PARTE 2: LA FIRMA FALSA

Todo el auditorio quedó en silencio.

Leo no levantó la cabeza.

Por primera vez desde que lo conocía, evitó mirarme.

Gabriel Shen sostuvo el formulario entre dos dedos.

—Voy a repetir la pregunta.

Su voz era tranquila, pero firme.

—¿Por qué este documento fue enviado desde la cuenta escolar del estudiante Leo Pei?

Los profesores comenzaron a mirarse entre sí.

El director dio un paso hacia Leo.

—¿Puedes explicarlo?

Leo respiró hondo.

—Yo… solo ayudé a enviarlo.

—¿Ayudaste a quién?

Antes de que pudiera responder, Camila dio un paso adelante.

Tenía las manos temblando.

—Fui yo…

Las cámaras giraron inmediatamente hacia ella.

—Leo solo quería ayudarme.

—Camila.

La voz de Gabriel la interrumpió.

—No respondas por otra persona.

Miró nuevamente a Leo.

—Quiero escucharlo de él.

Leo levantó finalmente la vista.

—Valeria siempre quiso ayudar a Camila.

Lo dijo con una seguridad que habría resultado convincente unos minutos antes.

Ahora ya no.

—Ella es demasiado tímida para hacer este tipo de anuncios.

Por eso…

Señaló el formulario.

—Preparé todo por adelantado.

Pensé que después simplemente firmaría.

Lo miré fijamente.

—¿Pensaste… o decidiste por mí?

Él guardó silencio.

Continué.

—¿Cuándo te di permiso para llenar un formulario con mi nombre?

No respondió.

—¿Cuándo te autoricé a comunicarte con el comité de becas?

Nada.

—¿Cuándo acepté donar doscientos mil yuanes?

Los murmullos crecieron otra vez.

Una profesora del fondo comenzó a negar lentamente con la cabeza.

Gabriel pasó la hoja al director.

—Observe la firma.

El director la comparó con la firma que aparecía en mi expediente académico.

Frunció el ceño.

—Son muy parecidas.

Gabriel asintió.

—Sí.

Después señaló un pequeño detalle.

—Pero aquí la presión cambia completamente en los últimos trazos.

Volvió a mirarme.

—¿Puede escribir su nombre ahora mismo?

Asentí.

Me entregó un bolígrafo.

Firmé sobre una hoja en blanco.

Él colocó ambas firmas una junto a la otra.

La diferencia resultaba evidente.

La primera imitaba mi letra.

La segunda era natural.

Sin pausas.

Sin correcciones.

Gabriel respiró profundamente.

—Esta firma fue imitada.

El salón entero estalló en murmullos.

Mi madre se llevó una mano a la boca.

Mi padre cerró lentamente el puño.

El director miró a Leo.

—¿Quién hizo esto?

Leo comenzó a ponerse nervioso.

—No… no era para hacer daño.

—No respondas otra cosa.

La voz de Gabriel sonó mucho más dura.

—¿Quién firmó este documento?

Leo permaneció callado.

Entonces Camila rompió a llorar.

—¡Fui yo!

Todo el mundo volvió a mirarla.

Ella negaba una y otra vez.

—Leo no quería hacerlo.

Yo insistí.

Le dije que Valeria jamás aceptaría.

Pensé…

Su voz comenzó a quebrarse.

—Pensé que si ya estaba anunciado delante de todos… ella no tendría más remedio que aceptar.

El auditorio quedó completamente inmóvil.

Mi madre dejó caer el huevo cocido que seguía sosteniendo.

Rodó por el escenario hasta detenerse junto al atril.

Mi padre respiró con dificultad.

Gabriel observó a Camila durante varios segundos.

—¿También imitaste la firma?

Ella bajó la cabeza.

Después respondió casi en un susurro.

—Sí.

El director cerró los ojos.

—¿Sabes lo que significa falsificar la firma de otra persona para disponer de una beca?

Camila comenzó a llorar con más fuerza.

—Yo solo quería estudiar…

Entonces ocurrió algo que nadie esperaba.

Leo dio un paso delante de ella.

—No la culpen.

Todos lo miraron.

—La idea fue mía.

Camila levantó la cabeza sorprendida.

Él continuó.

—Ella quería renunciar.

Fui yo quien le dijo que Valeria nunca dejaría sola a una amiga.

Sentí un vacío en el pecho.

—¿Amiga?

Lo miré directamente.

—Hace meses que apenas me hablas si Camila no está presente.

Nunca me preguntaste si necesitaba ese dinero.

Nunca preguntaste cuánto habían trabajado mis padres para que yo pudiera llegar hasta aquí.

Respiré profundamente.

—Solo decidiste que el esfuerzo de mi familia pertenecía a otra persona.

Leo abrió la boca.

Pero ya no tenía ninguna explicación.

Gabriel tomó nuevamente el micrófono.

—La ceremonia queda suspendida.

El formulario será entregado al comité disciplinario y al departamento jurídico para determinar las responsabilidades correspondientes.

Nadie aplaudió.

Nadie habló.

La transmisión seguía en directo.

Miles de personas acababan de ver cómo una historia preparada para celebrar la generosidad se transformaba en una investigación por falsificación de documentos.

Pero mientras todos observaban a Leo y a Camila…

Gabriel seguía mirando otro documento que acababa de recibir en su teléfono.

Levantó lentamente la vista hacia mí.

Y comprendí por su expresión que aquella firma falsa no era el único problema.

Alguien había intentado modificar también el registro oficial de mi cuenta bancaria para que, una vez aprobada la beca, los doscientos mil yuanes nunca llegaran a mis manos.

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