No lloré al salir del edificio.
Ni siquiera miré hacia atrás.
El ascensor descendía lentamente mientras el reflejo de mi rostro aparecía en las puertas de acero.
Tenía el cabello empapado por el té.
El maquillaje corrido.
Y una paz que no había sentido en años.
Mi teléfono vibró antes de llegar al estacionamiento.
Era mi abogado.
—Amanda, acabo de recibir tu mensaje. ¿Estás completamente segura?
—Más que nunca.
—Entonces enviaré el acuerdo de divorcio esta misma noche.
—Hazlo.
Guardé el teléfono y subí al coche.
Cinco minutos después, otro mensaje apareció en la pantalla.
Esta vez era de mi padre.
“¿Ya terminó el espectáculo?”
Sonreí por primera vez en todo el día.
“Sí. Ya es hora de recuperar lo que es nuestro.”
La respuesta llegó casi al instante.
“El consejo de administración está listo.”
Arranqué el motor.
Mientras tanto, en el piso treinta y ocho de Foster Group, la fiesta continuaba.
Sebastian estaba convencido de haber ganado.
Incluso levantó una copa.
—Olvidemos este desagradable episodio.
Los directivos brindaron con él.
Lily permanecía a su lado, fingiendo todavía los ojos enrojecidos.
—Señor Foster… ¿De verdad la señora Amanda no volverá?
Sebastian soltó una risa.
—Volverá.
Siempre vuelve.
Solo necesita unas horas para calmarse.
Los presentes sonrieron con complicidad.
Nadie imaginaba que, en ese mismo instante, el departamento legal acababa de recibir un correo certificado.
Asunto: Notificación de divorcio y convocatoria extraordinaria del consejo.
Diez minutos después, la secretaria del presidente entró apresuradamente al salón.
—Señor Foster…
Él frunció el ceño.
—¿Qué ocurre?
—El bufete Hamilton & Pierce acaba de entregar documentos oficiales.
Sebastian los abrió con indiferencia.
La primera página era la demanda de divorcio.
La segunda lo hizo palidecer.
Solicitud inmediata de auditoría corporativa.
Suspensión temporal de todas las decisiones estratégicas del vicepresidente ejecutivo.
Convocatoria urgente del consejo para revisar la estructura accionarial.
Sebastian levantó la vista.
—¿Qué demonios significa esto?
La secretaria tragó saliva.
—Señor… hay algo más.
Le entregó otra carpeta.
Dentro había un registro actualizado de accionistas.
Sebastian pasó las hojas rápidamente.
Su expresión cambió por completo.
Volvió a revisar.
Después una tercera vez.
—No…
Sus labios apenas se movían.
—Eso es imposible.
Gregory tomó el documento desde el otro lado de la mesa.
Al leerlo, perdió el color.
—¿Amanda posee… el cuarenta y dos por ciento?
El salón quedó completamente en silencio.
Uno de los directores financieros habló con cautela.
—En realidad… esas acciones nunca fueron suyas, señor Foster.
Pertenecían a la familia Morgan.
Solo estaban delegadas mientras el matrimonio permaneciera vigente.
Sebastian sintió que el aire desaparecía de la habitación.
—¿Qué quiere decir con “delegadas”?
El abogado de la empresa respondió con voz grave.
—Que si la señora Morgan solicita su retiro…
…usted deja automáticamente de tener el control efectivo de Foster Group.
La copa que Sebastian sostenía cayó al suelo y estalló en cientos de pedazos.
Al mismo tiempo, mi padre entraba en la sala principal del edificio acompañado por cuatro abogados y dos auditores externos.
Se detuvo frente a la recepción.

Sonrió con absoluta tranquilidad.
Y pronunció una sola frase.
—Buenas noches.
Venimos a recuperar la empresa que mi hija prestó por amor.