PARTE 2: LA ESPOSA INVISIBLE

Durante varios segundos ninguno de los dos respiró.

El tono del teléfono seguía sonando.

Una.

Dos.

Tres veces.

Ethan alternaba la mirada entre mi pantalla iluminada y mi rostro, como si su cerebro fuera incapaz de unir ambas imágenes.

Finalmente, el teléfono dejó de sonar.

La habitación quedó en un silencio insoportable.

—¿Qué… significa esto? —preguntó con la voz ronca.

Sonreí con amargura.

—Eso mismo me pregunté durante tres años.

Él dio un paso hacia mí.

—Emma…

—No. Ahora llámame como aparece en tus contactos.

Levanté el teléfono.

—”Esposa”.

La palabra pareció golpearlo con más fuerza que cualquier grito.

—No… eso es imposible.

—¿Imposible?

Saqué de mi bolso una cartera de cuero.

Dentro seguía guardando el acta de matrimonio que nunca tuve motivos para enseñar.

La coloqué sobre la cama.

Ethan la abrió con manos temblorosas.

Su nombre.

El mío.

La fecha.

El sello oficial.

Su firma.

El poder notarial.

Todo era auténtico.

Lo único que faltaba era una fotografía juntos.

Porque jamás había existido.

Él dejó caer lentamente el documento.

—Eres… Daniela Ortega.

Asentí.

—Emma Daniela Ortega Harrison.

Por primera vez vi desaparecer por completo la seguridad del hombre que dominaba las portadas de las revistas económicas.

Retrocedió un paso.

Luego otro.

Se dejó caer sobre el borde de la cama sin apartar los ojos de mí.

—¿Tú… eres mi esposa?

—Desde hace tres años.

—¿Y la noche del hotel…?

—También era tu esposa.

Se cubrió el rostro con ambas manos.

Permaneció inmóvil durante casi un minuto.

Cuando volvió a levantar la cabeza, sus ojos habían cambiado.

Ya no había arrogancia.

Solo incredulidad.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

Solté una risa breve.

—¿Cuándo?

Él guardó silencio.

—¿Cuando desapareciste tres años sin llamarme? ¿Cuando tu secretario firmó el registro civil por ti? ¿Cuando me transferiste quinientos mil yuanes creyendo que era una desconocida? ¿O cuando me dijiste hace cinco minutos que primero ibas a divorciarte de tu esposa para empezar una relación conmigo?

Cada pregunta era un golpe.

Y ninguna necesitaba respuesta.

Ethan cerró los ojos.

—Lo siento.

Negué lentamente.

—No me pidas perdón tan rápido.

Saqué otro documento de mi bolso.

Esta vez era una carpeta azul.

La dejó sobre la mesa.

—¿Sabes qué es eso?

Él la abrió.

En la primera página apareció un título.

Convenio de divorcio.

Su respiración se detuvo.

—Lo preparé hace una semana.

Pasó las hojas con rapidez.

Todo estaba listo.

Repartición de bienes.

Renuncia a compensaciones económicas.

Extinción del acuerdo matrimonial.

Solo faltaban dos firmas.

La suya.

Y la mía.

—Pensaba entregártelo dentro de dos semanas —dije con serenidad—. Antes de que aparecieras en mi vida como “Ethan”.

Él sostuvo aquellos papeles sin mover un solo músculo.

—Entonces… todo este tiempo…

—Me enamoré de mi propio esposo sin que él supiera quién era.

Mi voz se quebró por primera vez.

—Y tú te enamoraste de tu propia esposa creyendo que era otra mujer.

Ethan levantó lentamente la vista.

—¿Tú también…?

Sonreí con tristeza.

—Si no fuera así, ya me habría ido después del hotel.

Él se puso de pie de inmediato.

—No firmes esos papeles.

—¿Por qué?

—Porque ya no quiero divorciarme.

Lo observé durante varios segundos.

—Curioso.

—¿Qué cosa?

—Llevo tres años siendo tu esposa… y nunca luchaste por ese matrimonio.

Di un paso hacia la puerta.

—Pero bastaron unas semanas creyendo que era otra mujer para que decidieras conservarlo.

Ethan intentó detenerme.

—Emma… Daniela… por favor.

Abrí la puerta.

Antes de salir, me giré una última vez.

—Si realmente quieres salvar este matrimonio…

Él contuvo la respiración.

—…empieza por conquistar a tu esposa.

No a Emma.

No a la desconocida del hotel.

A la mujer que dejaste sola durante tres años.

Cerré la puerta detrás de mí.

Del otro lado quedó Ethan Harrison sujetando unos papeles de divorcio que, por primera vez en su vida, deseaba desesperadamente no firmar.

Y ninguno de los dos imaginaba que, a la mañana siguiente, el abuelo Harrison convocaría a toda la familia porque acababa de descubrir un secreto que cambiaría para siempre el verdadero motivo de aquel matrimonio.

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