A la mañana siguiente llegué al edificio Hamilton Global diez minutos antes de las ocho.
Mi padre ya me esperaba.
No estaba solo.
En la sala de juntas había tres abogados, el director financiero y el responsable de seguridad informática.
Cuando entré, todos dejaron de hablar.
Mi padre caminó hacia mí y me abrazó.
Fue un abrazo breve.
Pero bastó para recordarme que aún tenía una familia que no necesitaba comprar mi confianza.
—Siéntate —dijo con calma.
Durante las siguientes tres horas revisamos cada documento relacionado con Apex Strategic Partners.
Cada transferencia.
Cada contrato.
Cada correo electrónico.
Cada autorización pendiente.
Cuanto más avanzábamos, más silencio llenaba la sala.
Hunter no solo esperaba aquellos diez millones.
Ya había utilizado la futura inversión como garantía para solicitar préstamos, negociar con inversores privados y prometer una expansión que solo existía sobre el papel.
Todo dependía del dinero de mi padre.
Sin él…
Su imperio caería antes incluso de comenzar.
El abogado principal cerró la carpeta.
—Señor Hamilton, basta una llamada para cancelar definitivamente la operación.
Mi padre me miró.
—La decisión es tuya.
Respiré despacio.
Pensé en la llamada.
En Isabelle.
En el mensaje sobre su embarazo.
En cada beso que Hunter me había dado mientras planeaba reemplazarme.
—Cancélenlo.
El abogado asintió.
Cinco minutos después, el contrato desapareció oficialmente.
También congelamos todas las cuentas conjuntas.
Revocamos los poderes financieros que Hunter tenía sobre cualquier empresa relacionada con mi patrimonio.
Y el departamento jurídico envió una notificación confidencial a los bancos con los que trabajábamos.
Cuando terminé de firmar el último documento, sentí algo inesperado.
No alivio.
Libertad.
Aquella noche Hunter organizó una cena privada en el restaurante más exclusivo de la ciudad.
Había reservado el salón principal.
Champán francés.
Música en vivo.
Socios.
Inversores.
Incluso una enorme pantalla preparada para anunciar la futura alianza con Hamilton Global.
Entré con un vestido negro sencillo.
Hunter sonrió al verme.
—Sabía que vendrías.
Besó mi mano delante de todos.
—Esta noche cambia nuestras vidas.
Lo miré directamente.
—Estoy completamente de acuerdo.
No notó nada.
Seguía convencido de que yo era la misma mujer ingenua de siempre.
Isabelle apareció unos minutos después.
Llevaba un vestido verde esmeralda que ocultaba cuidadosamente el inicio de su embarazo.
Me abrazó.
—Te ves preciosa.
—Tú también.
Durante unos segundos permanecimos sonriendo para las fotografías.
Como si fuéramos las mejores amigas del mundo.
El director de ceremonias tomó el micrófono.
—Damas y caballeros, esta noche celebramos una alianza histórica…
Hunter se puso de pie entre los aplausos.
Le brillaban los ojos.
—Hace años soñé con construir una empresa capaz de competir con las más grandes del país…
Mientras hablaba, su teléfono vibró.
Lo ignoró.
Volvió a sonar.
Después otra vez.
Frunció ligeramente el ceño.
Sacó el móvil.
Leyó el primer mensaje.
Su sonrisa desapareció.
Abrió el segundo.
Palideció.
El tercero.
Las manos empezaron a temblarle.
—¿Hunter? —preguntó Isabelle en voz baja.
Él apenas respiraba.
—No…
Volvió a leer la pantalla una y otra vez.
“Transferencia cancelada.”
“Línea de crédito suspendida.”
“Reunión de inversión anulada por decisión del accionista principal.”
Toda la sangre desapareció de su rostro.
Me miró desesperado.
—Kylie… ¿qué está pasando?
Tomé lentamente mi copa de vino.
Di un pequeño sorbo.
Y sonreí.
—Pregúntale a la mujer por la que estabas dispuesto a cambiar diez millones de dólares.
El salón entero quedó en silencio.
Isabelle dejó caer la copa al suelo.
El cristal estalló en cientos de pedazos.
Y, justo en ese instante, las enormes pantallas del restaurante, que debían mostrar el anuncio de la inversión, cambiaron inesperadamente de imagen.

Apareció el logotipo de Hamilton Global.
Después, una sola frase ocupó toda la pantalla.
“La inversión ha sido cancelada por fraude y ocultación de información.”
Hunter comprendió entonces que aquello no era un accidente.
Era solo el principio.