Elena llegó inconsciente a urgencias, con la presión baja y la piel tan caliente que una enfermera pidió hielo antes de registrar su nombre.
El médico me obligó a esperar afuera mientras intentaban estabilizarla.
Su bolso cayó del asiento y una libreta azul se deslizó hasta mis zapatos.
La reconocí.
Elena la guardaba desde hacía años, pero decía que solo contenía gastos de la casa.
La abrí buscando el número de su hermana.
En la primera página encontré una fecha, una cantidad y una frase:
—Ofelia pidió otros veinte mil pesos y dijo que, si Andrés se enteraba, destruiría nuestro matrimonio.
Pasé la hoja.
Había decenas de registros.
Transferencias, préstamos, joyas empeñadas y depósitos enviados a una cuenta de mi primo Rogelio.
Elena había entregado casi un millón de pesos durante cinco años.
Cada anotación terminaba con la misma advertencia:
—Lo hago para que no le diga a Andrés que soy una mala esposa.
Sentí vergüenza hasta en los huesos.
Mientras yo defendía a mi madre, Elena compraba silencio.
Entonces apareció una fotografía doblada entre las páginas.
Mostraba a doña Ofelia entregándole un sobre a Rogelio frente a una notaría.
Detrás había una copia de un poder firmado con mi nombre.
Mi firma estaba falsificada.
En ese momento sonó mi teléfono.
Era mi madre.
—Regresa ahora mismo —ordenó—. Rogelio ya llamó a la policía.
—¿Para qué usaste mi firma?
Hubo silencio.
—No sé de qué hablas.
—La libreta azul dice lo contrario.
Escuché cómo se le caía un vaso.
Antes de que respondiera, el médico salió.
—Su esposa despertó, pero encontramos algo que no corresponde únicamente a una insolación.
—¿Qué encontraron?
El médico bajó la voz.
—Marcas antiguas, deshidratación recurrente y rastros de un sedante en la sangre.
Entré corriendo.
Elena abrió los ojos y me sostuvo la mano.
—Andrés, tu madre sabía que yo había descubierto lo de la casa.
—¿Qué casa?
Ella miró la libreta.
—La que compró con tu dinero y puso a nombre de Rogelio.
Entonces una enfermera apareció pálida.
—Señor, hay dos policías afuera.
—¿Vienen por mi madre?
La mujer negó.
—Vienen por usted.

read the entire Part 3 below.