PARTE 2: EL HOMBRE ARRODILLADO

Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.

Conocía aquel rostro.

No por su nombre.

Sino porque lo había visto demasiadas veces en la casa de Vanessa.

Era Richard Evans.

El director financiero de la empresa donde mi hermana trabajaba.

El hombre que siempre aparecía cuando ella hablaba de “oportunidades importantes”.

Richard levantó lentamente la cabeza.

Cuando me vio, abrió mucho los ojos.

—¿Señorita Rivers…?

Carter no apartó la vista de él.

—¿La conoces?

Richard tragó saliva.

—Sí.

El silencio cayó sobre el balcón.

Vanessa apareció en la puerta con una copa de champán entre las manos.

Su sonrisa desapareció en cuanto reconoció al hombre arrodillado.

El cristal se deslizó entre sus dedos.

No llegó a romperse.

Lo sostuvo en el último instante.

Pero yo vi cómo le temblaban las manos.

Carter lo notó.

También la estaba observando.

—Interesante.

Su voz seguía siendo tranquila.

—Los dos reaccionaron exactamente igual.

Vanessa recuperó rápidamente la compostura.

—No entiendo qué está pasando.

Caminó hasta nosotros con elegancia.

—Carter, todos los invitados te están esperando.

Él no respondió.

Seguía mirando a Richard.

—Empieza.

Richard respiró profundamente.

—Hace seis meses…

Miró de reojo a Vanessa.

—Alguien comenzó a vender información sobre sus adquisiciones antes de que fueran públicas.

Carter permanecía inmóvil.

—Continúa.

—Al principio pensé que era un empleado del departamento jurídico.

Luego descubrí que las filtraciones siempre coincidían con eventos sociales.

Con cenas.

Con galas.

Con reuniones donde asistían determinadas personas.

Vanessa cruzó lentamente los brazos.

—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

Richard cerró los ojos un instante.

—Todo.

Ella soltó una pequeña risa.

—¿Vas a acusarme delante de todos?

—No.

Metió la mano en el bolsillo interior del saco.

Sacó un teléfono.

Lo dejó sobre la mesa del balcón.

—Voy a mostrarlo.

Carter hizo un leve movimiento con la cabeza.

Uno de los hombres de seguridad conectó inmediatamente el dispositivo a la enorme pantalla del salón.

La música se detuvo.

Los invitados levantaron la vista.

Aparecieron decenas de mensajes.

Transferencias.

Fotografías de documentos confidenciales.

Y una conversación.

Vanessa: “Necesito saber qué empresa comprará Battaglia el próximo trimestre.”

Richard: “Eso es información reservada.”

Vanessa: “Te pagaré el doble que la competencia.”

Los murmullos comenzaron a extenderse por el salón.

Vanessa perdió por primera vez el control.

—¡Eso está manipulado!

Richard negó lentamente.

—Hay más.

Pasó al siguiente archivo.

Una grabación de voz.

La voz de Vanessa llenó todo el hotel.

“No me interesa el dinero. Me interesa acercarme a Carter Battaglia. Cuando me case con él, tendré acceso a todo.”

El salón quedó completamente en silencio.

Yo observaba a mi hermana sin reconocerla.

Ella siempre había dicho que solo buscaba amor.

Ahora todos escuchaban cuál había sido realmente su objetivo.

Vanessa giró inmediatamente hacia Carter.

—No le creas.

Él seguía completamente inmóvil.

—¿Terminaste?

Ella dio un paso hacia él.

—Carter…

Él levantó una mano.

Fue suficiente para detenerla.

Después hizo una pregunta inesperada.

—¿Sabes quién me pidió investigar las filtraciones?

Vanessa frunció el ceño.

—¿Qué?

Carter la miró directamente.

—La junta directiva.

Respiró lentamente.

—¿Y sabes quién sugirió tu nombre como principal sospechosa hace tres meses?

Ella comenzó a negar con desesperación.

—No…

Carter señaló lentamente hacia mí.

Sentí un sobresalto.

—Fue ella.

Todo el salón volvió la cabeza hacia mí.

Incluso yo me quedé inmóvil.

—¿Yo?

Él asintió.

—Hace tres meses visitaste una exposición de arte patrocinada por mi fundación.

Recordé inmediatamente aquella tarde.

—¿La pintura de Venecia?

—Exacto.

Sonrió apenas.

—Mientras todos observaban los cuadros…

Hizo una breve pausa.

—Tú fuiste la única persona que se dio cuenta de que una de las obras había sido sustituida por una copia antes de la inauguración.

Los invitados comenzaron a mirarme con sorpresa.

—Informaste discretamente al curador.

Gracias a eso descubrimos quién estaba robando obras originales.

Respiré lentamente.

Solo había pensado que alguien debía saberlo.

Nunca imaginé que aquello llegaría hasta él.

Carter continuó.

—Ese mismo día pedí un informe sobre ti.

Vanessa sintió cómo el rostro se le endurecía.

Ahora entendía por qué Carter la había ignorado desde el principio.

Nunca la había estado observando a ella.

Siempre me había estado buscando a mí.

En ese momento, uno de los escoltas se acercó rápidamente.

Le entregó una carpeta negra.

Carter la abrió.

Leyó apenas la primera página.

Después levantó lentamente la vista hacia Vanessa.

Su expresión se volvió completamente fría.

—Parece que acabamos de encontrar algo mucho más grave que espionaje corporativo.

Vanessa dejó de respirar por un instante.

—¿Qué… qué encontraron?

Carter cerró la carpeta.

La sostuvo entre las manos.

Y pronunció una frase que hizo que incluso yo sintiera un escalofrío.

—El pastel que casi mata a la hija del gobernador hace cuatro años… nunca fue un accidente. Y la única persona que aparece comprando el ingrediente que provocó aquella reacción alérgica… es tu hermana mayor, Vanessa Rivers.

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