Al colgar la llamada, el apartamento quedó completamente en silencio.
Miré durante unos segundos la pantalla negra del teléfono.
Después abrí la aplicación de la organizadora de bodas.
En la conversación seguía apareciendo el último mensaje que me había enviado aquella mañana.
“Señorita Hứa, solo faltan tres días. ¿Confirmamos definitivamente el banquete?”
Escribí únicamente una frase.
“La boda queda cancelada.”
No tardó ni un minuto en responder.
—¿Está segura?
—Sí.
—¿Ni siquiera desea posponerla?
Respiré profundamente.
Miré el vestido de novia que colgaba junto a la ventana.
Lo había diseñado personalmente hacía casi un año.
Cada puntada.
Cada encaje.
Cada pequeño detalle.
Había imaginado incontables veces el momento de caminar hacia Lục Diệp con aquel vestido.
Ahora…
Solo veía un trozo de tela blanca.
Nada más.
Escribí la última respuesta.
“No habrá boda.”
Pulsé enviar.
Sentí que algo dentro de mí terminaba definitivamente.
…
Al día siguiente regresé a la empresa.
Nadie sabía todavía que la boda había sido cancelada.
Mis compañeros seguían decorando mi escritorio con globos y pequeñas felicitaciones.
—¡Vũ Vi!
—El lunes ya serás una mujer casada.
—No olvides traer fotos del viaje.
Sonreí con educación.
—Claro.
Nadie notó que aquella sonrisa apenas duró un segundo.
A media mañana, mi jefe me llamó a su oficina.
—Escuché que después de la boda querías solicitar un traslado al departamento internacional.
Asentí.
Ese plan existía desde hacía mucho tiempo.
Pero siempre lo había pospuesto.
Porque Lục Diệp decía que no quería vivir lejos de nuestra ciudad.
El director abrió un cajón.
Sacó una carpeta.
—La oficina de Múnich acaba de quedar vacante.
—Necesitamos una directora de proyectos.
—El contrato inicial sería de tres años.
Sentí que el corazón daba un vuelco.
Tres años.
Exactamente el tiempo que siempre había querido vivir en el extranjero.
Solo que nunca me atreví.
Porque él no quería.
El director continuó.
—Sabía que ibas a casarte y pensaba ofrecérselo a otra persona.
—Pero si todavía te interesa…
Lo interrumpí.
—Acepto.
Él quedó sorprendido.
—¿No necesitas consultarlo con tu prometido?
Guardé silencio unos segundos.
Después respondí con absoluta tranquilidad.
—Ya no tengo que consultarle nada.
…
Aquella misma tarde firmé el contrato de traslado.
Fecha de incorporación.
Diez días después.
Destino.
Alemania.
Cuando salí del edificio sentí una ligereza que llevaba años sin experimentar.
Era como si, por primera vez, mi vida volviera a pertenecerme.
Justo entonces sonó el teléfono.
Lục Diệp.
Lo dejé sonar.
Insistió una segunda vez.
Y una tercera.
Finalmente contesté.
—¿Dónde estás?
Su tono sonaba ligeramente impaciente.
—Trabajando.
—¿Por qué no viniste?
Fruncí el ceño.
—¿Adónde?
—¿Ya lo olvidaste?
—Hoy teníamos cita con el fotógrafo para las fotos previas de la boda.
Cerré lentamente los ojos.
Aquella cita…
La había organizado yo hacía más de dos meses.
Él había olvidado completamente la fecha.
Y ahora parecía convencido de que la culpa era mía.
—Lo olvidé.
Respondí con calma.
Él suspiró.
—Está bien.
—La reagendaremos.
—Uyển Uyển acaba de decir que conoce un estudio mucho mejor.
—Aprovecharemos para hacer unas fotos los tres.
Aquellas últimas palabras terminaron de romper algo dentro de mí.
—¿Los tres?
—Sí.
Respondió con total naturalidad.
—Ella tiene muy buen gusto.
—Puede ayudarnos a escoger escenarios.
Durante unos segundos no fui capaz de hablar.
Finalmente sonreí.
Una sonrisa tan tranquila que hasta yo misma me sorprendí.
—No hace falta.
—¿Qué quieres decir?
Miré el contrato que llevaba en la mano.
Luego levanté la vista hacia el cielo.
Las nubes comenzaban a abrirse lentamente.
—Porque ya no habrá fotos de boda.

Él soltó una pequeña risa.
—¿Sigues enfadada por lo del Mundial?
—Vũ Vi, no seas tan infantil.
—Después de casarnos podremos viajar todas las veces que quieras.
Negué lentamente con la cabeza.
Él seguía sin entender absolutamente nada.
No era el Mundial.
No era el viaje.
Ni siquiera era Hứa Uyển.
Era cada ocasión en la que elegía a otra persona antes que a mí.
Era cada promesa olvidada.
Cada ausencia.
Cada decepción acumulada durante años.
Respiré profundamente.
Y pronuncié la frase que llevaba demasiado tiempo guardando.
—Lục Diệp.
—La boda ya está cancelada.
Al otro lado de la línea…
Por primera vez desde que nos conocíamos…
Él permaneció completamente en silencio.