PARTE 2 — EL INFORME QUE LO CAMBIÓ TODO

La puerta apenas terminó de cerrarse cuando la sonrisa de Mauricio desapareció.

Dejó la botella sobre la mesa con un golpe seco.

—¿Qué le contaste a tu tío?

Valeria negó con la cabeza.

—Nada.

—No me mientas.

Él dio dos pasos hacia ella.

Esta vez no levantó la mano.

Solo la miró con esa expresión fría que Valeria había aprendido a temer más que cualquier golpe.

—Ese viejo vino a investigarme.

—Solo quería conocerte.

Mauricio soltó una risa burlona.

—¿Crees que soy estúpido?

Le arrebató el bolso.

Comenzó a revisar cada compartimiento.

Recibos.

Llaves.

Cosméticos.

Hasta que encontró un sobre blanco con el logotipo de un hospital privado.

Lo abrió.

Era el informe médico de la última urgencia.

Contusión costal. Hematomas compatibles con agresión física. Se recomienda denunciar.

Mauricio quedó inmóvil.

Después rompió el documento en cuatro pedazos.

—Ya está.

Problema resuelto.

Los pequeños trozos de papel cayeron al suelo.

Valeria no hizo ningún intento por recogerlos.

Solo dijo una frase.

—Ese no era el original.

Mauricio la miró.

Por primera vez en mucho tiempo…

Fue él quien sintió miedo.


A la mañana siguiente, a las siete en punto, alguien llamó a la puerta.

Mauricio abrió todavía en pijama.

Encontró a Raúl.

Vestía camisa azul, pantalón de mezclilla y llevaba una carpeta bajo el brazo.

—Buenos días.

Necesito hablar con mi sobrina.

Mauricio sonrió con aparente cordialidad.

—Claro.

Pero Valeria todavía está dormida.

—No importa.

La espero.

Intentó cerrar la puerta.

Raúl colocó una mano sobre el marco.

—También necesito hablar contigo.

Los dos hombres permanecieron en silencio unos segundos.

Finalmente Mauricio se hizo a un lado.

Valeria apareció pocos minutos después.

Al ver a su tío, comprendió inmediatamente que algo había cambiado.

Raúl dejó la carpeta sobre la mesa.

Dentro había fotografías de los moretones.

Copias certificadas del informe médico.

Resultados de radiografías.

Y un registro cronológico con fechas, lesiones y consultas.

—¿Cuándo reuniste todo esto? —preguntó Valeria.

—Anoche.

Después de irme llamé al hospital.

Con tu autorización, solicitaron copias certificadas.

Mauricio intentó intervenir.

—Todo esto es un malentendido…

Raúl levantó la mano.

—Todavía no terminé.

Sacó otro documento.

Era un estado de cuenta bancario.

—¿Reconoces esta transferencia de ochocientos mil pesos?

Mauricio palideció.

—Es un asunto de negocios.

Raúl deslizó el papel hacia Valeria.

El dinero había salido de una empresa donde Mauricio figuraba como responsable financiero.

Destino:

Una cuenta personal abierta apenas tres meses antes.

—¿Qué tiene que ver eso con nosotros? —preguntó Mauricio.

Raúl lo observó fijamente.

—Mucho.

Porque esa empresa presentó ayer una denuncia por administración fraudulenta.

Y cuando revisaron los movimientos…

Descubrieron algo muy extraño.

Las fechas de las transferencias coincidían exactamente con los días en que tú asegurabas estar fuera cerrando contratos.

Mauricio tragó saliva.

—No sabes de qué hablas.

Raúl abrió el último sobre.

—Quizá tengas razón.

Por eso pedí que investigaran también otra cosa.

El contrato de arrendamiento de este departamento.

Mauricio frunció el ceño.

—¿Qué pasa con él?

—Que el depósito de garantía y los primeros meses de renta no fueron pagados con tu dinero.

Valeria levantó la vista, confundida.

Siempre había creído que Mauricio había cubierto todos esos gastos.

Raúl dejó una copia del comprobante sobre la mesa.

El nombre del titular de la transferencia era inconfundible.

Valeria Cruz.

Su propio ahorro.

El dinero que ella creía haber usado para una inversión conjunta.

Mauricio había mentido desde el principio.

Valeria sintió un vacío en el estómago.

Pero Raúl aún no había terminado.

Miró directamente a Mauricio.

—Los ochocientos mil pesos son un problema serio.

Sin embargo…

No fueron lo que llamó más la atención de los auditores.

Hubo un silencio pesado.

Mauricio dejó de respirar por un instante.

—¿Qué más encontraron?

Raúl sostuvo su mirada sin apartarla.

—Encontraron pagos mensuales durante casi dos años a una persona cuyo nombre jamás apareció en tu declaración patrimonial.

Hizo una breve pausa antes de pronunciar las palabras que congelaron la habitación.

—Y esa persona figura en varios documentos oficiales como… tu esposa. Pero no es Valeria.

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