PARTE 2: EL MENSAJE ROJO QUE NADIE MÁS PODÍA VER

Me quedé inmóvil en medio de la Quinta Avenida.

Los comentarios seguían flotando sobre mi cabeza.

Nadie más levantaba la vista.

Nadie parecía notar que el aire acababa de llenarse de frases imposibles.

Respiré hondo.

No corrí detrás de Julian.

En lugar de eso, saqué mi teléfono.

Treinta días.

Exactamente treinta.

Abrí el calendario.

La fecha de nuestra boda coincidía con el último día del conteo.

Sentí un escalofrío.

No era una casualidad.

Era una cuenta regresiva.

Entonces apareció otro comentario.

【La villana todavía no entiende que el acuerdo prenupcial hará que todo pase automáticamente.】

Fruncí el ceño.

Acuerdo prenupcial.

Nadie, excepto Julian, mi abogado y yo, sabía que existía.

¿Cómo podían conocer un documento confidencial?

Seguí caminando mientras fingía responder mensajes.

Los comentarios continuaban apareciendo.

【Después de la boda, Serena firmará la autorización del fideicomiso.】

【Tres horas más tarde desaparecerá durante el viaje en yate.】

【Toda la empresa Vale pasará a manos de Julian como estaba previsto.】

Mi corazón empezó a latir con fuerza.

Viaje en yate.

No era una predicción.

Era nuestro itinerario de luna de miel.

Ni siquiera se había anunciado públicamente.

Llegué al automóvil y cerré la puerta.

Las manos me temblaban.

Marqué inmediatamente a mi abogado.

—Edward, necesito una copia completa del acuerdo matrimonial.

—¿Ocurrió algo?

—Solo revísalo otra vez.

Todo.

Cada cláusula.

—Lo haré.

Pero debo decirte algo extraño.

Mi respiración se detuvo.

—¿Qué sucede?

—Hace dos días alguien llamó al despacho intentando modificar una cláusula del fideicomiso.

Sentí un vacío en el estómago.

—¿Quién?

—Una mujer.

Dijo que llamaba en tu nombre.

Pero su voz no era la tuya.

Colgué sin decir nada.

Los comentarios explotaron otra vez.

【¡No debería saber eso todavía!】

【¿Quién adelantó la información?】

【La historia se está desviando.】

Por primera vez, aquellas frases parecían… nerviosas.

Como si alguien estuviera perdiendo el control.

Mientras tanto, Julian llegó al hotel donde se hospedaba Amelia.

No estaba allí.

Solo encontró al niño sentado en el vestíbulo.

Cinco minutos después apareció Amelia.

Se veía pálida.

Mucho más delgada de lo que él recordaba.

Al verlo, rompió a llorar.

—Perdóname…

Julian fue directo al punto.

—¿Es mi hijo?

Amelia bajó lentamente la cabeza.

No respondió.

Los comentarios aparecieron también frente a mis ojos, aunque yo estaba a kilómetros de distancia.

【¡No contestes todavía!】

【El análisis de ADN pertenece al capítulo siguiente.】

Me quedé completamente inmóvil.

No solo veía los comentarios.

Ahora veía escenas que no estaba presenciando.

Como si alguien hubiera abierto una ventana invisible hacia la vida de Julian.

Entonces apareció una nueva línea roja.

【Advertencia. La protagonista secundaria está obteniendo acceso indebido al sistema narrativo.】

Una punzada atravesó mi cabeza.

La visión desapareció.

El teléfono sonó al mismo tiempo.

Era Edward.

Contesté de inmediato.

—Encontré algo.

Su voz sonaba tensa.

—El contrato que firmarás dentro de treinta días no es el mismo que aprobaste hace tres meses.

Sentí que el cuerpo se me helaba.

—¿Qué cambió?

—Hay un anexo nuevo.

Nunca estuvo aquí antes.

Si lo firmas…

Julian obtendrá el control temporal del consejo de administración de Vale Holdings.

Y si tú falleces durante el matrimonio…

El control se volverá permanente.

Permanecí varios segundos sin poder hablar.

Exactamente igual que decían los comentarios.

Edward respiró hondo antes de añadir:

—Hay algo más.

El archivo digital muestra que esa modificación fue realizada desde mi despacho.

Pero yo nunca la autoricé.

—¿Quién inició sesión?

Escuché el sonido de un teclado.

Después un silencio largo.

Demasiado largo.

—Eso es imposible…

—¿Qué ocurre?

Edward respondió con la voz quebrada.

—El registro dice que la modificación fue hecha usando tu identidad digital…

Hace veintiséis días.

A las 2:14 de la madrugada.

Pero según tu pasaporte…

A esa hora estabas volando de regreso desde Londres.

No había forma de que fueras tú.

En ese instante apareció el comentario que más miedo me dio desde que todo empezó.

【Ya comenzaron a reemplazar los documentos.】

【Dentro de poco… también reemplazarán a Serena.】

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