Adrian dejó el teléfono sobre la mesa.
No podía ser.
Las patentes principales de Sterling Biopharma representaban casi el setenta por ciento del valor de la empresa.
Sin ellas, el lanzamiento del nuevo medicamento quedaba paralizado.
Volvió a llamar.
—¿Quién ordenó el bloqueo?
La respuesta llegó de inmediato.
—No fue una orden interna, señor.
El director jurídico respiró hondo antes de continuar.
—Las patentes no pertenecen a Sterling Biopharma.
Adrian frunció el ceño.
—¿Qué está diciendo?
—Legalmente, el titular es una empresa llamada Ward Biomedical Holdings.
Sintió un vacío en el estómago.
Ese apellido.
Ward.
El mismo apellido de Elena.
—Eso es imposible.
—Acabamos de comprobarlo en los registros internacionales.
El silencio se hizo insoportable.
—¿Y quién dirige Ward Biomedical?
Hubo otra pausa.
—La presidenta ejecutiva es… la señora Elena Ward.
A la mañana siguiente, la sala de juntas volvió a llenarse.
Pero el ambiente era completamente distinto al del día anterior.
Nadie hablaba.
Marcus Hale permanecía sentado con los documentos abiertos frente a él.
Cuando Adrian entró, fue directamente hacia él.
—Explícame qué está pasando.
Marcus levantó lentamente la vista.
Parecía haber envejecido diez años en una sola noche.
—Intenté advertírselo.
—¿Cuándo?
—Ayer.
Recordó la reunión.
El momento en que Elena dijo:
“Desde hoy, todo lo relacionado con Sterling Biopharma deja de tener algo que ver conmigo.”
Y recordó también que Marcus había sido el único que perdió el color del rostro.
—¿Tú ya lo sabías?
Marcus cerró la carpeta.
—Desde hace cinco años.
Toda la sala quedó inmóvil.
—¿Sabías quién era Elena?
—Sí.
Adrian golpeó la mesa.
—¡¿Y nunca me lo dijiste?!
Marcus respondió con absoluta calma.
—Porque ella me hizo firmar un acuerdo de confidencialidad antes incluso de que usted la conociera.
Adrian sintió que el mundo empezaba a girar demasiado deprisa.
—¿Quién es realmente mi esposa?
Marcus lo miró fijamente.
—No era solo su esposa.
Era la científica que desarrolló la plataforma molecular sobre la que se construyó casi toda la división farmacéutica de Sterling.
Era la propietaria intelectual de las patentes.
Era la principal inversora silenciosa cuando la empresa estuvo al borde de la quiebra hace seis años.
Y era la única persona capaz de renovar las licencias internacionales.
Cada palabra caía como un martillo.
Clara, sentada al otro lado de la mesa, empezó a ponerse pálida.
—Eso… eso no puede ser…
Marcus abrió otra carpeta.
—Durante años, la señora Ward permitió que las patentes fueran explotadas mediante un contrato de licencia exclusivo.
Ese contrato dependía únicamente de su firma anual.
Todos comprendieron al mismo tiempo.
La firma que Elena había congelado la noche anterior.
En ese instante entró la secretaria del consejo.
Llevaba una carta certificada.
—Es para todos los miembros de la junta.
Marcus la abrió.
Leyó en silencio.
Después dejó la hoja sobre la mesa.
—La señora Elena Ward comunica la terminación inmediata del contrato de licencia tecnológica entre Ward Biomedical Holdings y Sterling Biopharma por incumplimiento grave de la cláusula de buena fe.
Adrian sintió que la garganta se le secaba.
—¿Incumplimiento?
Marcus levantó otra hoja.
Era una copia del acta de la reunión del día anterior.
En la última página aparecía una frase subrayada.
“La señora Elena Ward fue retenida físicamente por orden del director general y agredida durante una sesión oficial del consejo.”
Debajo figuraban las firmas de todos los presentes.
Incluida la de Adrian Sterling.
Marcus habló con una voz casi inaudible.
—Usted mismo dejó constancia escrita de la agresión.
Nadie dijo una sola palabra.
Entonces la pantalla de la sala se encendió automáticamente.
Era una videollamada.
Elena apareció desde una sala de conferencias en Ginebra.
Vestía un traje gris impecable.
No quedaba ninguna huella visible de las bofetadas.
Solo una serenidad absoluta.
Miró uno por uno a los miembros del consejo.
Finalmente fijó la vista en Adrian.
—Ayer me preguntaste por qué había llevado esa carpeta marrón.
Hizo una pausa.
—No contenía pruebas contra Clara.
Todos quedaron inmóviles.
Elena levantó la carpeta frente a la cámara.
—Contenía el nuevo acuerdo por el que Ward Biomedical iba a transferir definitivamente todas sus patentes a Sterling Biopharma.

Cerró la carpeta con suavidad.
—Iba a firmarlo antes de la reunión.
La sala quedó completamente en silencio.
Porque todos comprendieron que, doce bofetadas antes… Sterling Biopharma había estado a un solo minuto de convertirse en una de las empresas farmacéuticas más valiosas del mundo.