PARTE 2: LA ESPOSA QUE NADIE CONOCÍA

Todos giraron la cabeza al mismo tiempo.

Las conversaciones se detuvieron.

Su Wanwan levantó ligeramente el dobladillo del vestido y caminó hacia mí con una sonrisa impecable.

—Nian’an, pensé que no vendrías.

Asentí con tranquilidad.

—Te dije en el grupo que vendría.

Ella sonrió como si acabara de escuchar un chiste.

—Me alegra mucho. Temía que te sintieras incómoda después de ver todas las fotos que publiqué.

No respondí.

Su mirada recorrió mi ropa sencilla, la mochila que llevaba al hombro y las llaves del coche que aún sostenía en la mano.

—¿Viniste sola?

—Sí.

—Debió de ser un viaje muy largo.

Luego añadió con una voz llena de falsa preocupación:

—Cuando termine la boda, puedo pedirle a mi esposo que te consiga un empleo mejor en Linhai. Después de todo, somos compañeras de clase.

A mi alrededor comenzaron a escucharse murmullos.

—Wanwan sigue siendo tan buena persona.

—Con el nivel de su esposo, conseguir un trabajo es cuestión de una llamada.

Fang Min aprovechó el momento.

—Nian’an, ¿todavía trabajas en ese empleo misterioso del que nunca puedes hablar?

Asentí.

—Sí.

La multitud soltó pequeñas risas.

—¿Será guardia de seguridad?

—¿O archivista?

—Con razón desapareció durante diez años.

Su Wanwan levantó una mano para pedir silencio.

—No se burlen.

Después me miró con expresión compasiva.

—Nian’an, cada persona tiene su propio destino.

—No todos podemos vivir la misma vida.

Sonreí levemente.

—Es cierto.

Ella creyó que estaba admitiendo mi derrota.

No sabía que simplemente estaba de acuerdo con una obviedad.


En ese momento, desde el extremo de la calle comenzaron a escucharse petardos.

Alguien gritó:

—¡Llegó el novio!

Toda la multitud corrió hacia la entrada.

Ocho sedanes negros avanzaban lentamente por el callejón.

Detrás venían varios vehículos de lujo.

Los invitados empezaron a sacar sus teléfonos.

—¡Es la comitiva del Grupo Dingsheng!

—¡Qué impresionante!

Su Wanwan respiró hondo.

Incluso ella parecía emocionada.

Acomodó el velo.

Enderezó los hombros.

Y esperó.

El primer automóvil se detuvo.

Bajaron varios asistentes.

Luego descendió el director de relaciones públicas de Dingsheng.

Después el jefe de seguridad.

Pero…

Lu Jingshen no apareció.

Los invitados comenzaron a intercambiar miradas.

Su Wanwan sonrió con cierta rigidez.

—Debe de estar en el otro coche.

Esperó.

El segundo automóvil se abrió.

No era él.

El tercero.

Tampoco.

El cuarto.

Nada.

La sonrisa de Su Wanwan empezó a desdibujarse.

Sacó el teléfono.

Marcó un número.

No obtuvo respuesta.

Volvió a llamar.

Seguía sin respuesta.


Mientras tanto, mi teléfono vibró silenciosamente.

Era un mensaje de Lu Jingshen.

“Cariño, acabo de salir de una reunión. En una hora llego a casa. Esta noche cenamos juntos.”

Lo leí una sola vez.

Después bloqueé la pantalla.

No respondí.


En ese instante apareció un hombre corriendo desde el fondo del callejón.

Era el asistente personal de Lu Jingshen.

Se acercó directamente a Su Wanwan.

Ella sonrió aliviada.

—¿Dónde está Jingshen?

El asistente parecía nervioso.

—Señorita Su…

Respiró profundamente.

—El presidente no podrá asistir.

El silencio cayó sobre toda la calle.

La sonrisa de Su Wanwan se congeló.

—¿Qué acabas de decir?

—El presidente tuvo un asunto urgente.

Ella negó con la cabeza.

—Imposible.

Levantó el teléfono.

—Voy a llamarlo.

El asistente dio un paso adelante.

—No hace falta.

Sacó un sobre blanco.

—El presidente pidió que le entregara esto.

Las manos de Su Wanwan comenzaron a temblar.

Abrió el sobre delante de todos.

Dentro solo había una tarjeta.

Leyó la primera línea.

Su rostro perdió completamente el color.

Los invitados comenzaron a inquietarse.

Fang Min se acercó.

—Wanwan… ¿qué dice?

Ella no respondió.

La tarjeta cayó lentamente al suelo.

Yo alcancé a verla antes que nadie.

Solo contenía una frase escrita con la letra de Lu Jingshen.

“Mi esposa ha regresado. Todo termina aquí.”

Toda la calle quedó completamente en silencio.

Y en ese mismo instante…

todos los presentes volvieron la cabeza hacia mí, porque comprendieron que la única persona que acababa de llegar aquel día… era precisamente Gu Nian’an.

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