La transmisión en vivo terminó.
Pero el escándalo apenas comenzaba.
En menos de una hora, el video del director general Wang destrozando el micrófono apareció en todas las plataformas financieras.
“EMPRESA SANKE PIERDE CONTRATO DE 1.800 MILLONES.”
“DIRECTIVO DESPIDE A LA NEGOCIADORA PRINCIPAL Y COLOCA A SU HERMANO.”
“SOCIO COMERCIAL EXIGE INDEMNIZACIÓN MILLONARIA.”
Los titulares se multiplicaban a una velocidad aterradora.
Debajo de cada publicación, los comentarios eran despiadados.
“¿Cómo puede una empresa cotizada permitir semejante nepotismo?”
“Despidieron a la única persona competente antes de recibir el contrato.”
“¿Quién contrataría a una compañía dirigida por idiotas?”
Dejé el teléfono sobre la mesa.
En ese momento, alguien llamó insistentemente a la puerta de mi apartamento.
No necesité preguntar quién era.
A través de la pantalla de seguridad vi a Zhou Rui.
Su traje seguía siendo el mismo que llevaba durante la ceremonia, pero ya no parecía elegante.
La corbata estaba torcida.
El cabello desordenado.
El rostro cubierto de sudor.
Detrás de él estaba Zhou Hang, pálido y con la mirada baja.
No abrí.
Zhou Rui golpeó nuevamente.
—¡Xu Jing!
—¡Sé que estás dentro!
—¡Abre la puerta! ¡Tenemos que hablar!
Me serví una taza de café con absoluta calma.
—Habla desde ahí.
Hubo unos segundos de silencio.
Seguramente nunca imaginó que algún día tendría que suplicarme detrás de una puerta cerrada.
—Lo ocurrido fue un malentendido.
Solté una risa.
—¿Qué parte fue un malentendido?
—¿Despedirme?
—¿Entregarle mi puesto a tu hermano?
—¿O robarme la bonificación y la comisión después de un año de trabajo?
Zhou Rui respiró con dificultad.
—La decisión del despido no fue únicamente mía.
—El departamento de recursos humanos también estuvo de acuerdo.
—Además, Zhou Hang solo iba a administrar el proyecto después de que tú lo cerraras.
—No teníamos intención de perjudicarte.
Miré la pantalla de seguridad.
—Entonces deberían agradecerme.
—Ahora tu hermano podrá demostrar que un contrato negociado por una mujer era un juego de niños.
Zhou Hang levantó la cabeza de golpe.
—¡Yo no sabía que destruirías el contrato!
—¡Todos los documentos ya estaban preparados!
—¡Solo tenías que firmar!
Su tono no contenía arrepentimiento.
Solo resentimiento.
Como si yo hubiera arruinado algo que le pertenecía.
Me acerqué a la puerta.
—Zhou Hang.
—¿Alguna vez participaste en una reunión con el director Wang?
No respondió.
—¿Alguna vez revisaste las exigencias técnicas del proyecto?
Silencio.
—¿Conoces las cláusulas de responsabilidad compartida?
Nada.
—¿Sabes por qué el socio aceptó reducir un cuatro por ciento el precio final?
Su rostro se endureció.
—Los detalles se pueden aprender después.
Sonreí.
—Ese es precisamente el problema.
—Querían quedarse con el resultado sin conocer ninguno de los detalles.
Zhou Rui perdió la paciencia y golpeó la puerta con el puño.
—¡Xu Jing! ¡Deja de hacerte la importante!
—¡La empresa te dio la plataforma para conseguir ese contrato!
—¡Sin Sanke no serías nadie!
Mi expresión se volvió fría.
Durante siete años había escuchado aquella frase cada vez que pedía un aumento.
Cada vez que exigía recursos.
Cada vez que rechazaban una promoción que ya había ganado con resultados.
La empresa me había dado una plataforma.
Pero yo había mantenido esa plataforma sobre mis hombros.
—Entonces resuélvanlo sin mí.
—Xu Jing, espera.
La voz de Zhou Rui cambió repentinamente.
Ahora sonaba baja.
Casi suplicante.
—El consejo directivo celebrará una reunión extraordinaria esta tarde.
—Si el contrato se pierde definitivamente, me despedirán.
—Solo necesitas llamar al director Wang.
—Dile que todo fue una confusión.
—Regresa a la empresa y te devolveremos el puesto.
—También puedo conseguirte un aumento del veinte por ciento.
Me quedé en silencio.
Zhou Rui creyó que estaba considerando la oferta.
Se apresuró a añadir:
—Y te pagaré la comisión.
—Completa.
—Incluso puedo nombrarte subdirectora del departamento.
Aparté lentamente la cortina de la ventana.
—¿Eso es todo?
Él vaciló.
—¿Qué más quieres?
—Quiero que te apartes del proyecto.
—Que tu hermano sea despedido públicamente.
—Que la empresa reconozca por escrito que yo fui la única responsable de la negociación.
—Y quiero el treinta por ciento de los beneficios netos del contrato.
Zhou Rui soltó una carcajada incrédula.
—¿Te has vuelto loca?
—¿Treinta por ciento?
—¡Tú solo eras una empleada!
—Entonces no tenemos nada más que hablar.
Corté la comunicación del interfono.
Zhou Rui volvió a golpear la puerta.
—¡Xu Jing!
—¡No juegues conmigo!
—¡Ninguna empresa se atreverá a contratarte después de esto!
Me detuve.
Aquella amenaza me habría asustado el día anterior.
Pero ahora solo me parecía ridícula.
En ese instante, mi teléfono sonó.
Era Li Ming, de la Corporación Shenghua.
Contesté sin apartar la mirada de la pantalla de seguridad.
—Director Li.
—Gerente Xu, espero no haberla llamado demasiado temprano.
—No se preocupe.
Su voz sonaba especialmente alegre.
—Supongo que ya vio el desastre de Sanke.
—Todo el sector lo vio.
—Entonces seré directo.
—Nuestro presidente ha aprobado su contratación.
—Vicepresidenta del departamento de proyectos internacionales.
—Salario triple.
—Equipo propio.
—Participación en beneficios.
—Y plena autoridad para negociar con la empresa del director Wang.
Zhou Rui seguía gritando al otro lado de la puerta.
Pero sus palabras ya no me importaban.
—¿Cuándo debo comenzar?
—Ahora mismo, si está disponible.
—Nuestro automóvil está esperando abajo.
Me acerqué a la ventana.
Un sedán negro estaba estacionado frente al edificio.
Junto al vehículo, dos hombres sostenían un ramo de flores y una carpeta.
El director Li añadió:
—Por cierto, el director general Wang acaba de contactar con nosotros.
—Quiere transferir el proyecto de 1.800 millones a Shenghua.
—Pero impuso una única condición.
Sentí que ya conocía la respuesta.
—¿Cuál?
—Que usted siga siendo la principal responsable.
La llamada terminó.
Me puse el abrigo.
Tomé mi bolso.
Después abrí la puerta.
Zhou Rui se quedó inmóvil al verme.
Por un instante, la esperanza iluminó su rostro.
—Sabía que entrarías en razón.
No respondí.
Pasé junto a él y caminé hacia el ascensor.
Zhou Rui me siguió.
—¿Adónde vas?
—A trabajar.
—¿A trabajar dónde?
Las puertas del ascensor se abrieron.
El director Li estaba de pie dentro.
Al verme, extendió una mano con una sonrisa.
—Vicepresidenta Xu, bienvenida a Shenghua.
La expresión de Zhou Rui se congeló.
—¿Vicepresidenta?
Li Ming lo miró con una calma casi cruel.
—Director Zhou, debo agradecerle.

—Si no hubiera despedido a la gerente Xu, nosotros jamás habríamos conseguido contratar al mayor talento comercial del sector.
Entré en el ascensor.
Antes de que las puertas se cerraran, Zhou Rui colocó una mano entre ellas.
—Xu Jing, no puedes hacer esto.
—Ese proyecto pertenece a Sanke.
Lo miré directamente.
—No.
—El proyecto pertenece a quien sea capaz de conservarlo.
Las puertas se cerraron frente a su rostro desesperado.
Sin embargo, cuando llegué a la sede de Shenghua, descubrí que Zhou Rui todavía guardaba una última carta.
Una denuncia presentada aquella misma mañana.
En ella afirmaba que yo había robado secretos comerciales antes de abandonar Sanke.
Y si conseguía demostrarlo…
No solo perdería mi nuevo puesto.
También podría terminar en prisión.