PARTE 2: La Carpeta Oculta

Renata no cerró la computadora.

Tampoco intentó copiar toda la información.

Sabía que no tenía tiempo.

Graciela acababa de apagar el motor del automóvil.

Escuchó cómo se cerraba la puerta principal.

Tomó rápidamente su teléfono y fotografió la pantalla completa.

Después abrió la carpeta llamada “CUSTODIA LUCÍA”.

Había varios documentos.

Uno llevaba un nombre que le heló la sangre.

“Internamiento psicológico”.

Lo abrió.

Era una solicitud preparada para pedir que un juez ordenara una evaluación psiquiátrica contra ella.

Los supuestos fundamentos eran absurdos.

“Conducta agresiva.”

“Posible inestabilidad derivada del servicio militar.”

“Riesgo para la menor.”

Renata sintió un nudo en el estómago.

Todo estaba preparado.

No querían solo echarla de la casa.

Querían quitarle a Lucía.

Escuchó pasos en el recibidor.

Abrió otro archivo.

“Cronograma lunes”.

Le bastaron diez segundos para comprender el plan.

08:00 horas.

Presentar la falsa prueba de ADN ante el abogado familiar.

09:30.

Registrar el cambio de domicilio de Mauricio.

11:00.

Solicitar medidas provisionales de custodia.

13:00.

Transferir definitivamente la vivienda a una sociedad llamada Grupo Horizonte.

Las piernas comenzaron a temblarle.

Aquellos novecientos veinte mil pesos no habían desaparecido por casualidad.

Eran el pago inicial de la operación.

Entonces apareció otro documento.

“Paola – Acuerdo”.

Lo abrió.

Era un contrato laboral.

Paola recibiría un puesto como directora administrativa en la empresa de Mauricio inmediatamente después del divorcio.

Debajo había un mensaje firmado por él.

“Gracias por ayudarme. Cuando Renata salga de la casa, podremos anunciar nuestra relación sin problemas.”

Renata cerró los ojos durante un instante.

No solo había preparado una prueba falsa.

Llevaba meses viviendo una doble vida.

En ese momento escuchó la voz de Graciela.

—¡Mauricio! ¿Ya llegaste?

Renata contuvo la respiración.

La suegra avanzaba directamente hacia el estudio.

Tomó las últimas fotografías.

Envió toda la carpeta a su abogada.

Después escribió un único mensaje al general Tomás.

“Tenía razón. No era solo la prueba.”

“Intentan quitarme a Lucía el lunes.”

Pulsó enviar.

La puerta del estudio comenzó a abrirse.

Renata apenas tuvo tiempo de apagar el monitor y esconderse detrás de la biblioteca.

Graciela entró hablando por teléfono.

—Sí, licenciado…

Revisó la computadora.

Al verla apagada, respiró tranquila.

—Todo sigue en orden.

Hizo una pausa mientras escuchaba.

Después pronunció una frase que hizo que la sangre de Renata se congelara.

—No se preocupe.

—El juez ya aceptó reunirse con nosotros mañana por la noche.

—Con el dinero que Mauricio le entregó, el lunes esa militar perderá a la niña antes del mediodía.

Renata apretó el teléfono con tanta fuerza que casi lo rompió.

Pero justo entonces…

…el celular de Graciela vibró.

Ella sonrió al leer el nombre del remitente.

General Brigadier Tomás Alvarado.

Abrió el mensaje sin imaginar que aquella respuesta acababa de destruir por completo el plan que llevaban semanas preparando.

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