Wyatt seguía sentado en el sofá, con la mejilla todavía enrojecida.
Le pedí que fuera a lavarse la cara.
—Vuelvo enseguida.
Asintió sin decir una palabra.
Regresé al maletín de Javier.
La computadora seguía desbloqueada.
La notificación permanecía en la esquina de la pantalla.
“Mi amor, ¿ya firmó la hipoteca?”
Sentí un escalofrío.
Abrí el mensaje.
La remitente se llamaba Camila Ortiz.
No era una clienta.
No era una compañera de trabajo.
El primer mensaje decía:
“En cuanto Naomi firme, el dinero quedará completamente limpio.”
Fruncí el ceño.
¿Firmar qué?
Entré en la conversación.
Había meses de mensajes.
Fotografías.
Reservas de hoteles.
Capturas de estados bancarios.
Y entonces apareció un archivo PDF.
“Poder_Notarial_Naomi.pdf”
Lo abrí.
Era una copia escaneada de mi firma.
O, mejor dicho…
Una falsificación casi perfecta.
Mi respiración se detuvo.
Javier había preparado un poder para vender mi apartamento sin que yo lo supiera.
Seguí revisando.
Encontré una carpeta llamada Hipoteca.
Dentro había un contrato de préstamo por 150,000 dólares.
La garantía era mi apartamento.
Mi apartamento.
El único patrimonio que había construido antes de conocerlo.
Lo peor apareció en la última página.
El dinero ya había sido transferido.
No a Javier.
Sino a una empresa llamada Phoenix Horizon Consulting LLC.
Abrí el comprobante de transferencia.
150,000 dólares.
Fecha: hacía apenas cuatro días.
Beneficiaria autorizada:
Camila Ortiz.
En ese momento Wyatt regresó del baño.
—¿Todo bien?
No respondí inmediatamente.
Le mostré la pantalla.
Él leyó en silencio.
Después levantó lentamente la vista.
—Naomi…
Nunca me llamaba por mi nombre.
Siempre decía “hermana”.
Supe que aquello era grave.
—Ese nombre…
—¿Lo conoces?
Asintió.
—Hace dos semanas vi a Javier con esa mujer.
Pensé que era una clienta.
Entraban juntos en una oficina inmobiliaria.
Sentí que el rompecabezas comenzaba a completarse.
Javier no solo tenía una amante.
Planeaba marcharse con ciento cincuenta mil dólares obtenidos usando mi propiedad.
Y necesitaba mi firma falsificada para lograrlo.
Mientras seguía revisando los documentos apareció un correo electrónico nuevo.
Asunto:
“Confirmación de inscripción universitaria – Wyatt Brooks.”
Lo abrí por curiosidad.
No pertenecía a Javier.
Era un correo reenviado desde la cuenta de Camila.
Dentro había una sola frase.
“Si el hermano vive con ustedes, será más fácil presionar a Naomi para que firme lo que falta.”
Miré a Wyatt.
Él estaba completamente pálido.
Comprendimos al mismo tiempo que su visita nunca había sido una coincidencia.
Javier sabía exactamente cuándo llegaría.
Y Lydia tampoco había perdido el control por un simple muslo de pollo.
Querían humillar a Wyatt.
Querían provocar una pelea.
Querían aislarme de mi única familia para obligarme a firmar.
En ese instante sonó mi teléfono.
Era el banco.
—¿Señora Naomi Brooks?
—Sí.
—Llamamos para confirmar una solicitud urgente.

Mi corazón dio un vuelco.
—¿Qué solicitud?
La empleada respondió con voz profesional.
—Su esposo acaba de pedir autorización para retirar el resto del préstamo hipotecario.
—Dice que usted llegará a firmar los documentos… dentro de una hora.
Lee la Parte 3 a continuación.