PARTE 2: LAS PRUEBAS QUE LOS HICIERON CALLAR

Cerré la puerta sin volver la cabeza.

Cinco años atrás había entrado en aquel apartamento como una nuera dispuesta a hacer cualquier sacrificio por su familia.

Ahora salía convertida en una desconocida.

Pero, por primera vez en mucho tiempo, respiraba sin sentir el peso de aquella casa sobre el pecho.

No caminé sin rumbo.

Había esperado ese día durante demasiado tiempo.

Subí a un taxi y le di al conductor una dirección que conocía de memoria.

El despacho de la abogada Lin Yuchen.

Cuando entré, ella ya tenía varios expedientes abiertos sobre la mesa.

—¿Por fin ocurrió? —preguntó.

Asentí.

—Él pidió el divorcio.

La abogada sonrió con serenidad.

—Entonces podemos empezar.

Saqué una memoria USB de mi bolso.

Después otra.

Y una carpeta gruesa.

Las coloqué una junto a la otra.

—Aquí están las grabaciones de los últimos tres años.

Lin abrió una de las carpetas.

Dentro había recibos perfectamente ordenados.

Medicinas.

Pañales para adultos.

Sondas.

Alimentos especiales.

Facturas del hospital.

Transferencias bancarias.

Cada gasto llevaba la fecha, el importe y la firma correspondiente.

—También están los ciento veinte mil yuanes que salieron de mi dote —expliqué.

La abogada revisó varios documentos.

—Has guardado absolutamente todo.

—Sabía que algún día lo necesitaría.

Después coloqué sobre la mesa un segundo sobre.

Era mucho más delgado.

Pero mucho más peligroso.

Lin levantó una ceja.

—¿Qué hay aquí?

Respiré lentamente.

—La verdadera razón por la que quiere divorciarse.

Abrió el sobre.

Las primeras fotografías mostraban a Chen Xu entrando repetidamente en un complejo residencial al otro lado de la ciudad.

Las siguientes lo mostraban abrazando a una mujer joven.

Luego aparecieron reservas de hotel.

Registros de transferencias.

Capturas de mensajes.

La última fotografía era la más contundente.

Chen Xu sostenía la mano de aquella mujer mientras ella acariciaba un vientre de embarazo ya muy avanzado.

La abogada permaneció varios segundos en silencio.

—¿Desde cuándo lo sabes?

—Hace nueve meses.

—¿Y nunca dijiste nada?

Negué con la cabeza.

—No.

—¿Por qué?

Miré por la ventana.

—Porque todavía necesitaba reunir más pruebas.

Lin cerró lentamente el expediente.

—Tu paciencia probablemente les costará mucho más de lo que imaginan.


Dos días después llegó la citación para la primera audiencia de conciliación.

Toda la familia Chen apareció.

Mi suegra seguía lanzándome miradas de desprecio.

Chen Liang sonreía con arrogancia.

Zhou Min cuchicheaba convencida de que yo terminaría aceptando cualquier condición.

Solo Chen Xu parecía inquieto.

El mediador comenzó con la pregunta habitual.

—¿Existe posibilidad de reconciliación?

—No.

Respondimos los dos al mismo tiempo.

El hombre asintió.

—Entonces pasaremos a discutir bienes, custodia y compensaciones.

Chen Liang soltó una carcajada.

—No hay nada que discutir.

Mi cuñada añadió con desdén:

—Ella no trabajó durante cinco años.

No aportó nada.

La abogada Lin no respondió.

Simplemente deslizó una carpeta sobre la mesa.

—Antes de continuar, solicitamos que estos documentos sean incorporados al expediente.

El mediador comenzó a leer.

Las facturas.

Los recibos.

Los registros bancarios.

Las hojas se sucedían una tras otra.

Su expresión fue cambiando lentamente.

—¿Todo esto fue pagado únicamente por la señora Song?

—Sí.

Respondió Lin.

—Y aquí están los comprobantes correspondientes.

Chen Xu empezó a perder el color.

Pero aún no era lo peor.

Mi abogada colocó una memoria USB sobre la mesa.

—También solicitamos reproducir varios archivos de audio.

Mi suegra resopló con desprecio.

—¿Qué tonterías son esas?

Un segundo después, su propia voz llenó la sala.

“Eres una inútil. Si no fuera por mi hijo, estarías pidiendo limosna.”

Después otra grabación.

“No gastes tanto dinero en mis medicinas. Total, ella está en casa sin hacer nada.”

Luego apareció la voz de Chen Liang.

“Déjala trabajar gratis. Contratar una cuidadora sería tirar el dinero.”

El silencio se hizo insoportable.

Nadie de la familia Chen volvió a sonreír.

El mediador apagó el reproductor.

Miró directamente a Chen Xu.

—Señor Chen…

Su tono ya no era cordial.

—Creo que este divorcio es bastante más complejo de lo que usted describió en la solicitud.

Antes de que Chen Xu pudiera responder, la abogada Lin abrió la última carpeta.

La más delgada.

La dejó sobre la mesa sin decir una sola palabra.

El mediador sacó la primera fotografía.

Luego la segunda.

Y cuando llegó a la imagen donde Chen Xu abrazaba a la mujer embarazada, levantó lentamente la vista.

—Señor Chen…

Hizo una pausa.

—¿Desea explicar por qué inició una nueva relación antes de solicitar oficialmente el divorcio?

Por primera vez desde que comenzó todo aquel proceso…

Chen Xu comprendió que la persona que había cuidado en silencio a su madre durante cinco años también había estado reuniendo, en silencio, todas las pruebas capaces de derrumbar a toda su familia.

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