PARTE 2: EL HOMBRE QUE ACABABA DE COMETER EL PEOR ERROR DE SU VIDA

La punta de la pluma rozó el papel.

Firmé mi nombre con una calma que no había sentido en años.

Valeria Miller.

Ni una sola lágrima.

Ni una sola duda.

Evelyn tomó el acuerdo de divorcio y lo guardó cuidadosamente.

—A partir de este momento, el señor Blackwood deja de tener cualquier derecho sobre su vida.

Respiré profundamente.

—¿Y él?

Ella consultó su reloj.

—Ahora mismo debe estar aterrizando en París.

Asentí.

—Entonces todavía cree que ganó.

Evelyn sonrió apenas.

—Durante unas horas más.


Aquella misma tarde me trasladaron a una suite médica privada.

No era un hospital cualquiera.

Todo un piso pertenecía a Whitaker Global.

Mientras una fisioterapeuta revisaba mis costillas, Evelyn colocó otra carpeta sobre la mesa.

—Su abuelo quiere que conozca la situación completa antes de reunirse con usted.

Dentro había fotografías antiguas.

Mi madre.

Con apenas veinte años.

Sonriendo junto a un hombre de cabello plateado.

Arthur Whitaker.

Mi abuelo.

También había recortes de periódicos.

“La heredera Whitaker desaparece de la vida pública.”

“Escándalo familiar obliga a cancelar compromiso empresarial.”

Fruncí el ceño.

—Mi madre nunca habló de esto.

Evelyn bajó la voz.

—Porque eligió marcharse.

No por dinero.

Por amor.

Mi corazón se encogió.

—¿Mi padre?

Ella negó lentamente.

—No.

Para protegerla de alguien mucho más peligroso.

Antes de que pudiera preguntar más, llamaron a la puerta.

Entró un anciano de casi ochenta años.

Cabello completamente blanco.

Traje impecable.

Caminaba con bastón, pero su mirada seguía siendo firme.

Se detuvo frente a mi cama.

Durante unos segundos ninguno de los dos habló.

Después levantó una mano temblorosa y acarició con cuidado mi cabello.

—Tienes exactamente los ojos de tu madre.

Sentí un nudo en la garganta.

—¿Abuelo?

Él cerró los ojos un instante.

—Perdóname por llegar treinta años tarde.


En París, Nathan Blackwood salía de una reunión con la familia Rhodes.

Camille caminaba tomada de su brazo.

—Todo salió perfecto.

Solo falta anunciar nuestro compromiso.

Nathan asintió distraídamente.

Su teléfono vibró.

Era Marcus.

Contestó con evidente molestia.

—¿Qué ocurre?

Del otro lado hubo unos segundos de silencio.

Después Marcus habló.

—Señor…

La señora Miller firmó el divorcio.

Nathan sonrió.

—Bien.

¿Aceptó el acuerdo?

—No.

Rechazó los doscientos mil dólares.

Nathan soltó una pequeña risa.

—Su orgullo siempre fue ridículo.

Marcus respiró hondo.

—Hay algo más.

Nathan siguió caminando.

—Habla.

—Hace dos horas Whitaker Global emitió un comunicado interno.

Nathan se detuvo.

Whitaker Global.

Conocía perfectamente ese nombre.

Era una corporación varias veces más grande que Blackwood Holdings.

Marcus continuó.

—Nombraron a una nueva accionista principal.

Nathan perdió lentamente la sonrisa.

—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

Marcus respondió con voz tensa.

—La nueva accionista es… Valeria Miller.

Nathan permaneció completamente inmóvil.

Camille frunció el ceño.

—¿Qué pasa?

Él no respondió.

Marcus siguió hablando.

—También confirmaron que el señor Arthur Whitaker la reconoció oficialmente como su nieta.

Hubo un largo silencio.

Finalmente Nathan murmuró:

—Debe haber un error.

Marcus cerró los ojos.

—No lo hay.

Y todavía falta lo peor.

Nathan sintió por primera vez un verdadero escalofrío.

—¿Qué falta?

Marcus tragó saliva.

—Whitaker Global acaba de comprar el veintidós por ciento de las acciones del banco que financia casi todos nuestros proyectos europeos.

Nathan levantó la vista lentamente.

Camille ya lo observaba con preocupación.

Marcus pronunció entonces la frase que hizo que el mundo de Nathan comenzara a derrumbarse.

—Señor Blackwood…

La mujer a la que ordenó golpear anoche… acaba de convertirse en la única persona capaz de decidir si su expansión internacional sobrevive o desaparece.

Leer la Parte 3 a continuación.

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