El silencio se volvió insoportable.
Nadie respiraba.
El notario tomó el sobre sellado de las manos de Valeria mientras los tres agentes de la Fiscalía permanecían inmóviles junto a la entrada principal de la hacienda.
Beatriz dio un paso hacia adelante.
—Nadie abre nada. Esta boda sigue siendo de mi hijo.
El notario ni siquiera la miró.
Rompió el sello con absoluta calma y comenzó a revisar los documentos.
Su expresión cambió en apenas unos segundos.
—Solicito que nadie abandone este lugar hasta concluir la lectura.
Los murmullos crecieron entre los invitados.
Rodrigo intentó acercarse a Valeria.
—¿Qué demonios significa esto?
Ella sostuvo su mirada sin el menor temblor.
—Significa que durante años confundiste confianza con ingenuidad.
Natalia abrió una carpeta azul y la colocó sobre una mesa.
—Aquí están las escrituras de la hacienda donde nos encontramos. La propietaria legal es la señora Valeria Serrano desde hace dos años.
Un murmullo recorrió el salón.
Beatriz soltó una risa nerviosa.
—Eso es imposible.
El notario levantó la escritura original.
—Inscripción válida en el Registro Público de la Propiedad del Estado de Querétaro.
La sonrisa de Beatriz desapareció.
Natalia continuó.
—También se anexan las escrituras de la residencia donde actualmente viven la señora Beatriz Montes de Oca y su familia.
Rodrigo sintió que el rostro perdía el color.
—No…
—La vivienda también pertenece a Valeria.
El salón estalló en exclamaciones.
Varios socios comenzaron a mirarse entre ellos.
Uno de los empresarios presentes levantó la mano.
—¿Quiere decir que la constructora presentó como patrimonio bienes que no eran suyos?
Los dos auditores intercambiaron una mirada.
—Eso es precisamente lo que estamos verificando.
Beatriz dio un golpe sobre la mesa.
—¡Todo eso lo compró mi esposo!
Valeria negó lentamente.
—No. Yo los adquirí mediante sociedades distintas para proteger la empresa cuando ustedes acumulaban deudas sin decírselas a nadie.
Rodrigo retrocedió un paso.
Recordó cada documento que Valeria le había pedido firmar durante los últimos tres años.
Jamás los leyó.
Siempre creyó que eran simples trámites administrativos.
Natalia sacó un segundo expediente.
—Aquí constan las garantías personales que la señora Valeria otorgó para refinanciar créditos superiores a los que la constructora podía pagar.
Los auditores asintieron.
—Sin esas garantías, la empresa habría entrado en concurso mercantil hace dieciocho meses.
Los invitados comenzaron a apartarse discretamente de la familia Montes de Oca.
Los teléfonos aparecieron sobre las mesas.
Nadie quería perderse lo que estaba ocurriendo.
Beatriz buscó desesperadamente el apoyo de los empresarios que minutos antes la aplaudían.
Ninguno respondió.
Entonces uno de los agentes de la Fiscalía recibió una llamada por el radio.
Escuchó apenas unos segundos.
Después levantó la vista hacia el notario.
—Acaban de confirmar otra orden.

El funcionario abrió una nueva carpeta.
Su primera página llevaba un sello rojo.
Y el nombre que aparecía como principal investigado dejó a Rodrigo completamente paralizado.