PARTE 2: LA FIRMA QUE LO CAMBIÓ TODO

Mauricio permaneció inmóvil frente a la pantalla del computador.

La firma de Renata aparecía al pie del documento con la misma inclinación elegante que había visto cientos de veces en contratos millonarios.

No había duda.

Era auténtica.

Sintió un nudo en el estómago.

Durante casi un año había creído que Lucía lo había engañado, robado y traicionado.

Mientras tanto…

Ella había dado a luz sola.

Y él jamás conoció a sus propios hijos.

—Necesito todas las copias originales —dijo con la voz ronca.

Tomás respondió sin rodeos.

—Ya voy camino a tu oficina.

Cuarenta minutos después, el investigador dejó una carpeta gruesa sobre el escritorio.

—Esto es solo el principio.

Mauricio abrió el primer sobre.

Había registros telefónicos del hospital.

Las catorce llamadas dirigidas a su número terminaban exactamente en el mismo punto.

Una centralita privada perteneciente a Corporativo Beltrán.

Él frunció el ceño.

—Eso es imposible.

Tomás negó lentamente.

—No lo es. Alguien autorizó un desvío temporal de tus llamadas durante tres semanas.

Sacó otro documento.

La autorización llevaba nuevamente la firma de Renata.

—¿Cómo pudo hacerlo?

—Porque era tu asesora financiera y tenía acceso administrativo mientras decías que estabas demasiado ocupado para revisar esos detalles.

Mauricio sintió que le faltaba el aire.

Recordó aquellos días.

Renata insistía constantemente en que descansara.

Le filtraba únicamente las llamadas “importantes”.

Incluso respondía algunos correos en su nombre.

Él jamás sospechó.

Tomás abrió una segunda carpeta.

—Ahora mira esto.

Era el historial bancario relacionado con las supuestas transferencias de tres millones de pesos.

Mauricio observó las cuentas.

Algo llamó inmediatamente su atención.

La cuenta receptora había sido cerrada apenas cuarenta y ocho horas después del divorcio.

—Nunca revisé esto…

—Porque alguien se aseguró de que no lo hicieras.

Tomás deslizó otro documento.

El verdadero titular de aquella cuenta no era Lucía.

Era una empresa fantasma creada seis meses antes.

El representante legal…

Un hombre llamado Sergio Rivas.

Mauricio no reconoció el nombre.

Hasta que Tomás colocó una fotografía.

Era el hermano mayor de Renata.

Mauricio dejó caer el expediente.

—No…

—Sí.

El dinero salió de tu empresa y terminó dividido entre varias cuentas vinculadas a la familia Alcázar.

Mauricio sintió que la sangre le hervía.

Pero aquello aún no era lo peor.

Tomás respiró profundamente.

—Las fotografías del hotel también eran falsas.

Sacó varias imágenes impresas.

—¿Recuerdas cuando Lucía decía que ese día había ido a una entrevista de trabajo?

Mauricio asintió lentamente.

Tomás colocó una ampliación sobre la mesa.

—Las fotos originales fueron tomadas desde otro ángulo.

Al ampliar el reflejo de una ventana aparecía claramente otra persona.

Un fotógrafo profesional.

Y detrás de él…

Renata observando toda la escena.

Mauricio cerró los ojos.

Cada recuerdo comenzaba a cambiar de significado.

Las discusiones.

Las sospechas.

Las lágrimas de Lucía.

Todo había sido cuidadosamente preparado.

—¿Y el reloj de mi padre?

Tomás levantó la última carpeta.

—Eso también tiene respuesta.

Dentro había un informe policial nunca entregado al juzgado.

Un empleado doméstico había declarado, semanas después del divorcio, que vio a Renata entrar al antiguo despacho familiar mientras Mauricio estaba de viaje.

El hombre aseguró que ella llevaba una pequeña caja de madera.

Dos días después apareció el reloj dentro de la maleta de Lucía.

El testimonio desapareció misteriosamente del expediente.

Mauricio golpeó el escritorio con tanta fuerza que el cristal vibró.

—¡Maldita sea!

Su respiración era cada vez más rápida.

No solo había destruido el matrimonio con la única mujer que realmente lo amó.

Había permitido que sus propios hijos crecieran creyendo que su padre los había abandonado.

Tomás permaneció en silencio unos segundos antes de hablar.

—Hay algo más.

Mauricio levantó la mirada.

—¿Qué falta?

El investigador dejó sobre la mesa un pequeño sobre color café.

—Encontré esto escondido en la antigua caja fuerte de Recursos Humanos.

Dentro había una carta dirigida a ti.

Nunca fue entregada.

Mauricio rompió el sobre con manos temblorosas.

Reconoció inmediatamente la letra de Lucía.

La carta comenzaba con una sola frase:

“Si estás leyendo esto, significa que todavía existe una oportunidad para salvar a nuestra familia…”

Pero antes de continuar la lectura, el teléfono de Mauricio sonó.

Era un número desconocido.

Contestó.

Del otro lado solo escuchó una voz masculina.

—Si quieres volver a ver vivos a Lucía y a los gemelos… deja de investigar a Renata.

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