El apartamento de Qin Lu olía a café recién hecho.
La lluvia golpeaba suavemente las ventanas, pero dentro, el ambiente era cálido. Demasiado cálido para alguien que acababa de salir de un matrimonio roto.
Su Nian se sentó en el sofá, sosteniendo la taza entre las manos. El vapor subía lentamente, empañando por un instante su visión.
—Diecisiete millones… —repitió Qin Lu, todavía incrédula—. ¿Sabes cuántas clientas mías lloran por recibir apenas unos cientos de miles después de un divorcio?
Su Nian sonrió levemente.
—No es cuestión de dinero.
Qin Lu resopló.
—Claro que lo es. El dinero es libertad.
Hubo un breve silencio.
Luego, Su Nian dejó la taza sobre la mesa.
—Mañana voy a anunciar mi identidad.
Qin Lu se quedó completamente inmóvil.
—¿Qué…?
—Nanshan ya no necesita esconderse.
Las palabras cayeron con una calma absoluta.
Pero el impacto fue inmediato.
Qin Lu dejó la taza de golpe.
—¿Te has vuelto loca? ¿Sabes lo que eso significa?
Claro que lo sabía.
Durante años, “Nanshan” había sido un misterio.
Una voz anónima que analizaba el amor con precisión quirúrgica.
Una autora que hablaba de confianza, fidelidad, compromiso…
Mientras en su propia vida, todo se desmoronaba en silencio.
—Precisamente por eso —dijo Su Nian—. Porque ya no tengo nada que ocultar.
Qin Lu la miró fijamente.
—¿Y Lu Jingshen?
Su Nian bajó la mirada un instante.
Luego, la levantó de nuevo.
Fría. Clara.
—No merece saberlo antes que el mundo.
…
A la mañana siguiente.
El sol rompió entre las nubes después de la tormenta.
En el apartamento de Lu Jingshen, el ambiente era completamente distinto.
El acuerdo de divorcio seguía sobre la mesa.
Arrugado.
Lu Jingshen no había dormido en toda la noche.
Fang Yao estaba sentada en el sofá, revisando su teléfono con aparente tranquilidad, pero sus dedos se movían demasiado rápido.
—¿Vas a firmar o no? —preguntó con impaciencia—. Ella ya se fue. Esto es exactamente lo que querías, ¿no?
Lu Jingshen no respondió.
Algo no estaba bien.
Demasiado… limpio.
Demasiado fácil.
Recordó la mirada de Su Nian.
Esa calma.
Esa indiferencia.
Como si él… ya no tuviera ningún valor.
En ese momento, su teléfono vibró.
Era una notificación de noticias.
【Última hora: La misteriosa autora “Nanshan” anunciará públicamente su identidad hoy a las 10:00.】
Fang Yao levantó la vista de inmediato.
—¿Nanshan? ¿No es la escritora esa de relaciones?
Lu Jingshen frunció el ceño.
Ese nombre le resultaba vagamente familiar.
—Sí, la que escribe esos libros para mujeres ingenuas —dijo Fang Yao con desdén—. Ridículo que alguien así tenga tanto éxito.
Pero por alguna razón…
El corazón de Lu Jingshen se tensó.
No sabía por qué.
Solo… una sensación incómoda.
—Pon la transmisión —dijo de repente.
Fang Yao lo miró sorprendida.
—¿Te interesa eso ahora?
—Ponla.
Su tono no admitía discusión.
…
A las 10:00 en punto.
La transmisión en vivo comenzó.
Un escenario sencillo.
Un fondo blanco.
Un atril.
Miles de espectadores conectados en línea.
El chat se desplazaba a una velocidad imposible de leer.
—¿Quién será Nanshan?
—¿Hombre o mujer?
—¡Dicen que es alguien del mundo financiero!
—¡O una psicóloga famosa!
Entonces…
Una figura apareció desde detrás del escenario.
Tacones suaves.
Paso firme.
Vestido sencillo.
Pero elegante.
Cuando el rostro quedó completamente visible frente a las cámaras—
El mundo se detuvo.
Fang Yao dejó caer el teléfono.
—Eso… eso no puede ser…
Lu Jingshen se quedó petrificado.
Su respiración se cortó por completo.
En la pantalla…
Su Nian levantó la mirada hacia la cámara.
Su voz fue tranquila.
Pero cada palabra cayó como un golpe directo.
—Hola a todos.
—Soy Nanshan.
Silencio.
Explosión.
El chat colapsó en segundos.
【¿¿¿SU NIAN???】
【¿LA ESPOSA DE LU JINGSHEN???】
【IMPOSSIBLE】
【ESA MUJER… ¿ERA Nanshan?】
Lu Jingshen sintió que el mundo giraba.
Recordó.
Las noches en las que ella escribía en silencio.
Los libros en su estantería.
Las veces que ella intentó hablarle… y él no escuchó.
Todo encajó.
Demasiado tarde.
En la pantalla, Su Nian continuó:
—Durante tres años, he escrito sobre el amor, la confianza y el matrimonio.
—Muchos me preguntaron si mis historias eran reales.
Hizo una breve pausa.
Una sonrisa leve.
Pero sin calidez.
—Hoy puedo responder.
—Sí.
—Lo son.
El corazón de Lu Jingshen se desplomó.
—Mi último libro…
—“100 verdades sobre las relaciones de pareja”…
—Está basado en mi propio matrimonio.
Boom.
Como un trueno.
Fang Yao retrocedió un paso.
—Eso significa que…

Su Nian miró directamente a la cámara.
Como si estuviera mirando a alguien en específico.
—Incluyendo la traición.
Silencio absoluto.
Luego—
Caos total en internet.
El nombre de Lu Jingshen comenzó a escalar en tendencias a una velocidad aterradora.
—¡Apágalo! —gritó Fang Yao, presa del pánico.
Pero Lu Jingshen no se movió.
No podía.
Porque en ese momento…
Finalmente entendió algo.
Lo que había perdido…
Nunca fue una esposa común.
Sino una mujer que el mundo entero admiraba.
Y a la que él…
Había traicionado sin dudar.
En la pantalla, Su Nian dio su última frase:
—A partir de hoy…
—Nanshan deja de escribir sobre el amor.
—Y empieza a escribir sobre la verdad.
La transmisión se cortó.
Y con ella…
La última oportunidad de Lu Jingshen también desapareció.