Valeria sintió que la sangre abandonaba su rostro.
La pantalla del teléfono seguía iluminada.
Solo había un archivo.
Audio_17-09-XX_18:42.mp3
Su respiración comenzó a acelerarse.
—Eso… no puede existir.
Adrián sostuvo el teléfono sin apartar la vista de ella.
—Yo también creía que había desaparecido.
Valeria recordó perfectamente aquella tarde.
Su padre había entrado al despacho con una grabadora en la mano.
Delante de ella rompió la cinta.
Después la arrojó al fuego de la chimenea.
—Nunca volverás a escuchar esto —le había dicho.
Durante cinco años creyó aquella escena.
Hasta ese momento.
Adrián presionó el botón de reproducir.
La voz de su padre llenó el interior de la camioneta.
—No eres suficiente para mi hija.
Valeria cerró los ojos.
Aquellas palabras seguían doliendo igual que el primer día.
Después sonó la voz de un Adrián mucho más joven.
—La amo.
—Precisamente por eso debes desaparecer.
Hubo un silencio breve.
Luego llegó la frase que cambió toda su vida.
—Si realmente la quieres, convéncela de que te desprecia. Nosotros nos encargaremos del resto.
Valeria abrió los ojos de golpe.
Aquella parte…
Ella jamás la había escuchado.
Su padre había destruido la grabación antes.
La voz continuó.
—Esta noche la enviaremos a París.
No volverás a verla.
Si intentas buscarla…
Haré que ninguna empresa vuelva a contratarte.
Y me aseguraré de que tu madre pierda la casa donde vive.
Valeria dejó escapar un sollozo.
Miró lentamente a Adrián.
Él permanecía inmóvil.
Con la mandíbula completamente tensa.
—Nunca supe que había dicho eso…
Su voz apenas salió.
Adrián detuvo el audio.
—Yo sí.
El silencio volvió a instalarse entre los dos.
—¿Por qué nunca me buscaste?
Él soltó una risa amarga.
—¿Buscarte?
Guardó el teléfono.
—¿Después de escuchar tu voz diciéndome que sentías vergüenza de mí?
Valeria sintió que el corazón se rompía otra vez.
—No era verdad.
—Ahora lo sé.
—Entonces…
Las lágrimas comenzaron a caer.
—¿Por qué hiciste todo esto?
Adrián apoyó ambas manos sobre el volante.
Tardó varios segundos en responder.
—Porque necesitaba mirarte a los ojos cuando escucharas esa grabación.
Ella lo observó en silencio.
—Durante cinco años…
Él respiró profundamente.
—Quise odiarte.
Miró por el parabrisas.
—Trabajé día y noche.
Construí una empresa.
Compré edificios.
Multipliqué el dinero que nunca tuve.
Pensé que, cuando dejara de ser aquel muchacho pobre…
Dejaría de doler.
Negó lentamente.
—No funcionó.
Valeria bajó la cabeza.
—Lo siento.
Adrián volvió a mirarla.
—¿Sabes qué fue lo peor?
Ella negó con un leve movimiento.
—Que incluso creyendo que me habías abandonado…
Nunca conseguí enamorarme de otra mujer.
El aire pareció detenerse.
Valeria sintió un nudo en la garganta.
—La noticia de la boda…
—La inventé.
Él no intentó justificarlo.
—Necesitaba saber si todavía seguías escondiéndote por mi culpa.
Ella sonrió con tristeza.
—Funcionó.
—Lo sé.
Hubo otro largo silencio.
Esta vez ninguno de los dos apartó la mirada.
Finalmente Valeria preguntó en voz muy baja:
—¿Qué piensas hacer ahora?
Adrián abrió nuevamente el teléfono.
Pero esta vez no reprodujo el audio.
Abrió una carpeta llena de documentos.
Fotografías.
Correos electrónicos.
Transferencias bancarias.
Contratos.
—Mientras tú estabas en París…
Deslizó varias imágenes.
—Yo contraté investigadores.
Valeria frunció el ceño.
—¿Investigadores?
—Quería saber por qué desapareciste sin despedirte.
Pasó otra fotografía.
Era el despacho de su padre.
Después otra.
Su madre entrando en un banco.
Otra más.
Una reunión con varios abogados.
Finalmente apareció un documento con un sello oficial.
Adrián lo colocó frente a ella.
—Hace dos meses descubrí algo que cambia toda esta historia.
Valeria leyó las primeras líneas.
Sus pupilas se dilataron.
—No…
Levantó la vista lentamente.
—Eso no puede ser verdad.
Adrián habló por primera vez con una calma absoluta.
—Yo tampoco quería creerlo.
Señaló el documento.
—Pero tu padre nunca solo separó a dos adolescentes.

Hizo una pausa.
—Lo hizo para ocultar quién era el verdadero propietario del proyecto tecnológico con el que hoy construí mi fortuna.
Valeria sintió que el mundo volvía a derrumbarse bajo sus pies.
Porque comprendió que la mentira que destruyó su amor…
Nunca había sido únicamente sobre ellos dos.