PARTE 2: EL PRECIO DEL HÉROE

El grito de Daniel recorrió todo el pasillo.

—¡Elena!

La enfermera que ajustaba una vía intravenosa entró de inmediato.

—Señor Carter, debe tranquilizarse. Acaba de salir de una cirugía mayor.

Él ni siquiera la escuchó.

Con las manos aún temblorosas abrió la carpeta una segunda vez.

La primera hoja era la demanda de divorcio.

La segunda, una solicitud de medidas cautelares sobre el patrimonio conyugal.

La tercera hizo que dejara de respirar.

Era una copia de su historial médico.

En la última página aparecía su propia firma.

Consentimiento informado para donación renal.

Receptor: Ava Reynolds.

Ya no podía seguir diciendo que Ava era solo una amiga.

Todo estaba documentado.

Todo era oficial.

Sacó el teléfono con desesperación.

Me llamó.

Una vez.

Dos.

Cinco.

Diez.

No contesté.

Entonces llamó a Laura.

Mi abogada respondió con la serenidad que siempre la caracterizaba.

—Despacho Méndez & Asociados.

—¡Quiero hablar con mi esposa!

—Desde este momento cualquier comunicación deberá realizarse por conducto de este despacho.

—¡Eso es absurdo!

—No para un proceso de divorcio.

Daniel apretó los dientes.

—Solo fue una donación.

Laura guardó unos segundos de silencio.

—No, señor Carter.

Su voz se volvió aún más fría.

—Fue una decisión médica tomada sin informar a su esposa, utilizando bienes comunes para beneficiar a una tercera persona y ocultando información relevante durante años.

Él colgó de golpe.

En ese instante la puerta volvió a abrirse.

Ava apareció caminando lentamente.

Todavía llevaba una bata de hospital.

Su rostro tenía mejor color que el de Daniel.

—¿Qué pasa?

Él levantó los documentos.

—Elena pidió el divorcio.

Ava permaneció inmóvil.

No parecía sorprendida.

Solo incómoda.

—Bueno…

Se acercó despacio.

—Quizá necesite tiempo para entender.

Daniel negó con fuerza.

—No.

Ella me ama.

Siempre vuelve.

Ava no respondió.

Durante años había visto a Daniel regresar a casa convencido de que Elena jamás tendría el valor de irse.

Ahora veía por primera vez el miedo en sus ojos.

Mientras tanto, yo estaba sentada en mi despacho.

Frente a mí había tres cajas.

En una guardaba las fotografías del matrimonio.

En otra, los documentos financieros.

La tercera estaba completamente vacía.

Era para el futuro.

Laura dejó una taza de café sobre mi escritorio.

—Hay algo que deberías ver.

Encendió una pantalla.

Era el informe del investigador privado que contraté ocho meses antes.

No porque sospechara de Ava.

Sino porque ya no confiaba en Daniel.

Las fotografías aparecieron una tras otra.

Restaurantes.

Viajes.

El apartamento alquilado.

Compras.

Transferencias.

Todo confirmaba una relación mucho más profunda de lo que él admitía.

Hasta que apareció la última imagen.

Fruncí el ceño.

—¿Quién es ese hombre?

Laura amplió la fotografía.

Ava caminaba de la mano con un hombre desconocido saliendo de un edificio en Seattle.

No era Daniel.

Había más imágenes.

Los dos besándose.

Entrando juntos en una casa.

Abrazándose frente a un automóvil.

La fecha llamó mi atención.

Habían sido tomadas tres semanas antes del trasplante.

—¿Estás segura de esto?

Laura asintió.

—Completamente.

Abrimos el informe completo.

El hombre se llamaba Michael Foster.

Empresario.

Soltero.

Y, según el investigador, pareja sentimental de Ava desde hacía casi dos años.

Sentí un escalofrío.

—Entonces…

Laura terminó la frase.

—Daniel entregó un riñón creyendo que era el amor de la vida de Ava.

Pero Ava ya tenía otra vida.

En ese mismo instante sonó el teléfono de Laura.

Escuchó durante unos segundos.

Después me miró.

—Acaba de pasar algo.

—¿Qué ocurrió?

—El abogado de Ava llegó al hospital.

Fruncí el ceño.

—¿Su abogado?

Laura respiró profundamente.

—No fue a visitar a Daniel.

Fue para hacer que Ava firmara un acuerdo patrimonial… antes de que él descubra que nunca fue el único hombre en su vida.

Y, por primera vez desde que comenzó aquella historia, comprendí que el hombre que había sacrificado una parte de su cuerpo por su supuesta “alma gemela”… ni siquiera ocupaba el primer lugar en el corazón de esa mujer.

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