Cerré lentamente la aplicación del banco y dejé el teléfono sobre la mesa.
Durante cinco años había creído conocer al hombre con el que compartía mi vida.
Ahora descubría que llevaba meses construyendo otra.
No lloré.
Tampoco grité.
Simplemente subí al dormitorio, abrí el segundo cajón de la mesita de noche y saqué el sobre kraft que mi padre me había dejado antes de morir.
Esta vez sí lo abrí.
Dentro había una carta escrita de su puño y letra.
“Nianchu, si algún día lees esto, significa que mis sospechas eran ciertas.”
Sentí un nudo en la garganta.
“Nunca quise interferir en tu matrimonio. Pero antes de aceptar que te casaras con Zhang Jianye, pedí a un viejo amigo que investigara discretamente su pasado.”
Seguí leyendo.
“Descubrimos que cambió de identidad hace ocho años. También que mantuvo una relación con una mujer mientras cortejaba a otra para obtener beneficios económicos. No encontré pruebas suficientes para impedir la boda, porque pensé que quizá había cambiado. Pero nunca dejé de preocuparme.”
Mis manos comenzaron a temblar.
Al final de la carta había una frase subrayada.
“La casa de la calle Xuefu nunca podrá ser arrebatada a nuestra familia si utilizas el documento notarial que dejé preparado.”
Respiré hondo.
Entonces comprendí por qué mi padre había insistido tanto en aquella notaría.
En ese momento sonó la puerta.
Zhang Jianye regresó cargando bolsas del supermercado.
Entró sonriendo, como cualquier otro día.
—He conseguido una carpa muy fresca. Hoy cenaremos bien.
Me acerqué para ayudarle.
Él me besó con naturalidad en la frente.
Como si por la mañana no hubiera terminado legalmente nuestro matrimonio.
Mientras cocinaba, hablaba sin parar sobre el trabajo, los precios del mercado y el tráfico.
Era un actor extraordinario.
Si no hubiera escuchado aquella llamada la noche anterior, probablemente habría seguido creyéndolo.
Durante la cena levantó su copa.
—Brindemos.
—¿Por qué?
—Porque dentro de poco todo volverá a la normalidad.
Sonreí.
—Claro.
Aquella misma noche, cuando se quedó dormido, llamé al número que Fang Yuan me había entregado.
El teléfono solo sonó una vez.
—Soy Zhou.
—Soy Lin Nianchu.
Al otro lado se hizo un largo silencio.
—Tu padre esperaba esta llamada.
—Necesito saber toda la verdad.
—Entonces ven mañana a las ocho.
—¿Dónde?
Me dio una dirección.
Era un edificio antiguo situado junto al río.
Antes de colgar añadió una última frase.
—Trae contigo el certificado de divorcio.
—¿Por qué?
—Porque, desde hoy, Zhang Jianye ya no tiene ningún derecho sobre lo que tu padre realmente te dejó.
Mi corazón dio un vuelco.
—¿Qué quiere decir?
—La casa de la calle Xuefu no es el patrimonio más valioso de tu familia.
Permanecí inmóvil.
Siempre había pensado que aquella vivienda era toda la herencia de mis padres.
—¿Entonces qué más existe?
El señor Zhou respondió con absoluta calma.
—Una participación del treinta y cinco por ciento en el Grupo Huayuan.

Sentí que el teléfono casi se me escapaba de las manos.
El Grupo Huayuan era una de las mayores promotoras inmobiliarias de toda la provincia.
Solo ese porcentaje valía cientos de millones de yuanes.
—Tu padre nunca quiso decírtelo porque temía que alguien se acercara a ti por dinero.
Respiré con dificultad.
—¿Zhang Jianye… lo sabía?
—No al principio.
Hizo una breve pausa.
—Pero hace aproximadamente un año comenzó a investigar la herencia de tu padre.
Sentí que todas las piezas empezaban a encajar.
El falso divorcio.
La transferencia de la vivienda.
El embarazo de Zhao Man.
La prisa por dejarme sin nada.
No buscaba salvar una empresa quebrada.
Buscaba asegurarse de que, cuando apareciera la verdadera herencia, yo ya no tuviera fuerzas ni patrimonio para defenderla.
Miré hacia el dormitorio.
Zhang Jianye dormía profundamente, ajeno a todo.
No imaginaba que, mientras soñaba con entregar mi casa al hijo que esperaba con otra mujer, el juego entero acababa de cambiar.
Y tampoco sabía que la primera persona que iba a perderlo absolutamente todo… sería él.