—¡Deténganlo!
Dos agentes de policía salieron corriendo detrás del hombre mientras este empujaba a varias personas para abrirse paso entre la multitud.
La mujer del bolso se quedó completamente inmóvil.
Su seguridad de hacía apenas unos segundos había desaparecido.
—Yo… yo no lo conozco —balbuceó.
Nadie le creyó.
El dueño de la cafetería siguió reproduciendo la grabación.
Las imágenes mostraban con absoluta claridad cómo un hombre con gorra se acercaba al bolso, miraba a ambos lados y sacaba un sobre blanco del interior.
Después dejaba el bolso exactamente donde estaba.
Apenas treinta segundos más tarde aparecía yo.
Lo recogía del suelo y preguntaba en voz alta de quién era.
No había tocado nada más.
Un murmullo de indignación recorrió la calle.
—La acusó sin pruebas.
—Pudo arruinarle la vida.
La mujer empezó a retroceder.
—Yo… pensé que había sido ella.
Uno de los policías la detuvo.
—Señora, por favor, permanezca aquí.
En ese instante sonó la radio del agente que perseguía al sospechoso.
—Lo tenemos.
Todos respiraron aliviados.
Pero la tranquilidad duró apenas unos segundos.
El agente volvió a hablar.
—Esperen… dice que conoce a la propietaria del bolso.
La mujer abrió los ojos con desesperación.
—¡Está mintiendo!
Cinco minutos después trajeron al hombre esposado.
Llevaba el sobre blanco todavía escondido dentro de la chaqueta.
Los cinco mil euros seguían completos.
El policía le preguntó:
—¿Por qué robó el dinero?
El hombre soltó una risa nerviosa.
—Porque ella me dijo que lo hiciera.
Toda la calle quedó en silencio.
—¿Qué acaba de decir? —preguntó el agente.
El sospechoso señaló directamente a la mujer.
—Llevamos semanas haciendo lo mismo.
Ella finge perder el bolso.
Yo saco el dinero.
Después ella acusa a la primera persona honrada que intenta devolverlo.
Si esa persona se asusta, acepta pagar para evitar problemas.
Si no… simplemente desaparecemos antes de que llegue la policía.
La mujer comenzó a negar con la cabeza.
—¡Es mentira! ¡Solo intenta salvarse!
Sin embargo, el policía ya estaba revisando el bolso.
Encontró un pequeño compartimento oculto.
Dentro había fotografías.
No eran fotos familiares.
Eran imágenes de distintas personas sosteniendo el mismo bolso en diferentes calles de la ciudad.
En todas aparecía la misma mujer… señalándolas y gritándoles delante de la gente.
El agente levantó lentamente la mirada.
—Señora, parece que esta no era la primera vez.

Antes de que pudiera responder, otro policía recibió una llamada desde la comisaría.
Escuchó durante unos segundos y luego miró fijamente a la mujer.
—Acabamos de encontrar algo más.
Hay otras diecisiete denuncias archivadas con exactamente el mismo método… y todas llevan su nombre.