las imágenes.

Entramos directamente a la sala de conferencias.

El abuelo de Adrian presentaba un aneurisma extremadamente complejo.

La intervención podía superar las doce horas.

Mientras analizábamos los estudios, la puerta volvió a abrirse.

Entró un coronel de logística.

—Profesora Xu.

—El avión del general Daniel Lu acaba de aterrizar.

Varias personas levantaron la vista.

El coronel continuó.

—El general insiste en verla antes de que entre al quirófano.

Sonreí ligeramente.

—Díganle que esperaré cinco minutos.

Adrian permanecía inmóvil al otro lado de la mesa.

Finalmente preguntó en voz baja:

—¿Daniel Lu… es realmente tu esposo?

Lo miré con absoluta serenidad.

—Sí.

—Llevamos ocho años casados.

Vi cómo la noticia terminaba de derrumbar algo dentro de él.

Pero aún no era lo peor.

En ese momento, un joven oficial entró apresuradamente con una tableta.

—General Gu.

—Acabamos de recibir una denuncia anónima.

Adrian frunció el ceño.

—¿Sobre qué?

El oficial tragó saliva.

—Sobre una posible filtración de información confidencial relacionada con la operación de su abuelo.

Toda la sala quedó en silencio.

Entonces el oficial añadió una frase que hizo que Evelyn dejara caer el teléfono al suelo.

—Y los primeros registros apuntan a alguien muy cercano a usted.

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