Mi padre guardó el teléfono sin cambiar la expresión.
—Ya está.
Miré por la ventana.
La camioneta donde viajaban Patricio, Carmen y Pía seguía avanzando entre el tráfico de Santa Fe.
Reían.
Brindaban con copas de champaña.
No imaginaban que, en ese mismo instante, su mundo acababa de empezar a derrumbarse.
—¿Qué hiciste? —pregunté.
Mi padre suspiró.
—No hice nada que no estuviera firmado desde hace tres años.
Lo miré sin comprender.
Él sacó una carpeta azul del asiento.
Dentro estaban los contratos que Patricio había firmado cuando aceptó el primer financiamiento para expandir su grupo inmobiliario.
—Ellos siempre creyeron que el dinero provenía de un fondo extranjero.
Pasó la primera página.
—En realidad, el capital pertenecía a nuestra empresa familiar.
Sentí un escalofrío.
—¿Nunca lo supieron?
Negó lentamente.
—Carmen jamás permitió que investigaran quién estaba detrás del fondo.
Solo le importaba recibir el dinero.
Mientras tanto, el teléfono de mi padre comenzó a sonar una y otra vez.
No contestó.
Las llamadas continuaban.
Hasta que apareció un mensaje.
“Línea principal suspendida.”
Un segundo después llegó otro.
“Banco Central bloqueó nuevas disposiciones.”
Y después otro más.
“Los inversionistas exigen pago inmediato.”
Mi padre guardó nuevamente el teléfono.
—Era cuestión de minutos.
Al otro lado de la ciudad, Patricio miró su banca electrónica.
Su sonrisa desapareció.
—¿Qué está pasando?
Pía intentó revisar la cuenta corporativa.
Error.
Carmen llamó al director financiero.
Nadie respondió.
Entonces sonó el teléfono de Patricio.
Activó el altavoz.
—Señor Garza…
La voz del contador sonaba desesperada.
—Todos los créditos fueron declarados exigibles.
Los bancos cancelaron las líneas de financiamiento.
No tenemos liquidez para terminar las obras.
Patricio sintió que el rostro perdía el color.
—Eso es imposible.
Tenemos contratos firmados hasta el próximo año.
—Los contratos incluyen una cláusula de aceleración.
Si cambia la estructura accionaria o el estado civil del socio principal…
El préstamo puede retirarse de inmediato.
Patricio cerró los ojos.
Recordó los documentos del divorcio.
—No…
El contador continuó.
—Su divorcio activó automáticamente esa cláusula.
Carmen arrebató el teléfono.
—¡Exijo hablar con el propietario del fondo!
Mi padre sonrió por primera vez.
Contestó la llamada.
—Lo está haciendo.
Del otro lado solo se escuchó silencio.
—¿Quién habla? —preguntó Carmen.
—El hombre al que llamó oportunista cuando su hija política entró por primera vez en su casa.
Las manos de Carmen comenzaron a temblar.
Reconoció inmediatamente la voz.
—Usted…
Mi padre respondió con absoluta calma.
—Durante tres años observé cómo humillaban a mi hija.
Esperé porque ella me pidió que respetara su matrimonio.
Hoy ese matrimonio terminó.
Y también terminó nuestra relación comercial.
La llamada se cortó.
Pensé que aquello bastaría para destruirlos.
Pero mi padre negó lentamente.
—Aún falta lo más importante.
Sacó un último documento.
Era el convenio de divorcio que acababa de firmar.
Señaló una cláusula casi escondida al final de la última página.
—¿La leíste?
Asentí.
—Renuncié a cualquier participación en sus empresas.
—Exacto.
Sonrió con serenidad.
—Y en ese mismo momento dejaron de existir los impedimentos legales que nos prohibían ejecutar las garantías.
En ese instante mi teléfono vibró.
Era una noticia de última hora.
“La Bolsa Mexicana suspende la cotización de Grupo Garza Desarrollos tras el incumplimiento de obligaciones financieras.”
Levanté la vista.
—¿Ya cayó todo?
Mi padre negó.
—Todavía no.
Miró por la ventana hacia el aeropuerto.

—Eso solo era el primer movimiento.
Su asistente volvió a llamar.
—Señor…
Encontramos algo inesperado durante la auditoría.
—¿Qué ocurrió?
—Los quinientos millones nunca fueron el verdadero problema.
Hay un segundo pasivo oculto.
Uno que jamás apareció en los estados financieros.
Mi padre frunció el ceño.
—¿De cuánto estamos hablando?
La respuesta hizo que incluso él guardara silencio durante unos segundos.
—Más de dos mil trescientos millones de pesos.
Y todos vencen… mañana a las nueve de la mañana.