Adrian llegó al hospital en menos de veinte minutos.
Entró sin llamar.
Traía la corbata mal acomodada y la respiración agitada.
—¿Dónde está Elena?
La enfermera levantó la vista desde el mostrador.
—Habitación 612.
Empujó la puerta con fuerza.
Me encontró sentada sobre la cama, con la bata del hospital y una carpeta azul apoyada sobre las piernas.
Durante unos segundos solo miró mi vientre.
Después sonrió con alivio.
—Me asustaste.
—Pensé que había pasado algo peor.
Levanté lentamente la carpeta.
—Sí pasó.
—Solo que todavía no lo entiendes.
Se acercó.
—¿Qué procedimiento era ese?
Deslicé hacia él los documentos.
En la primera hoja se leía claramente:
“Solicitud de interrupción médica del embarazo por riesgo materno.”
Su rostro perdió el color.
—¿Qué…?
Tomó los papeles con manos temblorosas.
—No.
—Esto no puede ser.
Lo observé con absoluta calma.
—El médico encontró una complicación grave hace dos días.
Él negó una y otra vez.
—¿Por qué no me dijiste nada?
—Porque estabas ocupado.
No hizo falta explicar con quién.
Adrian dejó caer la carpeta sobre la cama.
—No puedes decidir algo así sola.
Lo miré directamente.
—¿Sola?
Respiré despacio.
—¿Estabas conmigo cuando recibí el diagnóstico?
Silencio.
—¿Estabas conmigo cuando lloré toda la noche?
Silencio otra vez.
—¿Estabas conmigo cuando tuve que firmar estos documentos?
Él bajó la cabeza.
No respondió.
Porque conocía la respuesta.
El médico entró en ese momento.
Revisó mi expediente.
Después miró a Adrian.
—¿Es usted el señor Romero?
—Sí.
—Su esposa pidió que estuviera presente para conocer el estado de la paciente.
Adrian dio un paso adelante.
—Doctor…
—Detenga todo.
El médico permaneció sereno.
—No puedo hacerlo.
—La decisión médica ya fue tomada junto con la paciente.
Adrian golpeó la mesa.
—¡Es mi hijo!
El médico sostuvo su mirada.
—También es el cuerpo de la señora Elena.
La habitación quedó en silencio.
Yo apoyé una mano sobre el vientre.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse sin que pudiera detenerlas.
—¿Sabes cuál fue la primera pregunta que hice cuando me dieron el diagnóstico?
Adrian me miró.
Negué lentamente.
—No pregunté si iba a sobrevivir.
—Pregunté si mi hijo iba a sentir dolor.
Mi voz empezó a quebrarse.
—Eso fue lo único que me importó.
Él dio otro paso.
—Elena…
Intentó tomar mi mano.
La retiré.
—Hace tres días encontré a otra mujer en nuestra cama.
—Y aun así…
Respiré con dificultad.
—Lo primero que pensé cuando el médico habló del embarazo fue que quería salvar a nuestro hijo.
Las lágrimas también aparecieron en los ojos de Adrian.
Por primera vez.
—Perdóname.
Sonaba destrozado.
—Haré lo que sea.
—Cancelaré todo.
—Nunca volveré a verla.
Sonreí con una tristeza inmensa.
—Siempre prometes cambiar cuando ya rompiste algo.
La puerta volvió a abrirse.
Entró una enfermera con un sobre.
—Señora Elena.
—Acaban de llegar los resultados definitivos del comité médico.
Lo dejó sobre la mesa.
El médico abrió el informe.
Lo leyó completo.
Su expresión cambió ligeramente.
Después levantó la vista hacia mí.
—Hay una actualización importante.
Sentí que el corazón dejaba de latir.
Adrian también quedó inmóvil.
El médico habló despacio.
—Los especialistas revisaron nuevamente todas las pruebas.
—Necesitamos repetir una resonancia y varios estudios de inmediato.
Fruncí el ceño.
—¿Por qué?
Él cerró la carpeta.
—Porque existe la posibilidad de que el diagnóstico inicial no sea correcto.
Adrian levantó la cabeza de golpe.
Yo permanecí completamente inmóvil.

El médico respiró hondo antes de añadir:
—Y si eso se confirma…
Hizo una pausa.
—Entonces el verdadero riesgo no sería el embarazo.
—Sería otra enfermedad que nadie había detectado hasta hoy.