PARTE 2: LA VERDAD QUE MI HIJO ESCUCHÓ POR ACCIDENTE

La mujer caminó hasta colocarse junto a Adrián.

Ni siquiera intentó ocultar la confianza con la que ocupó mi lugar.

—Hola, Olivia —dijo sonriendo—. Lamento que todo haya terminado así.

No respondí.

Ya no tenía fuerzas para discutir.

Solo quería salir de aquella oficina con mis hijos.

Entonces Mateo volvió a tirar suavemente de mi vestido.

Tenía el rostro completamente pálido.

—Mami…

Me agaché frente a él.

—¿Qué pasa, mi amor?

Sus labios comenzaron a temblar.

—Papá me dijo que tú ya no estabas en este mundo.

Sentí que el corazón dejaba de latir.

—¿Qué acabas de decir?

Mateo bajó la cabeza.

—Hace unos días fui a buscar mi mochila al despacho de papá.

La puerta estaba medio abierta.

Él hablaba con esa señora.

Señaló directamente a la mujer que acababa de entrar.

Ella perdió la sonrisa.

—Mateo, creo que entendiste mal…

—No.

El niño negó con firmeza.

—Papá dijo que era mejor que todos creyeran que mi mamá había desaparecido para siempre.

El silencio fue absoluto.

El notario levantó lentamente la vista.

Incluso la secretaria dejó de escribir.

Miré a Adrián.

—¿Es verdad?

Él tardó varios segundos en responder.

—No sabes interpretar las palabras de un niño.

Pero Mateo continuó.

—También dijiste que cuando nos fuéramos a vivir con ella…

Miró nuevamente a la mujer.

—Ya no volveríamos a hablar de mi mamá.

Sentí un escalofrío.

La mujer comenzó a ponerse nerviosa.

—Adrián…

Él le hizo una señal para que guardara silencio.

Pensé que intentaría negar todo.

Pero cometió un error.

—Mateo, eso era una conversación de adultos.

Comprendí inmediatamente que mi hijo decía la verdad.

El notario cerró lentamente la carpeta del divorcio.

—Señor Adrián…

¿Existe algún procedimiento relacionado con la custodia que este despacho desconozca?

Nadie respondió.

En ese momento sonó mi teléfono.

Era un mensaje de la directora del colegio de Mateo.

“Señora Olivia, necesitamos hablar con usted cuanto antes.”

Abrí el archivo adjunto.

Era una copia del formulario escolar para el siguiente ciclo.

En el apartado correspondiente a la madre aparecía una sola palabra.

Fallecida.

Sentí que las manos me temblaban.

—¿Quién entregó esto?

La directora respondió de inmediato.

“El padre de Mateo lo presentó personalmente hace dos semanas.”

Le mostré la pantalla al notario.

Su expresión cambió por completo.

—¿Declaró a la madre de su hijo como fallecida?

Adrián permaneció inmóvil.

La mujer dio un paso atrás.

Por primera vez parecía asustada.

Pensé que aquello era suficiente para detener el divorcio.

Pero la directora envió un segundo documento.

Era una solicitud de traslado escolar.

Destino.

Madrid, España.

Fecha de salida.

Dentro de ocho días.

Tutor responsable.

Adrián Navarro.

Madre.

Fallecida.

El notario dejó escapar un suspiro.

—Señor Adrián… eso significa que alguien estaba preparando la salida de los menores del país utilizando información presuntamente falsa.

Antes de que Adrián pudiera responder, la puerta volvió a abrirse.

Entró una mujer con uniforme del Registro Civil.

Traía una carpeta azul y preguntó en voz alta:

—¿Quién es la señora Olivia Navarro?

Levanté la mano.

La funcionaria me miró con evidente desconcierto.

—Entonces alguien tendrá que explicarme por qué, desde hace cuarenta y ocho horas…

el sistema nacional la registra oficialmente como fallecida.

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