Naomi dejó el informe sobre la mesa sin decir una sola palabra.
Varenol B.
No era un medicamento autorizado para uso pediátrico.
Ni siquiera había terminado la fase de ensayos clínicos.
Levantó la vista.
Cassandra seguía sosteniendo el teléfono entre las manos.
Sus pulgares se movían con desesperación sobre la pantalla.
—¿Está eliminando algo? —preguntó Naomi con absoluta calma.
Cassandra guardó el teléfono en el bolso.
—No sé de qué habla.
Naomi pulsó el botón de llamada interna.
—Seguridad, por favor, en la habitación 412.
Elijah frunció el ceño.
—¿Qué está pasando?
Naomi le entregó el informe.
—Su hijo tiene en sangre un compuesto experimental llamado Varenol B.
Elijah lo leyó dos veces.
El color abandonó lentamente su rostro.
—Eso… eso es imposible.
—¿Conoce el medicamento?
Tardó unos segundos en responder.
—Mi empresa compró el laboratorio que lo desarrolló hace cuatro meses.
Naomi no apartó la mirada de Cassandra.
—Entonces sabe que nunca debió salir de un laboratorio.
Cassandra dio un paso atrás.
—¡Eso no demuestra que yo se lo diera!
En ese instante entraron dos agentes de seguridad del hospital.
—Señora Kelley, necesitamos que entregue su bolso mientras preservamos toda posible evidencia médica.
—¡No tienen ningún derecho!
Intentó alejarse.
Pero Elijah la sujetó del brazo.
No con violencia.
Con incredulidad.
—Entrégalo.
Ella lo miró.
Por primera vez desde que llegaron al hospital, el miedo sustituyó a la arrogancia.
Lentamente dejó el bolso sobre la mesa.
Naomi abrió el compartimento principal.
Encontró maquillaje.
Una cartera.
Las llaves del automóvil.
Y el pequeño frasco sin etiqueta.
Todavía quedaban unas gotas del líquido espeso.
La enfermera Fiona lo colocó inmediatamente dentro de una bolsa para evidencias.
Treinta minutos después llegó el segundo informe.
La composición química del frasco coincidía exactamente con la sustancia encontrada en la sangre de Toby.
El silencio dentro de la habitación resultaba insoportable.
Elijah seguía mirando el documento.
Como si esperara que las palabras cambiaran.
—¿Por qué…? —susurró finalmente.
Cassandra comenzó a llorar.
—No era para hacerle daño.
Nadie respondió.
—Solo eran unas gotas.
Naomi sintió un escalofrío.
—¿Qué quería demostrar?
Cassandra respiró agitadamente.
—Me dijeron que aumentaba las defensas… que ayudaría a los niños con alergias…
Elijah levantó bruscamente la cabeza.
—¿Quién te lo dijo?
Ella permaneció callada.
—¡Respóndeme!
Las lágrimas comenzaron a correr por su rostro.
—El doctor Mercer.
Naomi conocía ese nombre.
Había sido el director científico del laboratorio antes de la compra por Sherman Enterprises.
Pero también sabía otra cosa.
Mercer había renunciado tres meses atrás.
Oficialmente.
Mientras los agentes documentaban todo, Fiona entró apresuradamente con una tableta en la mano.
—Doctora…
Su expresión era completamente distinta.
—Tiene que ver esto.
En la pantalla aparecía una noticia publicada apenas unos minutos antes.
“Filtración anónima revela presuntas irregularidades en los ensayos clínicos de Varenol B.”
Debajo había cientos de documentos internos.
Correos electrónicos.
Informes médicos.
Resultados alterados.
Firmas.
Naomi pasó rápidamente varias páginas.
Hasta que encontró una fotografía.
Su respiración se detuvo.
En una reunión privada del laboratorio aparecían el doctor Mercer…
Cassandra…
Y Elijah.
Él observó la imagen sin comprender.
—Nunca estuve en esa reunión.
Naomi amplió la fotografía.
Algo no encajaba.
La fecha impresa era de ocho meses atrás.
Pero Elijah llevaba en la muñeca un reloj que ella misma le había regalado durante su aniversario.
Recordaba perfectamente el día en que dejó de usarlo.
Lo había perdido…
Dos años antes del divorcio.
Aquella fotografía no solo estaba relacionada con el medicamento.
Había sido manipulada.
Y si alguien era capaz de falsificar una prueba de ese tamaño, Naomi comprendió que tal vez las evidencias que destruyeron su matrimonio tampoco habían sido reales.
Mientras ambos permanecían inmóviles frente a la pantalla, el teléfono de Naomi comenzó a sonar.
Era el laboratorio forense.
La especialista habló sin rodeos.
—Doctora Wheeler, encontramos otra sustancia en la muestra.
Naomi sintió que algo no iba bien.
—¿Qué sustancia?

La respuesta hizo que levantara lentamente la vista hacia Elijah.
—Un sedante utilizado para mantener inconscientes a pacientes durante procedimientos experimentales.
Y esa sustancia no podía haber llegado al cuerpo del niño por accidente.